Autor: Míguez, Alberto. 
   Ceuta y Melilla, primer gran escollo de la "diplomacia del cambio"  :   
 Existe una sensación de acoso en el Servicio Exterior español. 
 ABC.    13/02/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

NACIONAL

Ceuta y Melilla, primer gran escollo de la «diplomacia del cambio»

Existe una sensación de acoso en el Servicio Exterior español

Madrid. Alberto Miguez

La operación propagandístico-parlamentaria montada por Rabat en los últimos días para instrumentar una nueva reclamación sobre las ciudades españolas de Ceuta y Melilla ha sido reflejada y anticipada por ABC.. Hoy recogemos la sensación de acoso e inquietud que la iniciativa marroquí parece haber creado entre los nuevos responsables de la diplomacia española. Una inquietud que contrasta con el clima de tranquilidad que reina en las poblaciones afectadas, a las cuales tas continuadas presiones de Marruecos no les producen ya la menor alarma, aunque sí una notable indignación, según informan nuestros corresponsales.

Una sensación de agobio y acoso embarga en los últimos días a los responsables diplomáticos españoles tras la aprobación por la Unión de Parlamentarios Árabes de una resolución sobre Ceuta y Melilla.

Para los analistas extranjeros se trata del primer gran tropiezo de la «diplomacia del cambio» tras dos meses de iniciativas grandiosas y dispersas. Los planes de mediación en medio mundo, los proyectos de entendimiento y colaboración con los vecinos incómodos, el «desenganche» de las posiciones occidentales en favor de un difuso neutralismo parecen haberse desmoronado como un castillo de naipes sólo porque en un hotel marroquí de cinco estrellas un grupo de parlamentarios pertenecientes a países que son nuestros amigos tradicionales pidió negociaciones entre España y Marruecos sobre el futuro de las dos plazas de soberanía.

La declaración de Rabat ha desencadenado las previstas reacciones a un lado y otro del Estrecho. Para los responsables marroquíes la promoción de la iniciativa sobre Ceuta y Melilla más que una prueba de fuerza constituye un «tiento» al que sin duda seguirán otros, como otros antecedieron.

El expediente de culpar a las «dificultades internas del régimen marroquí» de la declaración se presenta, sin duda, como un buen argumento para uso español, pero resulta bastante difícil de aplicar a las realidades del reino alauita. Aunque según indicaban algunos medios de información, fueron los Servicios de Inteligencia españoles quienes advirtieron al Rey Hassan de un complot organizado por el difunto

general Dlimi (los mismos ervicios, por cierto, que en 1975 fueron incapaces de detectar la famosa «Marcha Verde», donde, sin duda, participaron más personas que en la conspiración actual), no está claro que la abortada tentativa pusiera en marcha al irredentismo marroquí ahora. En el análisis de ciertos comentaristas se olvidan tos factores exteriores que sin duda el Monarca alauita sopesó cuidadosamente antes de autorizar el tiento. Y nunca, exteriormente, la situación de Marruecos había sido más confortable.

Aparte de la cordialidad estratégica marroco-americana, las relaciones con Francia tras la clamorosa visita del presidente Mitterrand se han normalizado y las posibilidades de una reconciliación con Argelia son cada día mayores. La guerra en el sur se halla en un «impasse» aparentemente favorable a los Ejércitos de Hassan (¿por qué habría de aumentar el descontento entre los militares ahora que tienen la victoria al alcance de la mano?, se preguntan muchos observadores, seguramente ingenuos), la ofensiva diplomática del Frente Polisario ha sido neutralizada en la OUA y en otros organismos, como la Liga Árabe, sin excesivo quebranto. En estas condiciones, ¿puede hablarse de dificultades?

Dificultades en la estrategia exterior

Por el contrario, las dificultades parecen haberlas detectado los especialistas marroquíes en la estrategia exterior española ante algunos recientes gestos y declaraciones un tanto imprudentes, que lejos de acrecentar la solidaridad occidental con nuestro país la reducen peligrosamente. Es sabido que tanto Francia como los Estados Unidos, por muy aliados fieles que sean, contemplan el contencioso de Ceuta y Melilla con embarazo, por no decir otra cosa. «Pedimos a Dios que nos evite tener que escoger entre nuestros aliados marroquíes y nuestros aliados españoles en un asunto como éste», me decía hace dos semanas una eminente perspnalidad del Consejo de Seguridad americano en fugaz paso por Madrid. En parecidos términos se pronunciaba hace apenas unas horas un consejero y colaborador del presidente Mitterrand, para quien la única salida del contencioso sería una negociación global, alargada y pacífica, bajo e\ padrinazgo, naturalmente, del... Gobierno de París.

La hipótesis según la cual el tiento marroquí fue inspirado por Washington a modo de salva de advertencia ante la actual política española de distanciamiento de la OTAN, resulta también atractiva, pero un tanto inexplicable. ¿Que interés tiene Estados Unidos en desestabilizar a un Gobierno amigo con el que tiene pendiente la firma de un Convenio de cooperación estratégica en el que está empeñado y en beneficio de los sectores más ultramontanos de la sociedad española, para quienes el patriotismo desatado por el irredentismo marroquí podría a corto plazo favorecer sus planes antidemocráticos? Existen ejemplos de sobra para saber que el Departamento de Estado hila muy fino en estos asuntos. ¿Quién no recuerda la prudencia extrema.de Washington cuando el Gobierno procomunista de Vasco Goncalves en Portugal parecía (levar al país hacia el Pacto de Varsovia? Ni siquiera en aquella tesitura la Administración americana jugó la carta desestabilizadora. La situación española actual no es mínimamente comparable con la portuguesa del verano de 1975.

Tal vez convendría situar el nuevo tiento de Ceuta y Melilla en su marco natural, es decir, en el interior de las siempre difíciles relaciones hispano-marroquíes.

Marruecos considera el consorcioso como el último obstáculo para una normalización de relaciones con España. Hassan aunque parezca mentira, ha te nido que contener los íroperioirredentistas de los nacionalistas, socialistas y comunistas locales imponiendo un ritmo lento a la reivindicación, lo que le valió no pocas críticas «sotto voce (nadie critica al Monarca en voz alta en Marruecos). Este ritmo puede parecer lento o rápido, pero es sostenido. Y siempre que por parte española se ha pretendido avanzar hacia acuerdos globales con horizontes grandiosos, sonó la salva de ordenanza. Así ha sido ahora, con la variante de que el Rey aprovechó una etapa grandilocuente y un tanto irreflexiva de nuestra diplomacia, para golpear de nuevo sabiendo que a la irreflexión se añadía como factor nuevo nuestro incipiente aislamiento.

Volviendo a la sensación de acoso y agobio que sufren estos días nuestros responsables diplomáticos, debe reconocerse la justeza del síndrome cuando se leen los severos coméntanos de la Prensa crítica o incluso adicta. El problema estriba en que muchos de estos comentarios reflejan realidades que deben ser rectificadas porque, cerno decía con su incomparable prosa el maestro Augusto Assia —y no es el único en pensar así—, «nuestra política exterior, desde el 28 de octubre, perturba nuestra amistad con los Estados Unidos, no mejora las relaciones con Portugal, ha empeorado las perspectivas de Gibraltar, comienza a envenenar la atmósfera que rodea a nuestro contencioso con Marruecos y no hemos logrado aliviar, aún menos adelantar, los intereses que podríamos haber fomentado con el mundo comunista».

No hay inquietud en Ceuta y Melilla

Cauta

Ante las injustas reclamaciones´ marroquíes, presentadas ante los parlamentarios árabes en Rabat, Ceuta e igualmente Melilla, la querida ciudad hermana, han reaccionado con la habitual indiferencia. Y es que tiene que ser así, puesto que las apetencias del país fronterizo datan, nada más y nada menos, desde que Marruecos se constituye en unidad nacional, allá por tos años de 1962, bajo e\ reinado del primer Rey alauita. Muley Ismael.

Nosotros hemos continuado el quehacer diario sin inquietud alguna, ya que estimamos que, incluso a muchos marroquíes no implicados en el tema, la cuestión no les interesa, pues una gran mayoría de vecinos de ambas plazas deben su bienestar a ellas. O sea, para resumir, la reiterada e improcedente reclamación es un «bluff» de san II para distraer tos gramos problemas que tiene en país.

 

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