Autor: Merino, José María. 
   El divorcio castellano-leonés     
 
 Diario 16.    21/01/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

OPINION

JOSÉ MARÍA MERINO

Escritor. Del grupo de estudios Gumersindo de Azcárale

El divorcio castellano-leonés

Contestando al artículo publicado ayer en estas páginas, en él se criticaba severamente la decisión leonesa de separarse del ente autonómico de Castilla-León, se defienden aquí las razones que hay tras esa postura y se critica la miopía de la izquierda ante el problema.

El acuerdo de la Diputación de León para desligarse del ente preautonómico castellano-leonés no puede presentarse, según pretenden algunos, como un simple ejemplo de picaresca electoral o de aldeana rivalidad entre caciques, ni reducirse, en último término, a la pasajera coyuntura de unas decisiones ilegales.

Una aproximación mínimamente rigurosa al tema, exigiría los efectos del proceso de consolidación de las autonomías en regiones que, careciendo de reivindicaciones históricas en cuanto a su identidad, hubieran necesitado, antes que una bandera, una inicial desconcentración de competencias de) Estado, previa a la descentralización más eficaz posible y, por supuesto, una sincera reforma democrática, a nivel local, para el ejercicio de la vida cotidiana. Pero se optó por un tratamiento genérico —con importantes diferencias al marcar las vías de seceso de los artículos 143 y 151— y las identidades adormecidas comenzaron a rebullir.

Matrimonio

El malrmonio castellano-leonés, que se determinó de modo arbitrista, centra!y acaso con el afán místico cíe mantener encendido un fogón de «lo prístino español, se sostiene, principalmente, en argumentos históricos, culturales y geopolíticos. Los argumentos históricos se basan, simplemente, en el designio de conservar reunidos los postreros residuos de lo que fue Corona de Castilla, a la que estuvieron sometidos, como es notorio, muchos más pueblos que los que forman el viejo reino de León.

Los argumentos culturales apenas tienen otra justificación que la identidad de lengua. Porque, como saben etnólogos, antropólogos, geógrafos e historiadores, la provincia de León pertenece mucho más al mundo del noroeste que al de la meseta. En cuanto a la lengua, es la misma que hablan extremeños, manchegos, toledanos, canarios, andaluces, asturianos, murcianos... Por otra parte, la política cultural que, para promover aqulla identidad artificiosa ha desarrollado el Consejo General de Castilla V León, ha devenido una kulturkampf de vía estrecha, donde «lo castellano-teonés» sólo aparece en las solapas de (os libros, puesto que el contenido se proclama específicamente castellano, sin otro aditamento.

Respecto a los argumentos geopoliticos, basados en la adscripción al «valle del Duero», es preciso advertir que fue el franquismo —y muy especialmente los planes de López Rodó— quien estableció los primeros perfiles de tal ámbito, sumiendo a la provincia de León en la mayor catástrofe colectiva de los últimos cien años: emigración masiva e involucion demográfica, hundimiento del sector agrícola y minero, sustitución de los valtes más fértiles por pantanos estériles. De hecho, por encima de cualquier argumento, la autonomía castellano-leonesa fue producto de razones de Estado. Se desconocieron las verdaderas raíces culturales e históricas y el sentimiento popular fue silenciado y menospreciado. Pero la realidad de que las perspectivas no estaban claras se muestra en las sucesivas reacciones suscitadas a lo largo de estos años: manifestaciones multitudinarias en León, negativa segoviana a entrar en el ente, brotes de desacuerdo en Burgos.

Izquierda ciega

Por lo que toca a León, no puede olvidarse la encuesta de la Diputación Provincial entre los municipios, de mayoría UCD (julio de 1979). Teniendo como objetivo servir de base para la integración en el ente castellano-leonés, dio como resultado que sólo el 7 por 100 de los municipios fueran favorables a tal opción. Ante Ja magnitud no castellanista de los datos, Rodolfo Martín Villa ejecutó uno de los trágalas más pintorescos de nuestra historia, obligando a desdecirse a sus correligionarios. En cualquier caso, hay que señalar que la alternativa no castellano-leonesa, es decir, la que defiende que los pueblos castellano y

leonés tienen una personalidad diferenciada y, por tanto, derecho a la autonomía separada, no es patrimonio de una derecha por lo demás oportunista, sino que la venimos expresando también muchos que apoyamos públicamente las candidaturas de izquierda, en las otras elecciones generales, y al PSOE en las recientes. Propugnamos aquella diferenciación y -la autonomía para León, no por hacerle el juego a la derechona tradicional, sino para que se estableza con rigor el Estado de las autonomías, de modo que, por lo que se refiere a León, las decisiones políticas se acerquen a quienes las deben soportar; se democratice la vida local y comarcal y nuestro pueblo deje de estar sucursalizado.

En León, la miopía de la izquierda ha sido abrumadora. Permitir que el leonesismo acabe siendo monopolizado institucionalmente por las fuerzas más reaccionarias va a tañer para ella un coste político considerable.

Hay datos suficientes para comprender que la voluntad colectiva de los leoneses ha sido ignorada y que no estamos ante un simple problema de juridicidad c de legalidad de acuerdos. Por otra parte, el referéndum andaluz y su «vía del 151»también se salieron de la juridicidad prevista..

En estos tiempos se diseña el futuro de la convivencia nacional. Quienes no quieren aceptar que el autonomismo leonés tiene una raíz legítima, verdadera y popular, están incurriendo en grave responsabilidad: Puede obligarse a León — como a Segovia— a aceptar el marco autonómico asignado.

Pero no se olvide que, o las comunidades autónomas del nuevo Estado están basadas en el armonioso acuerdo dé sus miembros o, en un plazo más o menos largo, las controversias desequilibrarán todo el sistema.

 

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