Autor: Barrasa, Francisco. 
   Castilla-león, una región aletargada y deprimida     
 
 Ya.    07/10/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Castilla-León, una región aletargada y deprimida

VALLADOLID Francisco Barrase

Es preferible no definir con una sola palabra la realidad socioeconómica de Castilla-León, hacerlo sería superficial. Eso sí, basta un somero manejo de datos y un viaje por rutas no preparadas turísticamente para convenir que se trata de una macro región socialmente aletargada (salvo excepciones) y económieamente deprimida.

No es este el caso de una región en la que se detecten focos de hambre física o zonas caóticas en el plano económico; desgraciadamente, la abulia de muchas décadas no ha permitido ni siquiera sobresaltos, sólo en el caso de Valladolid capital, ciudad industrial por excelencia y foco de la emigración de los pueblos de su entorno y de los de otras provincias se producen determinados desfases en la renta, pues las hay muy altas y deplorables. Pero a partir de aquí, en la antigua Castilla la Vieja solamente puede encontrarse el caso de Burgos, que, contando con Aranda de Duero y Miranda de Ebro, permite mantener las esperanzas de empleo y desarrollo económico; el resto, es decir, Avila, PaltníÜá, Salamanca, Segovia, Sorta -y Zamora son, en definitiva, lo que han sido siempre, pequeñas en cuanto a número de habitantes y en cuanto a calidad de pretensiones.

Los planes de desarrollo, y en general todo tipo de tendencias políticas del anterior régimen se acordaron nada o muy poco de lo que hoy se perfila como región castellano-leonesa; solamente dos capitales (las citadas anteriormente) y por una serie de circunstancias, qué no viene al caso recordar, se convirtieron en focos de presumible prosperidad que poco a poco con el paso del tiempo han ido ofreciendo exactamente lo mismo que cualquiera otra gran capital española, es decir, un aumento meteorice del paro y una mano de obra que aún no encontró su primer trabajo, que alcanza los miles y miles de jóvenes. Dos capitales de provincia en las que no hubo realmente un planteamiento siquiera a medio plazo, donde la mayor parte de las empresas ubicadas tienen domicilio social en la capital de España.

Lugar olvidado y triste

Los propios rectores de la futura autonomía, en el curso de una mesa redonda, con motivo del día de la región en la VIII Feria Nacional de Muestras de Castilla y León, reconocieron textualmente que es necesario poner en marcha toda una serie de acciones para desarrollar una política económica que saque a la región de la depresión en que se encuentra. Desgraciadamente este caso no es sólo una demagogia al uso. La región, incluida dentro del capítulo de los centralismos y de todo tipo de ataques, no ha sido y es aún hoy lugar olvidado y triste en el semblante de los rostros. Precisamente el consejero de Economía y Hacienda del Consejo General de Castilla y León no ha tenido más remedio que reconocer que todo lo que se haga en esta macro región, antigua Castilla y hoy con León añadido, será innovación, pues nada o muy poco hay.

Para hacernos una idea auténtica de este hecho baste recordar que los primeros organismos puestos en marcha por el ente preautonómico, aún en su primera etapa, fueron el Instituto de Economía de Castilla y León, la gran área de expansión industriar y la Sociedad para el Desarrollo Industrial de Castilla y León (Sodical). En cuanto a esta última, el ministro de Industria, Ignacio Bayón, ha prometido llevarla a un próximo Consejo de Ministros para que sea aprobado su proyecto. La gran área de expansión industrial, un vasto territorio dentro del cual las empresas pueden acogerse a beneficios, cuenta con más de 160 solicitudes, lo cual supone una inversión de más de 11.000 millones de pesetas y una creación de 2.300 puestos de trabajo directos, pero es poco todavía, porque esos 2.000 puestos de trabajo serían absorbidos en menos de cuarenta y ocho horas en Burgos, a costa del desempleo que se produce en la capital.

Las asociaciones empresariales de las provincias de la región castellano-leonesa han tomado contacto con el Consejo General de Castilla y León hace menos de una semana. Un primer contacto en el que los representantes empresariales mostraron especial interés por la marcha de los proyectos económicos del Consejo, por la situación política actual de la región, por el estatuto de autonomía y por la reestructuración del ente preautonómico, un corto bagaje después de dos años de insistencia de un organismo regional que podría haber aglutinado a todas las fuerzas socioeconómicas implicadas en hacer salir a la región del ostracismo en el que se encuentra. Como mucho, los asistentes acordaron mantener en adelante reuniones periódicas institucionalizadas a petición de cualquiera de las partes y establecer unos canales de información recíprocos para todos los temas de interés mutuo. Tan lacónico resultado es obra de, entre otras cosas, de la falta de un empresariado regional cuando no de una falta de ambición y de confianza en las propias posibilidades de este territorio que alcanzará dificultades en la Administración por ser un número elevado de provincias las que lo forman y que con la llegada de León tardará todavía bastante tiempo en alcanzar una identidad siquiera administrativa.

No hay conciencia regional

No existe una conciencia regional en Castilla y León, no es la opinión más-generalizada, es la realidad más palpable. Los habitantes de estas provincias, que entregarán sus acuerdos de adhesión al proceso autonómico próximamente, han sido siempre parte de cualquier sitio y nunca centrados en sus auténticos problemas o en una unidad que otras regiones habían alcanzado históricamente hace ya muchos años. Con todos estos presupuestos, la realidad socioeconómica de Castilla y León se parecerá mucho a la que tenga marcada el país en cualquier momento. Las directrices económicas afectan directamente los males del desempleo y de la falta de recursos; son aquí más palpables que en las zonas costeras y menos que en el caso andaluz, pero sea como fuere, las posibilidades de salir adelante como región en este momento tienen sobre sí una cortina de humo otra cosa bien distinta será que determinadas provincias, las que ahora tienen un grado de industrialización, puedan sacar adelante sus problemas.

 

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