Autor: Arauz de Robles, Carlos. 
   Sobre el término "Nacionalidad"     
 
 El Alcázar.    14/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

SOBRE EL TERMINO «NACIONALIDAD»

EL borrador de la futura Constitución española ha puesto en candelero a la nacionalidad como opuesta a la regionalidad. La discusión, entre los partidarios, de que la nacionalidad sólo debe de referirse —tal como señala el La-rousse— «al vínculo que asocia a una persona individual o jurídica con un estado», en una acepción de marcado carácter administrativista, y la de los que la consideran como la característica que distingue «a la comunidad de individuos asentada en un territorio determinado, con etnia, lengua, tradiciones e historia común, y dotada de conciencia de constituir un cuerpo ético-político determinado y diferenciado», está de nuevo abierta.

De nuevo, por tanto, surgirán las controversias entre: los españoles partidarios de la unidad, sin fisuras, de la patria; los españoles inclinados por un estado español confederado, y los que, perteneciendo a regiones todavía hispanas, querrían sustituir el vocablo o, mejor, la idea de región por la de nacionalidad, con toda la carga desintegradora y separatista que ello lleva consigo.

Y, sin embargo, es posible que el Partido Nacionalista Vasco de ahora no sea el mismo que era cuando en 1935 —por medio de sus líderes Aguirre e Irujo— precisaba su posición en el Congreso de Diputados. Es posible; pero como el régimen pre-autonómico del País Vasco está ya ahí, no vendría mal hacer un recordatorio dé la virulenta disputa que, en la sesión del Congreso del cinco de diciembre del citado año, se suscitó entre los nacionalistas mencionados y el propulsor del Bloque Nacional, don José Calvo Sotelo.

Tal debate provocó una de tas más contundentes intervenciones parlamentarias del protomártir. Frente a la reiterada profesión de nacionalismo de Aguirre (que —aparte de negarse a gritar el ¡Viva España! que por la mayoría de los diputados se le pedía— pretendía el nacionalismo y la nacionalidad de «una Euzkadi con soberanía sobre sus propios destinos») y de Irujo (ratificando como verdad histórica e innegable la de «la independencia, la de la soberanía plena de nuestro Derecho, que era la facultad legislativa, la ejecutiva, la judicial, la militar y la afirmativa de toda clase de actividades...») brota, impetuosa, la voz de Calvo que, después de acusar a Aguirre de haber pronunciado unas palabras indubitables —«soy nacionalista vasco, mi patria es Vasconia y yo defiendo y propugno la nacionalidad vasca»—, expone su opinión en los siguientes términos:

«¿Qué es la nacionalidad...? Doy un concepto, no propio, sino de un vasco, de un vasco nacionalista, el señor Aranzadi, quien dice: «Los términos nacionalismo y regionalismo son contradictorios. Pueden

convertirse en Estados las regiones de una nación; una nación no puede constituirse políticamente en región sin negarla, sin ver anulada su personalidad. La esencia de la nacionalidad es la independencia total. Si el pueblo vasco es una raza con su idioma propio, con sus instituciones propias en un territorio que es el suyo, y se alza con estas singularidades como suelo distinto y pueblo diverso de cuantos le rodean, constituye, indudablemente, una nacionalidad.»

«¿Profesáis ese concepto, señores nacionalistas vasco? ¿Lo suscribís? (Muestras de asentimiento en el señor Aguirre) ¿Sí? Pues no hay más que hablar. Estos señores no son autonomistas; estos señores no son federalistas; estos señores no son regionalistas; son antirregionalistas, antiestatuistas, antifederalistas, porque son nacionalistas, y la esencia del nacionalismo es la independencia total, total, total.

¿Qué me importa que el señor Aguirre, en concesiones oratorias —que seguramente no haría ante los suyos, en Guernica o en Donostia—, haya dicho que ellos se honrarían en ser ciudadanos españoles con un Régimen que reconociese la nacionalidad vasca? Pero es que, reconocida esta nacionalidad en la forma integral y por el camino que han seguido las nacionalidades que vosotros presentáis como modelo...; si vuestro nacionalismo sigue ese camino, ¿podréis seguir siendo ciudadanos españoles, después de haber disgregado España y roto la unidad española y quebrado el Estado español? Vosotros existiréis como un Estado hermano, si queréis, del resto de España; pero ya no español, sino independiente, por completo, de España...»

Calvo Sotelo dice muchas cosas más que no caben en el espacio reducido de un artículo periodístico. Pone el ejemplo de la Irlanda, hoy ya separada de Inglaterra; afirma que los vascos, sentimentalmente, querían la independencia, pero reivindicaban, por motivos económicos, el ferrocarril de Burgos, en vez de que se fuese a Santander. Calvo Sotelo dice eso y cosas más duras que pueden leerse en el correspondiente Diario de Sesiones de las Cortes. Pero con lo recordado basta. La reproducción, a lo mejor, a muchos les podrá parecer exagerada y hasta de extrema derecha, pero no estaría de más meditarla.

Ya sé que hoy corren otros vientos. ¡Ojalá!, la moderación y la madurez sean el signo de la presente hora española; pero una opinión más no viene mal, sobre todo, cuando son tantas las que se pregonan sin título legitimador alguno... Sí; las ideas que sobre las nacionalidades poseía Calvo Sotelo, pueden ser, al menos, dignas de una lectura.

Carlos ARAUZ

 

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