Autor: Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, Pilar. 
   España se acaba     
 
 El Alcázar.    15/12/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ESPAÑA SE ACABA

LEÍDO el anteproyecto de la nueva Constitución, sólo me queda decir: España se acaba. En vez de una nación habrá, según se entiende, nacionalidades diferentes con sus Gobiernos que legislarán para sus propias gentes, sin una sola razón de unidad.

No habrá empresas comunes, ni intereses comunes, ni solidaridad común. Cada región tirará sólo para sus propios beneficios, buscará, cada cual, sus apoyos en el extranjero y el Estado será, únicamente, una entelequia cabeza de nada. Se habrá roto, para siempre, una hermosa y bella unidad, cargada de siglos de, historia, proyectada, no solamente en Europa, sino también en lo universal.

Y, ante esta catástrofe, yo me pregunto: ¿A qué compromisos se ha llegado? Porque no puede pensarse que para hacer unas reformas, es posible que convenientes, y ciertas modificaciones en el sistema, a lo que nadie se oponía, haya que Nevarse por delante a España. Algún trasfondo, que no conocemos, existe detrás de todo el proceso. Pero ¡ay! de aquellos que por servir intereses de grupo se apresten a romper a

España; porque la Historia los juzgará con todo rigor y no, por supuesto, para ensalzarlos.

Nadie como José Antonio ha entendido la diversidad española dentro de su unidad irrevocable, y nadie como él se opuso a su ruptura, con todos los respetos para las peculiaridades regionales. «España no es nuestra como objeto patrimonial, nuestra generación no es dueña absoluta de España; la ha recibido del esfuerzo de generaciones y generaciones anteriores y la ha de entregar, como depósito sagrado, a la que le suceda. Si aprovecha este momento de su paso por la comunidad de los siglos para dividir a España en pedazos, nuestra generación cometería, para con las siguientes, el más abusivo fraude, la más alevosa traición que sea posible imaginar.»

¿Y en esta hora, tan amarga, no tendrán los historiadores algo que decir? Cualquier cosa se podría perdonar al régimen actual, menos este descalabro. Claro que ya sabemos también, por experiencia, que las Constituciones no son eternas, y sólo el barruntar la desaparición, en su día, de la que ahora se nos propone, nos llena de esperanza, si es que, para entonces, se llega a tiempo de salvar a España en su integridad.

Se habló siempre de descentralizar, de descentralizar administrativamente algunos servicios, pero esta descentralización política, a base de nacionalidades, es el principio del fin de algo tan importante como España.

Alemania, que por una guerra pérdida ve rota su unidad, lucha denodadamente por recobrarla. No habrá un solo francés que consienta en dividir a Francia, pero nosotros después de una terrible guerra ganada, sobre todo, para que esto no sucediera, entregamos a España, sin más, contra toda justificación histórica.

Para mí sería mucho más cómodo no decir nada, no enfrentarme con nadie, pero cuando se tiene algo en la conciencia no hay más remedio que decirlo, guste o no guste, porque peor sería caer en aquella tremenda y genial interrogante, como todas las suyas, de Rubén Darío; «¿... callaremos ahora para llorar después?»

Pilar PRIMO DE RIVERA

 

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