Autor: Tusell, Javier. 
   Hiperautonomismo     
 
 Ya.    21/12/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 5. 

HIPERAUTONOMISMO

CUANDO el general Franco vivía, uno de los argumentos que mayor servicio le prestaban para, justificar su presencia en el poder era el del temor al vacio ante su desaparición. Incluso quienes militaban en la oposición a veces especulaban con la posibilidad de una verdadera catástrofe nacional cuando se produjera su muerte; en todo caso el mero hecho de que repetidamente se esbozaran teorías acerca del nesgado tránsito hacia la democracia es una buena prueba de que el modo en que ésta habría de llegar no estaba mínimamente claro. La historia ha parecido, sin embargo, desmentir en un primer momento a quienes creían en la dificultad de la transición de la dictadura a la democracia.

Pero lo cierto es que, en un segundo momento, ahora, cuando ya se ha logrado lo que parecía más difícil, es decir, que una parte de la clase política del viejo régimen aceptara y protagonizara una reforma efectiva y real, tenemos ocasión de comprobar cómo; en efecto, las dificultades se multiplican.

Algunas de ellas son objetivas, pero otras dependen´ del subjetivo desentrenamiento de los españoles para la democracia. De ahí esa sensación de lo que, en lenguaje quizá excesivamente coloquial, yo me atrevería a denominar como "desmadre". En muchos terrenos de la vida política española da la sensación de que los políticos de las diferentes tendencias no están en el papel que lógicamente debería corresponderles, de que propenden a soluciones excesivamente simples o radicales o las dos cosas a la vez. En el fondo, a poco que se examine la cuestión, se podrá, observar que lo* que hay debajo de todo este mosaico de actitudes no es sino una especie de "amateurismo" en lo que es practica la democracia.

UNO de esos terrenos en los que mas objetivamente se cae en el "desmadre" es el regionalista. A estas alturas la palabra "federalismo" no aparece ya apenas en el lenguaje de los políticos: no la mientan ya, por ejemplo, los comunistas, lo que quiere decir que falta poco ya para que la olviden los socialistas.

Fue hace meses el propio Felipe González quien señaló, con acierto, que España no podía ser considerada como una mera superestructura. Todo el mundo está, en el fondo, de acuerdo en que lo que nuestro pais necesita es un régimen de autonomías generalizado para todo el territorio nacional y susceptible de muchas peculiaridades, según la región en que sea aplicado. Pero sí la solución está en la autonomía, hay un cierto sentimiento "hiperautonómico" consistente en hacer de éste el tema principal, si no el único, de la política española o esperar de su resolución mucho más de lo que objetivamente cabe imagínarse.

Cuando, por ejemplo, "El Socialista" grita desde su portada: "¡Andalucía libre!", uno puede estar de acuerdo en esta frase, Incluso valiosa desde un punto de vista estético, pero el problema comienza cuando a esa exclamación le sigue la pregunta ¿de quién? Me explicaré: en los últimos meses se les viene diciendo a todas y cada una de las regiones de España que son explotadas, pero ha llegado el momento de

Javier TUSELL

(Continúa en pág. sigte.)

Hiperautonomismo

(Viene de la pag. anterior)

Inquirir quién´ es exactamente el presunto explotador, pues, de lo contrario, lo que puede suceder es que la utilización de ese lenguaje no concluya sino en una cortina de humo sobre los problemas reales del pais o que, una vez existan las autonomías, el pueblo quede decepcionado de ellas en poco tiempo, al ver lo poco que pueden significar en la resolución de sus problemas.

Un segundo ejemplo es, sin duda, cierto que en este país existen dos regiones en las que efectivamente se da un sentimiento nacionalista distinto del español (el País Vasco y Cataluña).. Para comprender ese nacionalismo y darse cuenta de que en el segundo caso y en buena parte del primero no significa lo mismo que separatismo va a ser necesario un difícil proceso de entendimiento.

Pero se puede no llegar a él creando un sentimiento nacionalista en otras regiones en donde sólo anida en una porción de la clase política, pero no decididamente en el pueblo La utilización del término "nacionalidades" en la constitución puede quizá satisfacer a vascos y catalanes, pero tiene el inconveniente de fomentar confusionismos, aparte de ser directamente contrario al artículo 4 del proyecto constitucional (en el que se dice que el castellano es el idioma oficial), porque "nacionalidad" es otra, cosa de lo que allí se quiere decir.

LO más correcto, en mi opinión, seria, una vez que se ha llegado a un estado de conciencia público de que la autonomía generalizada es una fórmula de organización política más justa y racional para España que el centralismo, empecemos a darnos cuenta de que, para su efectiva realización, es imprescindible solventar muchos problemas, algunos de ellos graves.

Tenemos que darnos cuenta de que va a poder existir durante largo tiempo una administración doble y, por ello, mas cara; de que se va a plantear un conflicto con los funcionarios en servicio en las regiones que hayan sido nombrados en virtud de un sistema- de acceso estatal, y que ese mismo sistema va a ser cuestionado sin que exista a la vista una solución fácilmente aceptable por todos de que la seguridad social va a estar en buena medida en manos de las regiones, pero que ello no puede significar una desigualdad en sus prestaciones.

Sólo si somos conscientes de que estos problemas existen y de que es preciso hallar para ellos una solución de concordia estaremos prestando un servicio a esa idea de encontrar para España una organización política más justa y racional. El "hiperautonomismo", que todo le simplifica y lo reduce a lastimera queja de "explotaciones" más fáciles de enunciar que de probar, y en todo caso puramente sentimentales, es, por el contrario, la mejor fórmula posible para que no se llegue a un acuerdo o, si se llega a él, hacerlo poco viable.

Javier TUSELL

 

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