Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   La retranca autonomista     
 
 El Alcázar.    21/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Trónica de España

LA RETRANCA AUTONOMISTA

AL señor Clavero Arévalo le tocó en la lotería partitocrática un juguete peligroso: el Ministerio para las Regiones. Con ciertos juguetes, como con la vida, no es suficiente una delumbrada vanidad. Hay que saber lo que se tiene entre manos.

El señor Clavero Arévalo cree que el regionalismo se resuelve igual que si se tratara de dibujar un mapa para la clase de Geografía, en plena libertad de opciones. No puede resultar extraño, por todo ello, que diga tonterías. Lo peor, pese a todo, no es que se equivoque tanto al decir, sino que yerre tan gravemente al hacer.

Con la colaboración entusiasta del señor Clavero Arévalo, el Gobierno ha montado un desquiciado teatro autonomista. Precisamente el que más convenía a los partidos ligados a instancias internacionales en cuyos planes entra la definitiva neutralización de España. Los artificiosos lanzamientos autonomistas a todo trapo, configuran una acción multidireccional del Frente Popular Ampliado. Son el resultado de un pacto, en el que cada una de tas partes saca tajada, a cambio de ceder la correspondiente mordida política a las demás. Conviene examinar algunos datos de situación.

El primer factor que me interesa poner en evidencia es la conexión entre el forzamiento generalizado de las autonomías y la posición estratégica de España, en el actual juego de fuerzas por el dominio mundial. El tema adquiere especial interés en razón de dos noticias de máxima actualidad: la dura acción de la fuerza aérea mauritano-francesa contra una columna argelina del Frente Polisario; y la confirmación de la extrema gravedad de la crisis económica en que está sumergida Argelia. Son dos hechos que, por diversos caminos, pueden apresurar la radicalización del conflicto norteafricano. El panorama podría completarse con la debilitación de la posición de Hassan II en Marruecos y la necesidad de la URSS de contrarrestar el grave revés sufrido en Oriente Medio.

Ante la perspectiva de una dura batalla por el control del Estrecho de Gibraltar, parece evidente que las potencias deban moverse en el intento de disponer las piezas en el tablero de la manera más conveniente a sus fines. La URSS debe jugar en España dos cartas sobre todo: el dominio de la situación política y, por consiguiente, el control efectivo de los centros nerviosos del poder; en su defecto, la interferencia de las líneas naturales de ayuda occidental a Marruecos y Mauritania, cuyas bases de partida, al menos inicialmente, deben ser francesas.

En tal sentido, existen tres zonas fundamentales a ocupar o congelar, los Pirineos, con los accesos marítimos propios; el Estrecho y su hiterland andaluz; el archipiélago canario. Es decir, provincias Vascongadas, Navarra, Cataluña, Andalucía y Canarias. Desde esta perspectiva, se entiende enseguida el interés del PCE, en apariencia descabellado, de meter a la Rioja con régimen especial, en el autonomismo vasco y de favorecer las pretensiones vasquistas y catalanistas de ampliar sus reivindicaciones territoriales, hasta encontrarse con fronteras comunes.

Es muy posible que el señor Clavero continúe su juego de despropósitos, sin conciencia de que se ha convertido en un triste muñeco del mecanismo internacional de poder. Pero considero necesario ratificar que la fría escalada de la ETA y la nerviosa aceleración de los procesos autonomistas, están estrechamente relacionadas con el mayor riesgo de estallido del conflicto en el norte de África. Son manifestaciones de una misma estrategia.

En ese cuadro de presunciones debemos situar también la reciente visita de Felipe González a Moscú. Interesan poco los relatos anecdóticos y las inclinaciones de algunos dirigentes socialistas a caer de bruces en el folklorismo revolucionario. Conviene detenerse en el análisis frío del comunicado conjunto de la visita. Parece natural leer en el mismo que a la Unión Soviética le satisfaría el acceso de los socialistas al Gobierno de España. Pero hay que profundizar más.

Se hace patente que el comunicado no contiene una declaración platónica y de mera cortesía, sino que anuncia veladamente un compromiso. En Moscú, como consecuencia de la penosa digestión de los acontecimientos en Portugal, se ha sellado la unidad de acción para España entre las dos internacionales marxistas. Desde otros supuestos históricos, hemos retornado a ser destinatarios de análogo papel que en 1936. El Frente Popular es un hecho. La URSS no sólo no pondrá dificultades al acceso del PSOE al Gobierno, sino que lo favorecerá desde dentro y desde fuera.

La transacción ha sido cerrada. Por eso el socialismo pesoeísta vuelve a ufanarse de su republicanismo. Por ello, también, algún parlamentario marxiste de Barcelona advierte, sin rebozo, que como paso previo a la plenitud constitucional, la Monarquía habrá de ser sometida a referéndum, con el compromiso de las partes (la Corona y los partidos) de aceptar los resultados. Viejas sombras emergen sobre el horizonte: Miguel I de Rumania, Humberto II de Saboya, Constantino I de Grecia... Las víctimas, en fin, de la admisión del eurocomunismo como supuestos de corrección democrática.

El eurocomunismo, en efecto, funciona desde el final de la última guerra mundial, sin cambios profundos en su estructura y dialéctica, aunque varíen ciertas formas de comportamiento político y la denominación.

Tampoco pueden llamarse a engaño los miembros del Gobierno sobre las consecuencias socioeconómicas de la gran farsa autonomista, de la que si bien fueron actores en el primer acto, han pasado a ser meros comparsas en el segundo.

Un informe encargado por el Gobierno a un equipo de especialistas ha puesto de manifiesto la falsedad de muchos de los argumentos utilizados para justificar las autonomías en planos más reales que el de la manipulación histórica. Anticipo dos datos confirmatorios de algo ya sabido:

Barcelona ha recibido del Estado el diez por ciento más de lo que ha recaudado, mientras ese desfase asciende al veinticinco por ciento en el caso de Vizcaya. A ello habrán de añadirse los caudales de financiación privados, encauzados por la Banca y las Cajas de Ahorro, así como la inversión humana resultante de la inmigración. ¿No es sugestivo que socialistas y comunistas se alien con las oligarquías separatistas de ambas provincias para la obtención de unos fines que sólo benefician a esas minorías y a los planes estratégicos de la Union Soviética, pero en ningún caso al pueblo y menos todavía al pueblo inmigrante?

Pero, además, las otras resultantes autonomistas conducen directamente a la exacervación de la injusticia distributiva a nivel territorial. Con independencia de que las autonomías duplican la carga burocrática y financiera de un Estado dramáticamente debilitado y empobrecido, el resultado inapelable será para Andalucía acentuar su condición de despensa para Castilla, ser más pobre, para Cantabria, más folklórica, etcétera. Cuando convino, en las vísperas de la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética impuso a sus partidos dependientes la colaboración con el nazismo. Ahora el PCE colabora a todo trapo con las oligarquías burguesas.

Se trata de destruir España, impidiendo cualquier reacción que altere los propósitos imperialistas de la URSS. Para ello el PCE cuenta con cuatro poderosos aliados: el avestrucismo de la derecha no gobernante; la estupidez de la derecha en el Gobierno; la colaboración conspiratoría del radicalismo de diversa suerte, igualmente en el poder directo o indirecto; y, en fin, la ceguera de las masas, que se pretende sirvan de carne de cañón y coro para un proceso supuestamente revolucionario, en el que verán aniquiladas todas sus anteriores conquistas.

Ismael MEDINA

 

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