Autor: Sánchez Agesta, Luis. 
   La autonomía en el proyecto constitucional     
 
 Ya.    31/12/1977.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

LA AUTONOMÍA

EN EL PROYECTO CONSTITUCIONAL

TENGO que empezar por repetir algo que ya he dicho muchas veces y casi con las mismas palabras. La estructura regional del Estado, es el tema más novedoso y complejo de la nueva Constitución. Es, desde luego, una experiencia, que,´ ai no puede considerarse como absolutamente inédita, hay que decir que está llenar, de recuerdos no siempre gratos del pasado, desde las guerras civiles del siglo XIX a la nueva guerra civil de 1936-1939. Creo, sin embargo, que la primera condición para enfrentarnos con este tema es borrar de nuestro ánimo todo recelo. No es ya un problema a "conllevar", como quizaron razón dijo Ortega hace muchos años, sino un nuevo empeño de reconstruir España en una armonía solidaria de los pueblos y las regiones que la componen

Desde éste punto de vista, un primer trazo elogiable del proyecto constitucional es que la autonomía de las regiones se esboza con un sentido constructivo. Ya no es un movimiento centrífugo de "dos o tres regiones ariscas", sino que responde a una concepción global. Aún más, en el articulo 147 del proyecto hay una cláusula que da un sentido práctico al fundamento de solidaridad y que debiera escribirse con letras de oro: un fondo de compensación interregional, con destino a gastos de inversión, se repartirá con criterios que atiendan a la corrección de los desequilibrios económicos existentes entre las distintas., regiones.

LA autonomia sobre un fundamento de unidad y solidaridad de las regiones y nacionalidades que integran España es, pues, un cuadro general que constituye un nuevo modelo de nuestra vida política y administrativa.

Vuelvo a repetirlo. Por sí solo este hecho puede justificar la aventura de añadir una nueva Constitución a nuestra ya larga historia constitucional. Pero precisamente por la trascendencia de este hecho tenemos que poner un cuidado exquisito en su formulación, y realización. El régimen de preautonomias se está tratando con la prudencía y la delicadeza con que instalamos una porcelana frágil.

El decreto-ley que la estableció en Cataluña es un modelo de pragmatismo flexible. Quisiéramos que el texto constitucional tuviera las mismas virtudes.

ANTE todo, habrá que elogiar con algún reparo el procedimiento previsto para que las "diferentes nacionalidades y regiones que integran España" puedan accedar a la autonomía. La Constitución dé 1931 someta el estatuto a referéndum antes de que fuera aprobado por las Cortes, poniéndolas así ante el hecho considerado de una voluntad popular expresa. Él proyecto actual prevé una negociación entre la asamblea de parlamentarios de la -región, que redacta un borrador o anteproyecto, y la Comisión constitucional del Congreso, antes de someter un texto a referéndum. La rectificación es loable, aunque no se ve muy claro por qué se ha omitido, al Senado en ésta que parece una de sus funciones más propias.

Pero pasemos a algo que parece más importante. ¿Qué competencias se "pueden atribuir por ese estatuto de autonomía?

AQUÍ el anteproyecto se ha inspirado mucho más directamente en la Constitución de 1931, con pequeñas correcciones, que no son siempre afortunadas. Algo que sorprenderá al lector profano es qué el proyecto no nos dice de una manera clara y directa cuál es el cuadro de competencias que pueden ser asumidas por las regiones. El proyecto, después de definir el procedimiento para aprobar un estatuto y enumerar los órganos básicos (una asamblea, un consejo de Gobierno y un presidente), da un curioso salto para pasar a enunciar las competencias exclusivas del Estado con demorada prolijidad. Lo" único que el texto nos dice es que los estatutos de cada región comprenderán las competencias asumidas por el territorio autónomo dentro del marco establecido por la Constitución.

Nunca se ha empleado con sentido más propio la palabra "marco". Lo que el proyecto define es el "marco" esto es, las competencias exclusivas de Estado que no puede asumir

Luis SÁNCHEZ AGESTA

* * * (Continúa en pág. sigte.)

LA AUTONOMÍA

(Viene de la pág. anterior)

una región. Las regiones pueden, pues, reclamar para su estatuto un vario cuadro de competencias dentro de ese "marco" constitucional. Esta fórmula, que podría definirse como una "autonomía a la carta", puede ser discreta, en cuanto es distinto el grado dé madurez de las diversas regiones. Pero, apartándose asi de los precedentes dé las constituciones regionales de Alemania e Italia, que enumeran directamente las competencias de las regiones, hace enormemente complejo determinar y prever el contenido de la autonomía. Habría que leer, diríamos al revés, el prolijo contenido del articulo 138 para saber qué competencias no han sido previamente establecidas como exclusivas del Estado.

EL problema no termina ahí. En primer lugar, hay casos—ni siquiera sistematizados—en que esa reserva de competencia exclusiva se limita a las "bases";´ a las "normas básicas", -a la "legislación básica" o a los "principios generales",. En segundo lugar hay además leyes de bases que pueden atribuir a los territorios autónomos una legislación delegada. Por último, hay una clausula que se repite hasta en seis apartados, si no he contado mal, que, como a la media vuelta, con una fórmula de "sin perjuicio", reserva otras competencias a los territorios autónomos.

No es que me asuste la extensión de esas competencias (aunque habría que subrayar que, por ejemplo, en materia, de educación sólo se reservan al Estado los "requisitos de expedición y homologación de títulos y convalidación de los estudios académicos y profesionales", 138, 30), sino su imprecisión como fuente de fricciones y conflictos. Sobre todo en el ámbito, de la gestión y ejecución de los servícios y funciones administrativas. Pero de éso vale la pena de hablar en otro artículo.

Luis SÁNCHEZ AGESTA

 

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