Autor: DIÓGENES. 
   Las autonomías     
 
 Pueblo.    02/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LAS AUTONOMÍAS

RAS la aprobación, en el último Consejo de Ministros, de la preautonomía para el País Vasco, creemos que se abre la incógnita más importante a lo largo de mucho tiempo: el problema de la territorialidad, de su circunscripción geográfica. España no es un Estado unificado en singularidades; es plural y rico en costumbres autóctonas, en historia variada, en distintas concepciones del hecho regional. Todo ello, naturalmente, dentro de una unidad estatal, porque sería absurdo plantearse, a estas alturas, diversos estados dentro de un Estado.

Lo que pasa es que todavía hay mucho miedo, a escalas de diversa ideología, a plantearse con crudeza el problema. Diríamos, mejor., con sentido del tiempo y la circunstancia histórica. De igual modo que no se trata de desmembrar el Estado, sí es recurrible plantear una idea de Estado, donde la (autonomía de sus nacionalidades y regiones alcance el necesario grado de libertad. En cualquier caso, urge acabar con una idea errónea, de centralismo, que ha presidido la vida española en las últimas décadas y más concretamente, en los últimos siglos. Todo, desde carreteras y vías férreas, hasta burocracia y papeleo, tiene que terminar en Madrid. No sólo «pasar», sino «terminar». Los efectos están a la vista: problemas, agobios, falta de eficacia en la tramitación de la vida administrativa de nuestro país.

Hay que partir de una idea innovadora, lo que no significa terminantemente romper con moldes, de forma radical. España es rica y variada, «diferente» en sus formas y en sus tierras; esto no lo decimos nosotros. Está impreso en las hojas turísticas que se editan por la propia Administración. Las agencias de viajes basan precisamente en eso, en la variedad de España, el fundamento de su negocio. Si así se hace para algunas cosas, ¿por qué razones no se admite para los ciudadanos?

La preautonomía vasca, como en su momento lo fue el asunto de la Generalidad, son piedras de toque básicas para reflexionar sobre el futuro autonómico. Naturalmente, del buen éxito de estas experiencias piloto dependerán, las demás. Gallegos, castellanos, levantinos, andaluces, canarios, etc., esperan también su legítima oportunidad. Nadie —pensamos— exige más de lo debido. Si así fuera, además, la Constitución española dejará claro la acepción y régimen concreto de las autonomías.

El caso es que haya generosidad de fórmulas para hacer del Estado español un conjunto armónico y no apelmazado. Que no impere la cicatería desde los despachos capitalinos, y el pueblo dé también ejemplo de conducta responsable.

DIOGENES

 

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