Autor: Calvo-Sotelo, Joaquín. 
   Balada de los tres inocentes     
 
 Ya.    06/04/1973.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Ver, oír y... contarI

Balada de los tres ¡nocentes

Don Joaquín Calvo Sotelo dice en "ABC":

"Si el Ilustre crítico Adolfo Prego, que desde estas mismas páginas enseña con elegancia y sagacidad cómo discrepar de un autor sin abrirle inútiles y agrias heridas, me perdona lo que pueda haber de intromisión en sus fronteras profesionales, yo me atrevería a enderezar algunos comentarios a propósito de una comedia que me ha hecho reír de una manera civilizada e inteligente, manera ésta de la que casi había perdido la memoria. Me refiero a la que se titula como mi artículo, y a cuyo autor, Pedro Mario Herrero, auguro y deseo grandes éxitos en el porvenir.

"El lugar de acción, sí, el lugar de acción... ¿Por qué ha elegido Sicilia para dar vida allí a sus personajes Pedro Mario Herrero? ¿Por qué—planteemos la pregunta en términos generales—un autor sitúa la acción de una cualquiera de sus obras—drama, comedia, novela en ambiente distinto del suyo propio habitual? Primero, claro está, porque el tema se lo imponga. De hecho, tema y ambiente nacen de un modo paralelo. Carmen y Andalucía surgieron así en la imaginación de Próspero Merimée a tal extremo que, disociadas la una de la otra, no habrían podido vivir literariamente. Con todos sus excesos y sus lugares comunes, Carmen es una cigarrera de Sevilla apenas concebible fuera de ella, del mismo modo que madame Bovary es una típica habitante de una pequeña ciudad de provincia francesa, que Flaubert no hubiese intentado nunca empadronar en Castilla.

Ahora bien: ese párroco, cuya veleidosa hermana tantas preocupaciones le causa, párroco virtuoso, paternal y simplísimo en sus reacciones, ¿no podría ser un cura español? (¿por qué descartar, del mismo modo, la hipótesis de que a un párroco español se le descarríe la hermanita?) Y ese "carabiniere" sobre el que prima la ordenanza, enamoradizo y casable, ¿no tiene su sosia en nuestros sargentos o brigadas de la Guardia Civil? Yo lo creo sinceramente. Yo me atrevo, inclusive, a creer que así, con su ropa talar el primero y su tricornio el segundo, se te han fraguado en la imaginación a nuestro autor; y con la misma honradez, presumo que si ha decidido instalarlos en Sicilia es por el temor al rechazo—¡oh!, paradoja de este trasplante—si les infundía sangre celtibérica y no extranjera, y por suponer que se eximía de complicaciones con la censura, o con el público, mediante esa evasión geográfica; y que, de ese modo y gracias a esa maniobra, lo que pudiera haber de caricatura en su comedia le liberaba del riesgo de levantar ronchas ya personales, ya gremiales, por incidir sobre institutos o personas no españoles. Y yo me pregunto: ¿Pedro Mario Herrero ha sido pusilánime o simplemente precavido? Actuando de censor de sí mismo, como sin duda lo ha hecho, ¿acertó al creer que ese era el mejor medio para conseguir su fin?

Desde hace mucho tiempo todo escritor lleva, al estilo de los dibujos de Herreros, un hombrecito sobre sus hombros, como un apéndice de su propio cuerpo, que es la censura. Con ella convive y a ella, tácitamente, se encomienda; y de ella teme, a veces con exceso, vetos y negativas. Es ese un fenómeno, penoso pero inevitable, que ahorma la imaginación, consciente o inconscientemente, e Induce a desertar de caminos brillantes por el miedo a encontrárselos cerrados.

Me atrevo a suponer que esa consideración es la que Indujo a Pedro Mario Herrero a expatriar sus divertidos muñecos. Ahora bien: si en la "Balada de los tres inocentes" se recurre al eufemismo de enmascararlos, ha sido, quizá, por una excesiva timidez del autor. (Una comedia acabo de leer que transcurre en un país "preceptivamente imaginario". Otra anda por esos mundos de Dios, cuya primera acotación reza algo parecido a esto: "La acción en un país imaginario. Al fondo, el Alcázar de Segovia.")

¿Hubo alguna transigencia Inicial o forzosa por parte de Pedro Mario Herrero? Los tres Inocentes, ¿fueron, en su origen, español es? Permítaseme decir que al placer que me causó como espectador la comedia me habría agradado añadir el de ver a mis vecinos de butaca reírse con los conflictos de unos compatriotas, contados bajo la luz de los focos. Porque no hay ningún barómetro para medir la salud de un pueblo— la del nuestro es excelente—que la de su capacidad de burlarse los unos de los otros sin agresividad, sin rencor, sin esa hipersensibilización y ese envaramiento que convierto en intocables muchas cosas que no tienen por qué serlo, y que nos hacen mirar torvamente al que, con limpieza, se atreve a jugar con ellas para el placer de todos."

zona. Con lo cual el problema pasaría inevitablemente a mayores.

Todos estos datan deben ser barajados a la hora de enjuiciar los acontecimientos y de disponer la táctica negociadora de España, que, hasta el momento, no puede ser puesta en duda. A. partir de ahora es justo operar con una sobrecarga de recelos acerca de la buena fe de nuestros vecinas. Aunque esperamos que la venida del nuevo embajador pueda servir de renovada plataforma para el diálogo. Hay que buscar, en definitiva, la salida razonable antes de que la situación llegue a un punto limite, a partir del cual toda disposición negociadora resulte palabra vacía ante la reiteración de las agresiones consumadas.

En esta situación la posición de España, hasta ahora reiterada y pacientemente negociadora, defiende unos legítimos derechos con toda la firmeza que da el saberse amparado por la razón y por las normas que deben seguir la convivencia internacional, y más entre países vecinos."

 

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