Autor: Cervera, Juan. 
 Lengua y autonomía. 
 Identidad y provincianismo     
 
 Informaciones.    16/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Lengua y autonomía

IDENTIDAD Y PROVINCIANISMO

Por Juan CERVERA

LA euforia por las autonomías se adorna en la mayor parte de los casos con el resurgir de las lenguas hispánicas distintas de la oficial. Por si acaso, el anteproyecto de la Constitución anuncia tímidamente que el castellano seguirá siendo la lengua oficial de España. Y es de notar que dice el castellano y no el español. Es una prueba mas de que no se quiere excluir a ninguna del diálogo fraternal que se pretende, mantener entre todas.

De las varias consideraciones- que el hecho inspira nos interesa destacar aquí una. ¿La vieja acusación contra la sociedad española por desconocimiento y • abandono de su lengua oficial va a tener desde ahora en adelante mayor fundamento? ¿El estudio, justo y enriquecedor, de las otras lenguas va a suponer más abultada ignorancia de la oficial? ¿Propiciará este estudio el incremento de la ignorancia cuantitativa del español? ¿O más bien incidirá en su desconocimiento cualitativo?

El desprecio creciente de toda norma, incluida la lingüística, hace temer más lo segundo que lo primero. No obstante, esto, de por sí bastante dañino, encierra todavía una perspectiva más sombría: el posible aislamiento de, los pueblos de España; crecientes dificultades para su comunicación.

La lengua primitivamente castellana, y luego española por antonomasia, ha ocupado privilegiado lugar no sólo como medio de entendimiento, sino como instrumento creador de todos los españoles, los hispanoamericanos y hasta de quienes la han adoptado como sí fuera propia. Su función vehicular nos ha servido puertas adentro, y su vitalidad creadora y artística la han convertido cara al exterior en una de las más fecundas y brillantes del mundo entero. Y eso no ha sido patrimonio exclusivo de los castellanos, sino de todos los españoles e hispanoamericanos. Esa es su mayor gloria. Su mayor gloria y su mayor servicio. Servicio que, no nos duela reconocerlo, por circunstancias históricas, sólo la primitiva lengua castellana podía prestar a la comunidad hispánica y al universo.

Ahora la alternativa de las lenguas regionales está precisamente entre la identidad-y el provincianismo. Es Justo, legitimo y laudable que todos y cada uno de los españoles, sin dejar de serlo, quieran afirmar su Identidad. Y la lengua es un factor caracterizador importante. Pero el peligro del provincianismo acecha. ¡Cuánto folklore, cuánta sabiduría paremiológica, cuánta filosofía de vida hay en España merecedores de mejor suerte y de más amplia difusión. Pero permanecen arrinconados e ignorados de la mayoría de los españoles por el simple hecho de no estar formulados en la lengua oficial.

Se objetará que ha de ser así: el pueblo crea en la lengua que habla. Y en el solar patrio se hablan varias lenguas, porque hay varios pueblos.

Ninguna intención acusadora anima a nuestra reflexión. Es tan sólo una lamentación que abarca desde esas creaciones espontaneas, tan valiosas como aisladas, hasta obras maestras de proyección conscientemente mermada por esa especie de exilio interior que se imponen.

Cierto que existe una difícil conciliación. Y el apuntado riesgo de provincianismo se cierne como sino insoslayable. El bilingüismo, por fortuna, es una solución para conservar la identidad y para preservar del provincianismo. Pero esta solución es sólo aplicable a escala local y debe descansar sobre la cordialidad de algunos grupos. Si estos grupos se sienten sacrificados por la circunstancia de tener que ser bilingües, piensen que el bilingüismo es el precio necesario y la garantía obligada para superar aislamientos y provincianismos.

El bilingüismo afectará, como ahora, a las regiones que albergan contingentes significados de distinta habla. La mutua comprensión ha de ser piedra de toque de civismo. Dentro de cada una de estas regiones habrá, como ahora, personas que practicarán el bilingüismo de forma natural y espontánea. Pretender imponerlo puede resultar tan peligroso como erradicar cualquiera de las dos lenguas en liza. Desde ahora hay que invitar a todos los españoles a la generosa e inteligente aceptación de los hechos.

No hacerlo así es invalidar la única solución viable. .Ya que nadie puede abogar porque los españoles consuman su tiempo y energías en el aprendizaje de cuatro lenguas, ya que cuatro son las lenguas habladas en España.

De hecho, la solución del bilingüismo con marcada tendencia a que actividades y producciones científicas y artísticas se acojan preferentemente bajo los auspicios universalistas de la lengua oficial, es lo que durante siglos viene haciéndose y lo que ha de desearse por lógica, por sentido común y hasta por rentabilidad.

Por descontado que estos atisbos de recomendación en modo alguno están inspirados por ningún secreto afán imperialista. Quien firma estas lineas es bilingüe, precisamente, y no por ello teme haber perdido su originarla identidad.

 

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