La tensión de las autonomías     
 
 El Imparcial.    17/03/1978.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

página 6 El IMPARCIAL 17 marzo 1978

EI IMPARCIAL

OPINIÓN

LA TENSIÓN DE LAS AUTONOMÍAS

LA máxima disensión y las mayores tensiones de la ponencia constitucional, como ha reconocido el representante de la minoría catalana, Roca Junyent, lo constituye el tratamiento de las autonomías. Era cosa previsible y el portazo del PSOE obedeció, en buena medida, a la falta de consenso existente en este punto.

Recordemos las posturas. Para Alianza Popular la inclusión del término «nacionalidades» es inadmisible desde su concepción unitaria del Estado. Si se incluye este concepto en el marco de la Constitución, se está introduciendo un proyecto de Estado federal, que no es de recibo con las necesidades sociales del momento. Por consiguiente, aun aceptando la regulación de las autonomías, los aliancistas se oponen a una figura política que cambie la esencia del Estado.

POR su parte, UCD mantiene criterios muy similares, si bien en un primer momento de la discusión constitucional dio por válido el tratamiento de las «nacionalidades», aunque descargándole de cualquier matiz federalista. En esta posición ha pesado el «boom» autonómico de la campaña electoral y la indiscriminada utilización del término «nacionalidades». Al final, el partido del Gobierno se ha dado cuenta de que sus votantes mayoritarios no parecían dispuestos a aceptar constitucionalmente la esencia federal, y que la diversidad de los pueblos de España no pasaba necesariamente por el grueso latiguillo de los «pueblos y nacionalidades del Estado Español» tan abusivo en todos los acuerdos, convergencias y plataformas de la oposición al franquismo, durante los últimos años.

La posición de la minoría vasco-catalana reviste caracteres muy peculiares. Siendo los dos pueblos que han tenido un tratamiento autonómico legal en el presente siglo, su entendimiento del «hecho diferencial» les impele al tratamiento del concepto de «nacionalidades», pero no de manera generalizada; mientras que el proyecto constitucional se dirige a conseguir este resultado. Vascos y catalanes podrían aceptar una solución no federal del Estado, siempre que quedase resuelto y garantizado su esquema previo de la diferenciación con el autogobierno de sus instituciones particulares. Difícil para la aplicación del consenso.

POR último, los partidos de izquierda —comunistas y socialistas— han sido los principales defensores del concepto «regiones y nacionalidades del Estado español». Los comunistas, por razones muy claras.

Es el concepto que ha institucionalizado la Constitución soviética. Los socialistas, aunque le sea más moderno el acercamiento a la estructura federal, porque aplican un sentimental recuerdo de sus luchas contra el viejo régimen y la conquista de las libertades. Sin embargo, su salida de la ponencia puede traducirse, como señaló Roca Junyent, por una maniobra de no comprometerse en la definición de este espinoso asunto. NO todos los socialistas (desde luego, los seguidores de Prieto, de manera muy clara) están de acuerdo con la estructura autonómica, ni con la inclusión del término «nacionalidades» en la futura Constitución.

PUEDE darse al consenso, a partir de estos esquemas? Hace poco el profesor Linz apuntaba la idea de que el modelo Aplicado por Azaña en las constituyentes de la II República habría sido el más aceptable para resolver, el vidrioso tema de la configuración regional española.

Pero, en aquel momento, tampoco hubo consenso, como es obvio. Habrá que aplicar grandes dosis de comprensión para no deshacer en un proceso, más sentimental que racional, esa figura histórica que se llama España. Porque, aquí más que nunca, es necesario conseguir el acuerdo entre todos, cediendo todos alguna parte de «nuestra» verdad. Nos jugamos mucho en el empeño.

 

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