Autor: Briones, Carlos. 
   Audacia regionalista     
 
 Arriba.    28/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

PUNTO DE VISTA

AUDACIA REGIONALISTA

CASI todos los españoles, desde ya mismo, somos unos ciudadanos preautonómicos. Es decir, estamos a un paso de ser autonómicos. Esto lo sabemos todos. Lo que no está tan claro es para qué va a servir, ni qué objetivos se pretenden, esta nueva situación, presumiblemente irreversible, a que puede conducirnos la política de autonomías a todo pasto, para todos y a favor de corriente de unas minorías gritadoras que han politizado interesadamente un tema que, más que discursos grandilocuentes, requiere profundas reflexiones, sinceridades y medidas objetivables y realistas.

El tema regional es sin duda el más importante que tiene planteado la sociedad española de esta hora y además el que encierra más cargas emocionales que pueden desembocar en peligrosísimos desbordamientos capaces de romper la convivencia social. Por ahora sí, sabemos que se está aplicando un modelo de transición hacia las autonomías, al estilo de Italia, a la espera de que sea aprobada la Constitución y que las regiones accedan a la autonomía plena de acuerdo con lo que disponga la super ley. Pero no sabemos si la máquina que se ha echado a rodar tiene bien ajustados sus mecanismos.

Aquí por donde se debía haber empezado en el tema de las autonomías es por la realización de serios y profundos estudios técnicos y políticos que demostraran, en primer término, la necesidad de éstas de un modo individua) y, en segundo término, pusieran al descubierto la viabilidad de las mismas con análisis sociológicos y económicos realistas.

Las autonomías, hay que decirlo de una vez, no van a ser, no pueden ser, una panacea que ponga fin y remedio a los problemas de las distintas regiones españolas. En muchos casos, por el contrario, pueden provocar unos desajustes sociales y económicos mucho más graves que los que ahora mismo se detectan. Por ello favorecer esta fiebre autonómica que por algunos sectores se está impulsando es una aberración política de primer grado y posiblemente un disparate mayúsculo desde un prisma nacional.

Nadie nos ha dicho hasta la fecha si existen estudios económicos solventes sobre el coste que previsiblemente va a tener todo el proceso autonómico, al parecer indiscriminado, al que se quiere llevar a todo el pueblo español. No es difícil predecir que este coste, traducido a pesetas, va a ser elevadísimo y no está el país, España, para dispendios en esta hora de aguda crisis económica. Presumiblemente los parlamentarios que alientan las preautonomías y el Gobierno tendrán ya redactado un profunda plan sobre todas estas cuestiones.

Pero no sería ocioso que se diera a conocer en sus mínimos detalles a toda la opinión pública española que, ahora mismo, asiste perpleja a esta feria preautonómica que parece que va a ser la gran tabla de salvación nacional.

Entendemos que se debía haber iniciado todo el proceso con un concienzudo plan de descentralización a todos los niveles. Si este plan no está aún elaborado, BU urgencia es inaplazable, pues tal vez con una eficaz política descentralizados no serían necesarias autonomías que, por razones históricas y de realismo, tienen escasa razón de ser. La tibieza con que a nivel de la calle se han acogido los últimos decretos leyes aprobados por el Gobierno en esta materia, deben hacer recapitular a todos los responsables de la política nacional sobre este tema que es, y que puede ser aún más en el futuro, el más conflictivo de cuantos se presenten de cara a! más inmediato horizonte de la nación.

La gente comienza a darse cuenta de que todo este crispado asunto de las preautonomías, de las autonomías, no va a resolver ninguno de los problemas cotidianos, graves problemas en lo social y en lo económico hoy mismo, con que nos enfrentamos irremediablemente. ¿Para qué, pues, urgencias autonómicas muchas veces no deseadas? Porque de verdad, se diga lo que se quiera, los únicos problemas reales, visibles, incontrovertibles en este terreno eran, y son, los de Cataluña y el País Vasco.

Lo demás, en un porcentaje muy elevado, son espejismos y artificiosidades que no sabemos a dónde podrán conducirnos en el mañana más próximo, aunque si alguien lo sabe que rompa su silencio y lo explique con toda claridad a los españoles de a pie.

No es difícil predecir que a la hora de traducirse a los hechos las palabras preautonómicas y autonómicas, se van a multiplicar los roces, las insolidaridades, las frustraciones, los pesares y los lamentos. ¿O es tal el clamor de la calle que era indispensable acallarlos, a cualquier precio, sin sopesar cuidadosamente los riesgos qué entraña esta delicadísima operación política muy poco explicitada por los responsables de la misma? En resumen, y antes de seguir en esta carrera preautonómica, habría que conocer a qué conduce todo este proceso, qué ventajas se van a derivar del mismo y si el país está ahora mismo en disposición de hacer frente a la multiplicación de gastos que todo ello, de forma inevitable, va a ocasionar.

Si todo obedece —excepto en los casos de Cataluña y el País Vasco— a una actitud de oportunismo político, habría que condenar enérgicamente esta política de alegres —y quizá mañana dolorosas— preautonomías.

Carlos BR10NES

 

< Volver