No nos rompan España     
 
 Ya.    31/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EN el mismo día se unen las declaraciones rotunda» de dos ministros del Gobierno sobre las autonomías: el ministro de Defensa y vicepresidente primero, teniente general Gutiérrez Mellado, afírmemelo "que España es una y no vamos a dejar que la rompan"; el ministro para las Regiones, señor Clavero, asegurando que "el Gobierno se opondrá a cualquier intento de independentismo o autodeterminación de las distintas regiones".

ALGO ha provocado esa coincidencia y no hay que ir muy lejos para encontrarlo en el "Afaerri Eguna" que se ha celebrado bajo la exigencia de la autodeterminación y la independencia y el lamentable acompañamiento de vivas a la ETA y banderas españolas ultrajadas.

COMENTANDO esos sucesos hemos observado que han sido sola> mente la expresión de una minoría; no hemos incurrido en el error de atribuirlos a la inmensa mayoría del pueblo vasco, que quiere sus libertades, pero que no es delirante ni irresponsable; sin embargo, no por eso se puede olvidar que ha sido la audacia de las minorías la que muchas veces ha llevado en su sentido la historia.

Tampoco podemos ignorar el caso de la región catalana, donde la preautonomía funciona con normalidad, pero tampoco ahí faltan quienes, como el senador señor Benet, amenazan con que a la calma actual pueda seguir la tempestad. ¿Y quién dejaría de prever la posibilidad de las tempestades que puedan producirse en (as regiones menos favorecidas económicamente, y cuyas aspiraciones autonómicas no son en el fondo más que reivindicaciones de otra naturaleza, cuando descubran que la autonomía no resuelve sus problemas e incluso puede agravarlos? Mucho de esto estaba en la intervención del senador Cañadas, exponiendo los problemas de su región extremeña.

NO creemos, como se ha afirmado recientemente en una tribuna prestigiosa, que estemos abocados ya a una guerra civil, pero nos parece evidente que las autonomías, si no se encauzan a tiempo, podrían llegar a ser el fulminante decisivo de un gravísimo conflicto.

PARÁ evitarlo habrá que trabajar inteligentemente y con generosidad tanto en la regulación de los estatutos autonómicos como para remediar las desigualdades entre las regiones, pero desde ahora mismo es indispensable que se delimite el marco de las futuras autonomías desforma que no quede la menor duda al respecto. Es lo que han hecho los dos ministros mencionados y lo que deberá reiterarse más autorizadamente todavía.

A este respecto, se ha apuntado la grave responsabilidad del socialismo sacrificando la gallardía de una actitud inequívoca sobre la unidad nacional a las discutibles, y en ningún caso limpias, ventajas de una solidaridad con los movimientos más o menos independisteis: la ambigua actitud del señor Rubial, presidente del PSOE y del Consejo General Vasco, es todo un símbolo. Confiamos en que, cuando se discuta la Constitución, el PSOE, que tanto habla de su tradición y de sus orígenes, se acuerde de aquélla y de éstos: no fueron precisamente los de desgarrar la. Patria de todos en una constelación suicida de insignificantes taifas.

 

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