¿Regiones marginadas?     
 
 Arriba.    31/03/1978.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

¿REGIONES MARGINADAS?

EN la sesión del miércoles, varios senadores alzaron voces irritadas por la escasa atención que, en el proceso autonómico, se está prestando al grave desequilibrio regional de nuestro país. Andaluces, extremeños e incluso manchegos recordaron la penosa situación de sus respectivas regiones y reclamaron auténtico respeto al que tantas veces se ha declarado como principio básico para la viabilidad de las autonomías: la solidaridad interregional o intranacional, como quiera llamarse.

En la historia de los modernos movimientos autonomistas europeos viene siendo constante que sean las regiones pobres de los diferentes países las interesadas en acceder a la autonomía, a fin de controlar mejor sus recursos, ahorro e inversiones. Así, por ejemplo, en el Reino Unido es precisamente Escocia la gran, interesada en alcanzar el autogobierno, sin que ello suscite, en cambio, gran efecto en la mucho más rica Inglaterra. Lo mismo se vería en casos franceses, suizos e italianos.

Paradójicamente, sucede en España lo contrario. Son las dos áreas más prósperas de nuestro país, Cataluña y el País Vasco, las que reclaman autonomía con mayor intensidad. Tal pretensión es bien razonable por razones históricas, lingüísticas y culturales de todos conocidas; pero ya es curioso que el sentimiento autonómico sea mucho menos vigoroso en Galicia, donde las razones aducibles son tan fuertes como en Cataluña y por lo menos no inferiores a las del País Vasco. La única diferencia es, precisamente, de prosperidad, reforzando, pues, la paradoja aludida.

Es lo cierto que el centralismo no supo o no quiso resolver el desequilibrio regional que padece España. Es más, algunos autores opinan que acentuó este desequilibrio enviando energía desde, las regiones pobres a las ricas, sin contrapartida alguna, y fomentando la inversión del ahorro de las regiones pobres en industrias y obras públicas de las regiones ricas.

El resultado fue una corriente de emigración interior: miles y miles de andaluces, extremeños, etcétera, se vieron competidos por la necesidad de trasladarse a Cataluña, el País Vasco o Madrid. Hay que reconocer como irritante el que, en. algunos puntos de destino, los compatriotas inmigrantes reciban tratos de segunda clase.

Asi, el regionalismo se ha ofrecido como posible solución de problemas de desequilibrio que el centralismo ignoró o acentuó. Pero atisban señales inquietantes de que algunos sectores, por fortuna minoritarios, desearían instrumentalizar el proceso autonómico para fortalecer privilegios y agravar marginaciones. La gravedad intrínseca del hecho es innegable.

Hay regiones de España, como Andalucía, que están llegando al límite razonable de paciencia, y podrían convertirse en campos abonados para la más violenta agitación social.

Conviene, en suma, recordar que el principio de solidaridad es inseparable del proceso regionalizador. Lo es por razones de justicia, pero también lo es por sensatez política.

 

< Volver