Autor: Cambreleng, Juan. 
   El desencanto de las autonomías     
 
 El País.    02/06/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

RFGIONES EL PAÍS, viernes 2 de junio de 1978

TRIBUNA LIBRE

El desencanto de las preautonomías

JUAN CAMBRELENG Consejero de la Junta de Canarias

Han transcurrido casi ocho meses desde que comenzó a manifestarse en el Boletín Oficial del Estado la concreción en disposiciones legales de las aspiraciones autonómicas de los diferentes pueblos y nacionalidades que componen nuestra Patria.

Cada disposición legal creadora marcaba los diferentes pasos a dar en la fase preautonómica para ir configurando, en preparación gradual y consciente, el futuro estatuto de autonomía que, dentro del marco constitucional, habrá de satisfacer las aspiraciones de cada región. A nadie se oculta, y en eso radica una de las peculiaridades del proceso autonómico —debido a la tradición y a la configuración socio-política de cada nacionalidad o región—, que no puede establecerse un tratamiento absolutamente paritario ni que la esperanza despertada en cada caso sea la misma.

Así, en Cataluña o en el País Vasco, el sentimiento autonomista tiene raíces históricas que conforman un sentimiento nacionalista peculiar, mientras que el ejemplo del archipiélago canario demuestra la oportunidad de establecimiento de la autonomía como necesaria respuesta a ciertos movimientos independentistas no deseados por el pueblo de esas islas.

¿Puede hacerse un balance de los logros y de los resultados conseguidos? ¿Podemos preguntarnos qué siente el ciudadano medio de cada nacionalidad o región sobre la preautonomía y su organismo preautonómico? Yo aseguraría que en la medida en que más se esperaba de cada Gobierno regional la decepción popular es mayor, caso de Cataluña, mientras que en otros casos la sensibilización fuerte se manifiesta en la clase política, que une a los problemas inherentes a la institucionalización regional otros que dimanan de la incapacidad o la falta de voluntad y cooperación del poder central, aspecto este mucho más importante y grave, y sobre el que es preciso hacer hincapié.

Tal como se plantean los diferentes textos preautonómicos, plagados, por cierto, de errores e inconcreciones que se ponen de manifiesto en la marcha cotidiana de los organismos nacidos a su amparo, se establecen unas fórmulas provisionales que desembocarán y prepararán la promulgación del respectivo estatuto. Y las partes implicadas, región y Gobierno, tienen que observar el calendario establecido para abrir ese trámite, largo y complicado, de la transferencia de competencias. Trámite .que en Cataluña está frustrando al pueblo catalán, que ve que no hay ningún resultado positivo, y que en otras regiones aún no se ha iniciado porque el Gobierno de Madrid no cumple lo ordenado por los respectivos reales decretos-ley.

La responsabilidad del Gobierno

Entiendo que el Gobierno, así, consciente o inconscientemente, está llevando mal el proceso de institucionalización regional y contrae por ello una grave responsabilidad. Si la dilación —e infracción de mandatos legales que desde aquí denuncio- es consciente, habría que acusar al Gobierno de intento de engaño a la opinión pública, a quien se ofreció, por muchos de los que hoy lo forman —durante la campaña de las elecciones generales—, la configuración de España como Estado regional, promesas que se ven ahora como simple señuelo para el voto, pero que no se mantienen porque espiritualmente se sigue defendiendo el tradicional espíritu centralista que confirma en este aspecto el origen poco democrático de quien encabeza el ejecutivo del Estado. Si el retraso es inconsciente, también debe denunciarse, pues significa que ni el Ministerio para las Regiones —cosa evidente— sirve para gran cosa —¿estructuras, personas?-, ni el Gobierno de este país, que se intenta sea democrático, está preparado para acatar y respetar la ley, indicio de que, en el fondo, late el sentimiento de la aceptación de las posturas de autoridad antepuestas a la disciplina democrática del respeto a la soberanía popular.

En cualquier caso, mal podrán convencer, quienes hoy gobiernan, al resto de los ciudadanos, sobre sus buenos y firmes propósitos en el proceso de regionalización. La conveniencia y el oportunismo siguen privando, y esto es peligroso y será objeto de exigencia de responsabilidades, al menos, históricas.

Desórdenes sociales, tensiones y conflictos en las zonas geográficamente peculiares, imposibilidad de cada región o nacionalidad de asumir pronta y urgentemente el ejercicio de su gobierno en las materias regionales específicas, son manifestaciones que se darán pronto, como consecuencia deísta deficiente política, cuyas motivaciones finales desconocemos, pero que se nos antojan ya caprichosas y sin sentido.

 

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