Autor: Cervera, Enrique. 
 Ante el nuevo curso. 
 La presencia de lenguas regionales en la escuela no es el problema mayor     
 
 Ya.    03/09/1978.  Página: 38. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ANTE EL NUEVO CURSO

La presencia de lenguas regionales

en la escuela no es el problema mayor

La duda y el escepticismo engordan a la sombra de problemas de orden práctico • Faifa de preparación y mentalización del profesorado, insuficiencia de ordenación oficia/, carencia do programas adecuados y el nerviosismo de los impacientes afectan a las regiones socíológicamenfe bilingües

El nuevo curso está a la vuelta de la esquina con su carga de problemas proporcional a la complejidad del momento político del país. Contrariamente a lo que pudiera pensarse, la presencia de las lenguas regionales en la escuela no es el "menos complicado de estos problemas. Sin discutir la oportunidad, y mucho menos la legitimidad, de las lenguas regionales en la educación, hay que reconocer que su advenimiento ha sido fruto de una operación política.

Los políticos que tal han conseguido, unas veces bajo el pretexto de servir al pueblo, otras sirviéndose de él (como siempre, invocando a todo el pueblo, cuando en realidad se trata tan sólo de un sector que desearían ampliar}, es fácil que supieran lo que pretendían al levantar esa bandera. Pero estamos seguros de que ahora mismo un sector del pueblo—en las mismas regiones afectadas por las medidas tomadas o en previsión—no sólo se preguntan para qué sirven estos los/ros, sino que empiezan a pensar que no todos los triunfos son oros.

La duda y el escepticismo engordan a la sombra de problemas domésticos de orden práctico, como pueden ser la falta de preparación y de mentalización del profesorado, la insuficiencia de la ordenación oficial, la carencia de programas adecuados que delimiten los contenidos, la remora administrativa, el nerviosismo de los impacientes y toda esa problemática compleja, entre social y afectiva, que afecta a las regiones sociológicamente bilingües.

Cada una de estas razones es suficiente si no para esterilizar sí para dificultar los mejores propósitos presentes en la oficialización del bilingüismo en la educación. Pero las dificultades principales, a nuestro juicio, emanan precisamente de las circuntancias políticas que apadrinan esta reforma.

LA LENGUA, COMPAÑERA DEL IMPERIO

En los albores del Renacimiento, Nebrija justificó su "Gramática sobre la lengua castellana", de tendencia unitaria, con aquello de que "siempre la lengua fue compañera del imperio" Si ahora lo recordamos, con todo el respeto a la historia, ha de ser sin -desahogos de iras inútiles y sin afanes de parodias denigrantes.

El suyo era momento de despertar nacionalidades y de forja de imperios. Bienvenida ahora cualquier iniciativa encaminada a robustecer, enriquecer y, si hace falta, restaurar la personalidad de cada uno de los pueblos de España. No obstante, ahora que los imperios estan en declive y los imperialismos muy mal vistos habra que desechar con sinceridad y gallardía cualquier tentación de nuevo imperialismo, incluso esos imperialismos de mal disimulado desquite que claramente emergen en el panorama político español.

No nos preguntamos si tiene sentido la divulgación y cultivo del vascuence en el País Vasco o del catalán en Cataluña. Tampoco juzgamos el proceso unificador a que se están sometiendo tales lenguas en sus respectivas áreas—éusquera batúa, catalán unificado—pese a los riesgos de despersonalización y extorsión de la realidad lingüística que ello supone. Pero no deja de sorprender el afán de extender esa uniformidad más allá de sus límites geográficos, como sucede con el catalán en su empeño de asimilarse al valenciano, en vistas a sentar las bases de los tan interesada como impropiamente llamados Países Catalanes.

Precisamente aquí se ve con claridad que tras la tapadera pedagógica se esconde una programación política a corto o largo plazo. Aquí sí habrá que recordar nuevamente lo trasnochado de los imperialismos, pequeños o grandes. Y no bastará con destacar su retraso histórico, hay que preguntarse también por su intencionalidad política que trasciende a la mera chinchorrería de vecindad o de familia para transformarse en elemento de discordia y en antagonismos inoportunos.

Por ello, ante el cariz político que comportan estas llamadas a la unidad distinta del alcance nacional, uno tiende a preguntarse: ¿Unidad, para qué? O más audazmente: ¿Imperialismos, para qué? ¿Imperialismos a favor de quién? ¿Imperialismos, contra quién?

TODA PRUDENCIA SERA POCA

Esta vertiente política del problema evidentemente ha de tener tratamiento político. El período de aires preautonómicos que vivimos urge en este sentido. Demorarse en la definición de algunas cuestiones como ésta puede hacer que las auras románticas que iniclalmente arrullan siempre el nacimiento de todos estos movimientos se conviertan en cierzos agresivos cuando no en huracanes devastadores.

Pero desde el punto de Vista pedagógico y por la incidencia del hecho sobre los niños—no hay que olvidar que esta compleja problemática se cierne sobre la Educación General Básica: niños d seis a catorce años—toda prudencia será poca, sobre todo en algunos casos. Coacciones, agresividad, rechazos, partidismos, discriminación, imposiciones arbitrarias son actitudes que neutralizan las mejores intenciones en educación. Y lamentablemente son actitudes que acechan amenazadoras tras este hecho y en ocasiones han anunciado ya su aparición.

Si el buen criterio de padres y maestros no llegase adonde les es imposible a las previsiones legales, y el espíritu conciliador y de sentido camún no predominan sobre sus extremos contrarios y sobre los intereses de partido y de grupo, las consecuencias son imprevisibles.

Y sería desastroso que lo concebido como medio para favorecer el respeto mutuo y la convivencia nacional sirviera precisamente para su deterioro.

JUAN CERVERA

 

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