U.C.D. Y las nacionalidades     
 
 ABC.    22/10/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ABC. DOMINGO, 22 DE OCTUBRE DE 1918.

U.CD. Y NACIONALIZACIONES

De primeras noticias deducimos que U. C. D. se decide contra las nacionalizaciones, en su ponencia energética. Al parecer, rechaza la táctica nacionalizadora, incluso aplicada a las redes de alta tensión y a las centrales nucleares. Si esta decisión se confirma —como esperamos—. Ü.C. D. quedará situada, en cuanto a la importantísima materia energética se refiere, en una posición digna de aplauso por su realismo económico, por su congruencia doctrinal [en cuanto mantiene el sistema de economía de mercado) y también por el impacto favorable que producirá esta declaración en más de un millón de accionistas —pequeños accionistas, en su inmensa mayoría— que tienen las empresas del sector.

La táctica nacionalizadora de las empresas eléctricas —pues que no pasa de ser simple táctica, sin aportación técnica o económica digna de estimación positiva— tiene ya una larga experiencia a sus espaldas: Italia, Francia. Gran Bretaña.., Pero sus resultados no son convincentes, ni siquiera alentadores. El servicio a los abonados, al conjunto del país, no es mejor que el disfrutado en aquellas naciones donde la producción y distribución de la energía eléctrica está en manos de las empresas privadas.

Y conste, sin triunfalismo alguno, que España, en este aspecto, no tiene nada que envidiar a los países de más desarrollo económico y tecnológico. Por otra parte, el precio de la energía a los consumidores o usuarios no es menor en los sistemas nacionalizados; en los que, por cierto, ¡as elevaciones periódicas de tarifas, a tenor de las elevaciones de costes, se producen al mismo ritmo, o más veloz todavía. Las soñadas ventajas de consumos más baratos no aparecen por ninguna parte. Como pasa siempre, lo que no se paga en «recibos», se paga en impuestos.

El realismo económico desaconseja las nacionalizaciones: en el sector eléctrico y en cualquier otro. Si se publicasen ahora, sin fallo ni disimulo, las pérdidas anuales de las empresas españolas nacionalizadas, una tras otra, las cifras serían espectaculares. Pero si se explicase, al tiempo, con toda claridad, a las clientelas electorales —es decir, al pueblo— que esas tremendas pérdidas no las paga ningún fantasmal y desconocido bienechor, sino que las pagamos todos los ciudadanos, ricos y pobres, entonces las cifras resultarían evidentemente escandalosas.

La economía de mercado, además, en su definición auténtica, no es sistema de nacionalizaciones. Cada nacionalización que se realiza, en su marco, contradice este sistema. Y lo desvirtúa aunque se intente cubrir o disfrazar !a nacionalización con apelaciones a esas consignas de lo «social» o lo «socialmente avanzado», de las que sólo resultan ser beneficiarios, en último término, los burócratas. Socialización o nacionalización y burocracia se desarrollan con riguroso y fatal paralelismo.

Ninguno, por último, de los dos concretos temas en los que se centran las aspiraciones nacionaiizadoras en el sector eléctrico —las redes de alta tensión y las centrales nucleares— justifican tales propósitos.

Ni los controles de seguridad en las centrales nucleares —ya ejercidos desde organismos oficiales e internacionales— serían más severos y perfectos si estas centrales se nacionalizan, ni las enormes inversiones que requiere su construcción serían menores dejándolas en manos del Estado. Mucho más probable parece, en este supuesto, esperar encarecimientos e, incluso, despilfarres. No sería la primera vez.

Las redes de alta tensión funcionan, hace ya muchos años, interconectadas en todo el área nacional —y con tas líneas de Francia y de Portugal— y bajo control. Ni se desperdicia energía, ni el funcionamiento es anárquico, ni se prescinde punca de un principio de rigurosa rentabilidad en las opciones obligadas de consumo: energía procedente de centrales hidráulicas, térmicas y nucleares.

Ha sido, dicen las noticias, vivo, encendido, reñido, el debate en el seno de la ponencia energética del Congreso de U. C. D. Si la conclusión contraria a las nacionalizaciones se mantiene como definitiva, U. C. D., en la opinión de muchos —en la nuestra, desde luego—, quedará centrada, en este Importante asunto, en su sitio.

 

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