Autor: Vara, José Alejandro. 
 Entrevista con el profesor Gustavo Bueno, director de la división de Filosofía de la Universidad de Oviedo. 
 "La autonomía regional no puede estar desvinculada de la universitaria"     
 
 El País.    11/11/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

EL PAÍS, sábado 11 de noviembre de 1978______________ SOCIEDAD

El contencioso planteado entre Oviedo y Gijón por el futuro de la división de Filosofía, Psicología y Ciencias de la Educación ha finalizado con el triunfo de la tesis de su traslado a Oviedo, defendida por el director de la sección, Gustavo Bueno, y por la mayoría de los alumnos y profesores.

Nada más conocerse el traslado, se produjo una fuerte reacción de las autoridades municipales gijonesas, que llegaron a amenazar con su dimisión. También la prensa local dedicó amplia atención al tema. El director de El Comercio hasta sugirió la conveniencia de la abstención en el referéndum constitucional. Con el profesor Gustavo Bueno, la persona más duramente criticada desde Gijón con motivo de todo este problema, sostuvo el corresponsal de EL PAÍS José A. Vaquero la siguiente entrevista.

Entrevista con el profesor Gustavo Bueno, director de la división de Filosofía de la Universidad de Oviedo

"La autonomía regional no puede estar desvinculada de la universitaria´

Pregunta. Señor Bueno, ¿qué repercusiones va a tener para la Universidad de Asturias el traslado a Oviedo de la división de Filosofía y, Ciencias de la Educación que venía funcionando en Gijón?

Respuesta. Además de las que puedan derivarse, específicamente, de la reintegración al tronco de la Universidad de Oviedo de una rama que, desgajada por sí sola no podría haber seguido viviendo, pero que restituida puede, no sólo reanimarse sino colaborar a fortalecer en alguna medida la vida de todo el organismo, me parece que también han de tenerse en cuenta las repercusiones genéricas en orden a la profundización de la autoconciencia del destino de la Universidad de Asturias y, por qué no decirlo, de su propio poder, que si sería vano sobreestimar, no sería menos imprudente subestimar.

Cuando hablo de una profundización de la autoconciencia de la Universidad, me refiero sobre todo a la progresiva evidencia de que su unidad, la unidad de sus partes heterogéneas, no es algo que deba considerarse dado sino algo que hay que estar haciendo constantemente. Algo que hay que hacer en público —como se ha hecho con todo este asunto—, en presencia de todas las fuerzas sociales y con la energía que de ellas dimana.

Porque la soldadura constante entre las partes heterogéneas de la Universidad, que tienden siempre a desmembrarse, tampoco podría establecerse directamente, pese a que algunos puristas así lo piensan. Cuando hablo de la necesidad de no subestimar su poder, quiero referirme a que en una sociedad democrática la universidad puede tener un peso mucho mayor que aquel que le corresponde en otras situaciones políticas,´dado que este poder le viene exclusivamente de la racionalidad de «las cosas mismas» y no de los impulsos, acaso legítimos, pero oscuros y amorfos y que, aunque muy violentos acaso, térmiran por neutralizarse recíprocamente.

P. El anterior rector, José Caso, ha insinuado públicamente que usted no puso obstáculos cuando le comunicó la decisión de crear en Gijón la división.

R. Si se llama no poner obstáculos a plegarse, sin aspavientos trágicos que pudieran poner en peligro de desarbolar la nave recién nacida, a la fuerza de unas corrientes cuya dirección y convergencia nos era perfectamente conocida, con objeto de poder hacer la maniobra de retorno en el primer momento posible, cierto que no puse obstáculos. Poner obstáculos entonces hubiera sido poner obstáculos a la instauración de estos estudios en la Universidad de Asturias.

P. Le han acusado a usted de aceptar el inicio de las clases en Gijón convencido de que en un plazo más o menos breve volvería a Oviedo la división.

R. Acepto la acusación, que no es incompatible con mis simpatías privadas por Gijón y con mis deseos subjetivos de convivencia con los gijoneses. Pero aquellas simpatías, como estos deseos, por su carácter puramente individual, son totalmente insignificantes en el conjunto de la argumentación, y sólo pueden aducirse como explicación de ciertas manifestaciones optativas que no quisieron ser apreciadas a lo largo de la polémica.

P. Por otro lado, se ha dicho que usted se ha visto defraudado de no conseguir el protagonismo que esperaba en una población eminentemente proletaria como es Gijón y que fruto de esa decepción ha sido su firme decisión de trasladar los estudios a Oviedo.

R. Probablemente estas cosas se han dicho desde la óptica de algunos políticos que creen que un protagonismo académico puede lograrse en un par de años, ignojraftáíique ese «protagonismo» (llamemos así a La expresión psicologista de lo que puede ser una legítima voluntad de influir en la sociedad que nos rodea) exige decenios. Precisamente, creo que es a la población proletaria de Gijón a la que se le hace un servicio más profundo tratando de elevar el nivel de unos estudios que se realizan a veinte minutos de distancia, que no rebajándolos en nombre de una proximidad demagógicamente utilizada.

" Hubo una cierta fuerza

de repulsión hacia nosotros,

P. ¿Es cierto que la decisión de crear la división en Gijón ha estado motivada por una decisión del entonces ministro de Educación, el gijonés Aurelio Menéndez, y por el deseo de algunos círculos ovetenses influyentes.de alejar de la capital su facultad «materialista», en tanto que foco potencialmente conflictivo?

R. Más que de cacicada yo preferiría hablar de «carambola» o «resultante» de la convergencia de un conjunto de fuerzas que actuaron cada una siguiendo

su propia ley. Entre estas fuerzas habría que contar, desde luego, una cierta fuerza de repulsión hacia nosotros, entonces actuante". Seguramente, además, las autoridades académicas y políticas actuaron con la mejor voluntad de dotar a Gijón de centros universitarios, una vez que había sido desechado el proyecto de los colegios universitarios.

Me consta que las autoridades municipales gijonesas de entonces ni conocían ni por tanto querían la división en «reserva» que se les ofrecía. Quizá lo que ocurrió es que las autoridades académicas y ministeriales no calibraron bien el significado exacto de nuestra división en el conjunto de la Universidad, confundiendo su escasa «fuerza muscular» en aquel momento con su gran capacidad dé reacción como fibra nerviosa. Creyeron que todas las partes eran intercambiables, una vez que se habían reducido a términos de «unidades didácticas».

P. ¿Cómo juzga usted la actitud de los partidos políticos en la disputa protagonizada por Oviedo y Gijón? ¿Cuál es su opinión sobre la autocrítica del PCA? .

R. Hay que diferenciar mucho, tanto entre los partidos como entre las posiciones mantenidas en el seno de cada partido. No cabe confundir, por ejemplo, las posiciones dentro del PSOE, del señor Moran con las del señor Palacio. Las mismas posiciones de algunos parlamentarios de UCD en particular la del señor Prieto Valiente, fueron muy matizadas y positivas. El señor Zalaya, de la junta directiva de AP, dimitió de su cargo a raíz de este contencioso.

Desde luego, me parece evidente que los partidos parlamentarios que apoyaron en principio la tesis opuesta a la nuestra, actuaron precipitadamente, padecieron de confusión de ideas e incluso de un érror de cálculo, puesto que, como representantes del pueblo, no podían olvidar a 700.000 asturianos frente a 300.000 gijoneses Es cierto que la división desbordaba ampliamente los límites de una cuestión técnica porque planteaba por primera vez la cuestión de las competencias de la Universidad partidos políticos y Consejo Regional, ante un asunto importante que podía tener el valor de un paradigma. Los partidos de izquierda no parlamentarios (ORT, MCA, PTE, PCE VIII-IX, PCOE,

PCTA), precisamente por su situación, estuvieron en condiciones de ver claro desde el principio. La rectificación del PCA me parece también muy significativa y a mi juicio es una prueba de que este partido puede recuperar en un momento dado una visión política de Mas alto alcance, verificándose la máxima de Lenin: «Lo grave no está en cometer un error, sino en no saber reconocerlo a tiempo.» .

P. ¿Cómo juzga usted el enfrentámientó surgido entre Oviedo y Gijón por la división de filosifia? ¿Cuáles han sido; en su opinión, las causas reales de la excitación popular que llegó a producirse en Gijón? , R. El enfrentamiento puede ser positivo. «La verdad está en la lucha». Las causas reales de la excitación popular hay que ponerlas, me parece, en la agitación promovida desde el Ayuntamiento a través, sobre todo, de la prensa y la radio gijonesa. Sin duda había una base objetiva de la situación, a saber la inquietud real del pueblo de Gijón por sus problemas culturales; pero estas inquietudes fueron aplicadas a un objetivo erróneo. Ofrecer como objetivo la división era simplemente un error, una asociación de ideas con fosa.

P. ¿En qué medida la provocación de este tipo de estallidos localistas son perniciosos para la creación de una auténtica conciencia regional en Asturias?

R. Pueden ser también beneficiosos, si la unidad regional no" se entiende como inerte unidad de homogeneidad.

P. ¿Puede estar la autonomía universitaria desvinculada de los organismos autonómicos regionales?

R. No, pero debido a que los organismos autonómicos regionales tampoco pueden estar desvinculados de la autonomía universitaria de la autonomía de una institución que tiene leyes estructurales anteriores a las de los propios partidos políticos.

 

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