Autor: Carretero y Jiménez, Anselmo. 
 El batiburrillo regional (I). 
 España, una de las naciones más complejas del mundo     
 
 Diario 16.    18/12/1978.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Diario/ l8-diciembre-78

opinión

----------El batiburrillo regional (I)----------

España, una de las naciones más complejas del mundo

Sabido es que España surge en la historia, al lado de Francia e Inglaterra, como una de las primeras grandes naciones del mundo moderno y eminentes autores afirman que fue la primera de ellas. Se sabe también —y basta darse una vuelta por el territorio español para confirmarlo— que, a diferencia de otras muchas, España no es una nación homogénea formada por un solo pueblo, sino un conjunto de pueblos, cada uno de ´ellos con características propias, á ninguno de los cuales se puede aplicar el gentilicio español con mayor o menor razón que a cualquiera de los demás. Pueblos o regiones históricas cuyos nombres todos los españoles hemos aprendido con las primeras nociones de geografía nacional: Galicia, Asturias, León, Castilla la Vieja, provincias vascongadas (País Vasco), Navarra, Aragón, Cataluña, Extremadura, Castilla la Nueva (antiguo reino de Toledo), Murcia, Valencia, islas Baleares, Andalucía e islas Canarias. A los cuales hay que añadir Portugal, pueblo 4an español como cualquiera de estos quince, pues los nombres de España o Iberia, tanto en la geografía física como en la humana y en la historia, significan propiamente todo el conjunto peninsular y sus islas hermanas.

Las comunidades nacionales son productos muy complejos de la historia, única madre capaz de concebir y parir naciones. No hay dos naciones iguales, porque no hay dos historias iguales, dos pueblos Iguales ni dos hombres iguales. Como corresponde a una larga y rica historia y a una naturaleza de gran diversidad, la nación española es ricamente varia, una de las naciones más complejas del mundo, plurilingüe y formada por los pueblos que acabamos de enunciar.

Las raíces españolas

Todos ellos tienen sus orígenes inmediatos en las vicisitudes militares y políticas de la reconquista medieval y sus raíces más profundas en la España prerromana: en los vascones del Pirineo navarro-aragonés, en los cántabros, los vascos (*), los celtas, los lusitanos, los celtíberos, los tartesos y otros pueblos prerromanos y aun preceltas que muchas generaciones antes de los actuales españoles moraron en la península Ibérica.

Se afirma, como hecho generalmente conocido, que la cuna de la reconquista cristiana de España, y por ello de la nación española, fueron las montañas de Covadonga, donde nació el reino neogodo de Asturias, continuador del imperio visigodo de Toledo, que después trasladó su capital a León y de cuyo tronco son ramas los actuales pueblos de Asturias, León, Galicia y Portugal; lo cual es sólo una verdad a medias, preñada de falaces consecuencias. Porque o damos por buena la doctrina de los separatistas catalanes, que dicen no ser españoles, o estamos obligados a afirmar que la Reconquista que comienza en el Pirineo oriental, origen de Cataluña, no es menos española que la iniciada en Covadonga.

España es un conjunto de pueblos., cada uno con características propias

La reconquista que comienza en el Pirineo oriental, origen de Cataluña., no es menos española que la iniciada en Covadonga

Ya tenemos, pues, dos reconquistas hispanocristianas que no es posible confundir: una de raíces sociopolíticas visigodas; de estirpe franca la otra. Entre ambas, la astur neovisigoda, al occidente, y la catalana neofranca, al oriente, hay otros núcleos reconquistadores que se caracterizan por su mayor autoctonía, pues nacen en comarcas poco romanizadas y con escasa influencia extrapeninsular: los que surgen en los Pirineos navarro-aragoneses —orígenes, respectivamente de los reinos de Navarra y Aragón— y el que tiene por base las montañas vascocántabras —que da nacimiento al condado de Castilla y Álava.

Las lenguas

Como continuadores de la cultura romano-visigoda y del romance de la corte de Toledo, los países de la corona de León y Cataluña dan vida a dos grupos de lenguas: el idioma galaico-portugués y los bables asturleoneses —que llegan hasta tierras de Huelva—, por un lado, y el catalán y sus derivados valenciano y mallorquín, por el otro; ambos más afines entre sí que cualquiera de ellos con el castellano.

Las reconquistas vasco-caste-llana, navarra y aragonesa desarrollan después, espontáneamente y sin coacción alguna, sobre territorios de substrato lingüístico euscaldún, un nuevo romance, llamado castellano, como pudo haberse llamado romanee cántabro ó del Alto Ebro —con algunas variantes comarcales—; a la vez que en el interior del País Vasco y de la montaña navarra se conservan, vivos diversos dialectos eusquéricos.

Conquistas y autonomías

El reino de León se extiende al sur de Salamanca por la Extremadura leonesa, hoy Extremadura por antonomasia. Cataluña conquista las islas Baleares, que hasta hoy se mantendrán como región de lengua vernácula catalana. Unidas las coronas de León y Castilla, conquistan o repueblan y organizan juntas los territorio» de Toledo y la Mancha (Castilla la Nueva), Murcia y Andalucía (Castilla Novísima), regiones históricas que conservarán hasta nuestros días sus respectivas personalidades colectivas. A la vez, la corona catalano-aragonesa conquista el reino de Valencia, que se convierte en nuevo reino —bilingüe, aunque predominantemente catalán— unido directamente a la corona del conde rey de Cataluña y Aragón.

Juntas las coronas castellano-leonesa y catalano-aragonesa en tiempos de los Reyes Católicos conquistan las islas canarias, desde entonces tan españolas como las Baleares y las regiones de la Península, Poco después, el Rey Católico incorpora Navarra a la corona de León y Castilla, dentro de la cual conservará su propia autonomía.

El caso de Portugal

Portugal, que desde el siglo XII se había separado de León y afirmado como nacionalidad, pasa a formar parte de la corona que, por primera vez y con pleno derecho, puede llamarse española en el reinado de Felipe II, pero las torpezas de una corte unitaria y centralista impiden consolidar esta unión y Portugal se separa de nuevo del resto de los Estados peninsulares. Desde entonces el trono asentado en Madrid lleva un nombre que en estricta verdad no le corresponde, porque ningún estado o nación puede usar con plenitud el de España si no abarca a toda la península Ibérica.

Dieciséis pueblos que los textos de historia, por razones de sencillez formal, agrupan de acuerdó con los limites fijos de las superestructuras estatales, pero cuyas semejanzas y diferencias más profundas están en los diferentes orígenes y diversos desarrollos históricos de sus estructuras sociales y sus culturas.

Asturias, Extremadura, Aragón, Murcia, León, Andalucía... no son, pues, invenciones literarias o bromas políticas como alguien con demasiada ligereza afirma, sino multiseculares realidades con mayor personalidad histórica que muchas nuevas naciones hoy internacionalmente reconocidas.

Con las inexactitudes propias de toda excesiva concisión hemos expuesto en pocas lineas cómo en el curso de los siglos la nación española se ha formado con los diversos pueblos, regiones históricas o nacionalidades que hoy la componen, y por qué, a diferencia de otras naciones simples u homogéneas, es una nación compleja: lo que hemos llamado una nación de naciones o nación da orden superior, expresión que algunos rechazan como disparatada por no figurar en los tratados de Teoría del Estado,

Derecho Constitucional o Ciencia Política, pero que responde a una realidad española —y de algunos otros países—, histórica y actual, observada objetivamente al margen de doctrinarismos de escuela y enfoques académicos.

Llamamos genéricamente vascos a las tribus euscaldunas —bárdulos, caristios y autrigones— que, entra los cántabros y los vascones propiamente dichos, ocupaban en lineas generales el territorio de las actuales provincial de Guipúzcoa, Vizcaya y Álava.

 

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