Autor: Carretero y Jiménez, Anselmo. 
 El batiburrillo regional (II). 
 España, actualidad federal     
 
 Diario 16.    19/12/1978.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Diariol 6/ 19-diciembre-78

El batiburrillo regional (II)

España, actualidad federal

Anselmo Carretero

El problema que hoy se plantea a los españoles no es el de preservar la unidad de la nación, puesto que España es por naturaleza varia, sino al contrario: dotarla de una estructura adecuada a su natural diversidad, afirmar tanto la cohesión del conjunto como la personalidad de cada uno de sus pueblos, que evite tanto el unitarismo aplastante como el separatismo desgarrador.

Esto es lo que precisamente se propone el federalismo: proteger con la unión de todos el libre desarrollo de cada cual. Si España es un conjunto de nacionalidades o nación de naciones, la estructura del Estado a ella adecuado es, naturalmente, la federal. Si hay alguna nación en el mundo que por su naturaleza, su historia y Su cultura requiera un Estado federal, ninguna más que España. La idea del federalismo nacional, que en 1931 parecía a Ortega arcaica y perturbadora, resulta hoy de mayor actualidad que cuando en el siglo pasado la defendía Pi y Margall como la forma de Gobierno "más acomodada a la índole, al carácter y a como se ha ido constituyendo la nación española".

Considerada la federación como la estructura del Estado más adecuada a la condición natural de España, es evidente que las entidades federadas llamadas a integrarla deben ser, en principio, todas las regiones históricas. (Si alguna quisiera fusionarse con otra vecina, por ejemplo: si Valencia quisiera unirse a Cataluña o Navarra al País Vasco, a ellas mismas correspondería decidir.) Ya en las Cortes da la

I República, Pi y Margall pedía que se reconstituyeran los antiguos reinos como base para la delimitación de los Estados integrantes de la federación.

El nombre, secundario

El nombre de estas entidades nos parece cosa de importancia secundaria. En los Estados Unidos se llaman Estados; en Yugoslavia, Repúblicas; en Suiza, Cantones; en Alemania Países (Lánder). Algunos dan mucha importancia al término empleado. ¿Nacionalidades?; ¿por qué no, puesto que se

trata de comunidades nacionales? ¿Regiones históricas?, ¿por qué no, puesto que lo son? Si el vocablo nación aún no está bien definido, ¿quién en España podría señalar con precisión los límites entre los conceptos de nacionalidad y región histórica? Si Cataluña es una nacionalidad, ¿por qué no lo es Valencia? Y sí ésta también lo es, ¿por qué no Aragón o Andalucía? No olvidemos que entre las regiones españolas, incluso entre las de lengua castellana (Asturias y Murcia, Andalucía y Aragón), se dan mayores diferencias que entre algunas naciones independientes de Hispanoamérica (Nicaragua y Honduras, Argentina y Uruguay),

En la literatura política internacional es muy frecuente utilizar el nombre de nacionalidades para designar a las diversas naciones que se hallan incluidas dentro de un estado plurinacional: las nacionalidades de la U. R. S. S., las nacionalidades chinas, las nacionalidades de Yugoslavia. Nosotros solemos emplear genéricamente el vocablo pueblo (los pueblos de España) y también, según el contexto, las denominación naciones de nacionalidades, comunidades nacionales o regiones históricas.

La Constitución puede durar

La Constitución elaborada por las Cortes no es precisamente la Constitución federal que nos hubiera gustado, pero nos parece aceptable, dadas las difíciles circunstancias en que ha sido elaborada, para las necesidades de la presente etapa histórica. Es un texto sin grandes pretensiones doctrinales, que garantiza a todos los ciudadanos las libertades y derechos fundamentales propios de una sociedad democrática:

que facilita la convivencia pacífica y fecunda de todos los pueblos de España en el respeto a sus autonomías internas; que permitirá gobernar dentro del marco constitucional a políticos progresistas o conservadores, socialistas o partidarios de la empresa privada, según lo decida en cada momento la voluntad del cuerpo electoral, y que, por ello mismo, bien podría durar más que un código constitucional de gran empaque teórico solemnemente redactado para una vigencia multisecular.

Ha llegado, pues, el momento de que los pueblos todos de España se preparen para el ejercicio de los derechos autonómicos que constitucionalmente pueden obtener, en beneficio general del conjunto español y particular de cada uno de ellos.

En lo sucesivo, si por firme, exigencia de los ciudadanos la Constitución se cumple cabalmente, tanto en el ámbito del Estado español como en el de cada una de las regiones, nadie podrá alegar que el centralismo asfixiante del Gobierno de Madrid no ha permitido el desarrollo regional.

Mañana: ¿CASTILLA Y/O LEÓN?

 

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