Autor: Carretero y Jiménez, Anselmo. 
 El batiburrillo regional (V). 
 Graves errores autonómicos     
 
 Diario 16.    22/12/1978.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Diario 16/ 22-dictembre-76

El batiburrillo regional (V)

Graves errores autonómicos

Anselmo Carretero

opinión /5

Sí aceptamos los estatutos regionales como un buen paso hacia la solución definitiva del problema de las nacionalidades en España —que para nosotros sería el Estado federal—- es preciso poner mucho cuidado en lo tocante a las regiones de León y Castilla, de tan destacada significación histórica, y no olvidar las de Toledo y la Mancha (Castilla la Nueva o antiguo reino -de Toledo) y Murcia, envueltas en gran confusión.

La creación de esas heterogéneas y nebulosas entidades geopolíticas de Castilla-León y Castilla la Mancha (cuya mera denominación pone de manifiesto que el territorio castellano ha sido repartido entre dos regiones con él limítrofes) y la de la mutilada Murcia, a la vez que se quedan al garete, como erráticos cantones, partes fundamentales de Castilla (la Montaña y la Rioja) y de León (la provincia de este nombre), sería gravísimo error. Estas híbridas regiones artificiales y estas comarcas nones, en lugar de afirmar la estructura nacional de España vigorizando la personalidad de los pueblos que la componen, degradarián fatalmente las de León, Castilla y la Mancha y dejarían mutilada la de Murcia.

La Montaña santanderina, cuna de Castilla —hay que repetir esto infatigablemente— y hasta tiempos recientes parte norteña de la provincia burgalesa, es tan castellana como aragonesa pueda ser Huesca, catalana Gerona o gallega La Coruña. La Rioja, solar de encuentro de cántabros, vascos y celtíberos —los tres grupos que componen el substrato prerromano de la población castellana—, es la comarca que ha dado a Castilla su símbolo religioso, la primera prosa escrita en romance castellano * y su primer poeta de nombre conocido, cuando aún se hablaba bable leonés al poniente del Pisuerga. Las viejas tierras comuneras de las provincias de Madrid, Guadalajara y Cuenca son tan castellanas como las de Soria, Segovia y Avila; no obstante lo cual se proyecta unir aquellas tres con las de Toledo y la Mancha, las de Soria y Avila con las leonesas, y repartir las de Segovia entre la

región «castellano-leonesa» y la «castellano-manchega».

Semilleros de problemas

Tales artificiosos engendros pueden ser, además, semilleros de problemas y dificultades en el panorama nacional de España. Si la arbitraria división provincial de 1833 ha traído todos estas complicaciones a la hora de plantear en 1978 la cuestión de las autonomías regionales, no hay- que tener grandes dotes adivinatorias para ver gérmenes de futuros conflictos en esas divisiones regionales precipitadamente decretadas contra la geografía y la historia.

Por otra parte, presentar como cosa hecha la creación de nuevas reglones apresuradamente concebidas por la presente coalición gubernamental con menor o mayor asentimiento de la oposición parlamentaria— sin la aprobación explícita de los pueblos afectados previa una etapa de objetiva información, sería escamotear a éstos su indiscutible derecho a una autonomía regiona1 conscientemente implantada.

Es un hecho general que los movimientos reívindicativos de las nacionalidades surgen de preferencia en los medios intelectuales, donde mejor se conocen y más se estiman los valores —históricos, culturales y morales— de la comunidad nacional, y que tales movimien-, tos sólo llegan a triunfar Cuando consiguen la adhesión mayoritaria de las clases trabajadoras. (recúerde el lector, por ejemplo lo que fueron a comienzos de siglo y lo que son ahora las actividades proautonómicas en Cataluña y el País Vasco.)

Falsa conciencia nacional

Cuarenta años de brutal imposición unitaria y centralista no han conseguido extirpar los sentimientos nacionales de los catalanes y los vascos; al contrario, los han avivado, y en el caso de estos últimos exacebado y desorbitado a extremos jamás antes conocidos; también han despertado la conciencia comunitaria de otras muchas regiones de España (Galicia, Valencia, Andalucía, Canarias...). Pero en León y en Castilla, donde el francofalangismo actuó de otra manera, el daño ha sido incruento, aunque hondo y difícil de remediar, porque un pertinaz adoctrinamiento, & base de ocultaciones y adulteraciones de la verdad, ha suscitado en ambos pueblos una falsa conciencia nacional o les ha sumido en el escepticismo cuando han descubierto la incongruencia entre lo que se les ha enseñado y la realidad.

Divisiones regionales han sido precipitadamente decretadas contra la geográfica y la historia

Tales artificiosos engendros pueden ser semilleros de problemas y dificultades

Cuarenta años de brutal imposición unitaria y centralista han avivado sentimientos nacionales

Pero en León y Castilla, el francofalangismo ha suscitado una falsa conciencia nacional ¿Cuántos saben que Castilla ñafió en las montañas de Cantabria?

Hoy, muchos santanderinos dicen no ser castellanos. ¿Cuántos saben que Castilla nació precisamente en las montañas de Cantabria, cuna también del romance castellano, y que la verdadera Castilla la Vieja fue su «pequeño rincón» de entre el mar y al Alto Ebro? ¿Cuántos zamoranos ignoran que cuando en gran parte del País Vasco, Navarra y Aragón ya se hablaba espontáneamente el castellano el idioma de su tíerra seguía siendo el leonés? ¿Quién en Valladolid tiene conocimiento de que el conde Pedro Ansúrez, fundador de 1a ciudad, lejos de ser castellano, fue un magnate de la Tierra de Campos, jefe del partido leonés en la corte de alfonso VI de León despues de León y Cartilla-?

Y ¿quién sabe en paléncia que los antiguos Campos Góticos no fueron territorio de la vieja Castilla, sino «base geográfica del reino de León»? ¿Qué salmantinos han aprendido en la escuela, el bachillerato o las aulas universitarias que la famosa «Universidad castellana» de Salamanca fue fundada por Alfonso IX de León —que nunca reinó en Castilla— para que los leoneses no tuvieran que salir a estudiar fuera de su reino? ¿Cuántos castellanos, leoneses o españoles en general están informados de que la llamada «guerra de las Comunidades de castilla» es cosa muy distinta de las auténticas Comunidades de Ciudad (o Villa) y Tierra de Castilla y Aragón? ¿Quiénes en Toledo y la Mancha conocen que en Castilla la Nueva, como en Andalucía y Murcia, no rigieron las leyes castellanas, sino el Fuero de los Jueces de León?

En plena ignorancia

Y así, en plena ignorancia, ahogados en un mar de errores y confusiones, producto muchas veces de orientada «desinformación» tras cuatro décadas de franquismo y muchas generaciones de abandono cultural, se pretende llevar atropelladamente a los pueblos leoneses, castellanos y toledanomanchegos a pedir estatutos de autonomía para nuevas artificiosas regiones, mientras se entierran subrepticiamente, sin pena ni gloria, las más que milenarias de León y Castilla, de dos de las mas ilustres nacionalidades históricas de España y aun de Europa.

* La Glosas emiliananses, cuyo milenario se está celebrando mientras se escriben estas páginas.

Gonzalo de Berceo.

Mañana:

LEÓN Y CASTILLA DEBEN DESPERTAR

 

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