Autor: Fontana, José María . 
   Los estatutos se apoyan en la falsificación de la historia     
 
 El Alcázar.    09/08/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

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_ OPINIÓN _

9 agosto-1979

LOS ESTATUTOS SE APOYAN EN LA FALSIFICACIÓN DE LA HISTORIA

QUE puede esperarse de un tipo que se hace fabricar blasones nobiliarios inexistentes y falseados? Simular lo que no se es, la inautenticidad y el disfraz habitual, son rasgos que revelan la falta de personalidad y el recurso afabulaciones que nos señalan la tara mental del sujeto, que, si se llega a creer lo que inventa y finge, le conduce al delirio y a la camisa de fuerza.

Esto es, hoy, la ex- España, estatutaria y moncloaca: una sala de incurables peligrosos para todos, pero, muyen especial, para los propios orates, bajo cuyos delirios late, casi a flor de piel, la vocación nihilista del suicida. A mi sensibilidad franciscana, preocupada siempre por el prójimo geográficamente cercano, me produce repeluzno y eriza el vello, la contemplación de los políticos con caras y gestos que parecen normales, sonrientes, engolados, habladores, que brindan con champán y se autoaplauden por la aprobación de los Estatutos. ¡Pobrecitos, si supieran el final que les aguarda y la horrenda tristeza de su enfermedad mental/ Claro, que, de momento, nos llevan y arrastran a todos, al piélago de su insania.

Muchas veces me he preguntado, víctima de mi vocación de historiador, cómo en las «nacionalidades» espúreas y entre los parlamentarios de UCD no hay alguien, con un leve espíritu crítico, que les permita atisbar las fenomenales falsedades históricas en las que se apoyan y justifican los movimientos estatutarios: con todo afecto y simpatía, me dirijo, por ejemplo, a usted, don Ricardo de la Cierva...

Hace años que denuncié la falsificación del 11 de Septiembre, día «nacional» de Cataluña, explicando quién fue el odioso y falso héroe «Rafel» de Casanova, inexactamente « caído » en aquella fecha abrazado a la bandera de la Generalitat. Casanova fue el típico representante de la oligarquía terrateniente, defensor de los privilegios nobiliarios de las viejas estructuras del Imperio de los Austrias, un enemigo nato del auténtico y mayoritario pueblo de Cataluña, aliado con los mercenarios extranjeros que defendieron a Barcelona contra Felipe V, y arrollados todos por los buenos catalanes que nutrían las huestes borbónicas. Casi igual cabría decir del otro «héroe» civil, Pau Claris, y del criminal guerrillero «l´hereu» Riera, todos ellos anticatalanes al servicio de los intereses franceses y odiados por el pueblo.

Algún día habrá que reescribir la verdadera y científica historia de Cataluña, destruyendo las falsificaciones de los políticos sectarios, desde Bosch Gimpera, Rovira Virgili o Vicens Vives, y acabando con los mitos en cartón-piedra del príncipe de Viana o del conde de Urgel, el «dissortat».

¿Y qué decir de la inventada Euzkadi y su «ikurriña», de la supuesta lengua vasca y de unas tribus basconas, cántabros colonizados por los navarros, que jamas fueron nación, pero sí dieron vida a la rotunda lengua castellana, vinculados siempre a las Castillas y jamás separadas de su «autoritas»?

Estos días de mi veraneo en la amadísima Galicia, me produce asombro —yaratos hilaridad— la gigantesca manipulación galleguista que intenta lavar el cerebro de sus honradas gentes, instituyendo el día de Santiago, patrón de España, en el día «da patria galega», fiesta «nacional» y antiespañola, sin temor al ridículo ni a comulgar con gruesas y pétreas ruedas de molino. ¿Cómo es posible apartar y desconocer a Sant Yago, o Sant Jaume, y su fiesta del 25 de julio, de las efemérides y epopeyas hispánicas, si el día rezuma españolidad comprensiva?

Imagino que en alguna mente enfebrecida se estarán gastando los dislates para apoyarlas «nacionalidades» de Aragón, Valencia, Murcia, Cartagena, Extremadura, La Mancha, Baleares, Canarias y Andalucía. La vieja y noble Castilla ya fue prostituida en Villalar y los Comuneros, personajes que en verdad, fueron los antípodas de como hoy se les presenta. Pienso en lo que estarán sufriendo los pobres andaluces buscando antecedentes «nacionales» entre Boabdil, Guzmán el Bueno, el conde don Julián o el obispo don Oppas y el traidorzuelo del duque de Medinasidonia..., máxime cuando no se puede contar ni con Leovigildo, San Recaredo, San Isidoro, García Lorca o don José Maria Pemán.

Fabulación y paranoia. Falsificación y careta. Vodevil histórico:

Los Estatutos se apoyan en la antihistoria y la contracultura y constituyen, a la par, una brutal mutilación de la espiritualidad del pueblo, así como manifestación de una peste psiquiátrica que asóla el país.

Contemplad a los ucedistas y a don José M.ª de Areilza, que «dicen» estarían felices y achampañados, dedicando palmas de tango a los Estatutos: ¡Qué espectáculo, Dios del Cielo!

Y cómo añora uno a aquella II República, tan prudente, a pesar de don Manuel Azaña; tan española, no obstante el. señor Royo Vilanova; tan culturalmente egregia, a pesar de las críticas del diario ABC...

José M.1 FONTANA

 

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