Las primicias de los estatutos     
 
 El Alcázar.    17/08/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Instantánea

LAS PRIMICIAS DE LOS ESTATUTOS

Todavía no ha terminado el proceso de implantación de los estatutos que se nos vienen encima y ya comenzamos a cosechar sus primicias . La noticia, facilitada por las agencias, es breve y significativa: desde Bilbao, Baracaldo y San Sebastián han devuelto a Navarra ocho mil botellas de vino por figurar en la etiqueta el escudo del antiguo reino de Navarra, con la Cruz Laureada de San Fernando, que tan heroicamente ganaron sus hijos en lucha contra marxistes y separatistas.

La triple procedencia de la devolución impide considerarla un gesto sectario de carácter individual. Hay que atribuirla a una consigna de gente empeñada en humillar a Navarra, mediante barreras comerciales, quizá como revancha de humillaciones anteriores en el campo de batalla. Porque no es a los vascos, parte entrañable del pueblo de España, a los que molesta el escudo de Navarra, sino a ciertos vascos, que con frecuencia no son vascos, sino «maketos"

vergonzantes, con ansias de conquistar Navarra, para someterla a una colonización etarra, en la que pague dos hechos históricos irreversibles: el haber sido un reino, es decir, una nación que no necesita inventarse nombres ni falsear la historia para afirmar su personalidad, y el haber vencido al separatismo vasco en 1 936-37, sobrándole fuerzas para contribuir a la derrota del marxismo en los restantes frentes de España.

Demasiado para que los neonacionalistas vascos, que tienen sólo ochenta años de historia, ocho meses de precaria autonomía y ninguna victoria en su bandera recién inventada, puedan perdonarlo.

Pero las botellas devueltas desde algunos almacenes de Vasconia tiene un alcance que va más allá del revanchismo euzkaditarra. Es la primera escaramuza de la guerra comercial entre regiones ( o «nacionalidades», si seguimos a los cursis padres constituyentes) que se nos viene encima. ¿Qué va a ocurrir, por ejemplo, si de Navarra se devuelven los productos de Vasconia, o bien porque lleven la «ikurriña», o porque ponga «made in Euzkadi» o, simplemente, porque les dé la gana? ¿Se producirá una guerra aduanera aprovechando, más que las atribuciones delegadas de Madrid, la sagrada voluntad de los ciudadanos?

¿Quién puede impedir que algo parecido ocurra mañana entre catalanes y andaluces, dado el disgusto del Partido Socialista de Andalucía, por la colonización cultural de sus emigrantes que se pretende?

Por si acaso, desde la región castellano-leonesa piden ya que los consumidores de su producción eléctrica paguen un canon que compense la pobreza de la región de origen. Son como árabes, habitantes de tierras empobrecidas, pero poseedores de la energía que las regiones ricas necesitan y, si la quieren, habrán de pagar. Que griten luego eso de «Lemóniz, goma-2». Mientras paguen la electricidad que no quieren producir para no contaminar su cielo, es cosa suya. Pero la tendrán que pagar a su precio, ecología incluida.

Y los estatutos todavía no han entrado en funcionamiento. A este paso, pronto veremos una masiva marcha sobre Madrid, del norte, del sur, del este y del oeste, para pedir que desaparezcan. O la cantonalización.

 

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