Autor: Muñoz Alonso, Alejandro. 
   El saldo de las nacionalidades     
 
 Diario 16.    12/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

en recuadro

El saldo de las nacionalidades

Alejandro Muñoz Alonso

Se veía venir. La constitucionalización del concepto de nacionalidad —concepto, si los hay, polémico, doctrinario; gaseoso, quasigaláctico y supercamaleónico— no podía tener otro resultado que ese maratón nacionalistico que apenas hemos empezado a presenciar. Ninguna de las futuras comunidades autonómicas quiere quedarse en mera región, pues eso viene a ser como la clase de tropa de las autonomías. Y, en consecuencia, todas aspiran a los entorchados de la nacionalidad.

A la hora de repartir nacionalidades, vascos y catalanes exhibieron sus títulos históricos como quien saca del arcón el título de archipámpano del abuelito. Quedaba así establecido que aunque todas las regiones son iguales unas poseen, además, un rancio abolengo que las convierte en nacionalidad. Algo así como si la ley estableciera que todos somos iguales pero se admiten ios privilegios de la sangre azul.

A partir de ahí nada tiene de extraño que los andaluces hayan reivindicado su identidad (¿pero es que hay alguien que no tenga su propia identidad?) echando mano incluso de sus ancestros tartósicos e islámicos y poniéndose a la sombra de Gaddafi y de Jomeini.

Los aragoneses tampoco se resignan a la categoría rasa de región y argumentan que si antes fueron reino ahora tienen que ser nacionalidad. Aceptado el argumento ya tendríamos otro pelotón de nacionalidades constituido por los antiguos reinos de esta pintoresca Península (León, Navarra, Valencia, Murcia, Jaén... etcétera).

Incluso los santanderinos (llamados ahora cántabros), que hace sólo un par de años luchaban por ser región («sin Castilla ni León, Cantabria es también región»), ya no se sienten satisfechos y aspiran a ser nacionalidad. Y también han desempolvado sus pergaminos para demostrar que tienen su corazoncito y su propia identidad histórica. Hay incluso quien asegura que la propia democracia nació no en Grecia, sino en Cantabria... Sin comentarios.

¿Para cuándo se dejará la tarea de explicar a los españoles y a su clase política el verdadero sentido de una autonomía auténtica y sin fiorituras? Una autonomía al servicio del pueblo y no de las pequeñas vanidades y ambiciones de los pequeños aspirantes a pequeños gobernantes.

 

< Volver