Autor: PUBLIUS. 
   Notable en autonomías     
 
 ABC.    18/01/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ABC. VIERNES, 18 DE ENERO DE 1980.

NOTABLE EN AUTONOMÍAS

PUBLIUS a lo largo de su actuación mantiene, con harta frecuencia, posturas críticas ante la acción del Gobierno. Posturas justificadas, al menos para nosotros, por varios motivos, entre los que se cuentan el carácter esencialmente crítico que debe adoptar una opinión no comprometida y, desgraciadamente, las frecuentes situaciones en que la acción del Gobierno ha sido, a la luz de nuestros postulados liberales, equivocada.

Por ello resulta más satisfactoria la hora de los parabienes. La decisión del Gobierno y del Comité Ejecutivo de UCD de «racionalizar» el proceso autonómico merece todo nuestro respaldo. Titulamos «notable en autonomías» y no «sobresaliente», porque nos parece que la presente decisión debería haberse tomado con anterioridad. También creemos que el cliché con el que parece va a sedimentarse la definición de la postura adoptada, de «racionalizar el proceso», no es una expresión especialmente afortunada, cuando tanta emocionalidad se adhiere a todas las patrias chicas. Debería hablarse, lisa y llanamente, de gobernar y definir posiciones de partido con sensatez.

Nuestro aplauso y el convencimiento de que la decisión debería haberse tomado anteriormente no debe hacer pensar que no seamos partidarios del proceso autonómico o que lo contemplemos con recelo. Como liberales, entendemos que la democracia y el pleno ejercicio de los derechos ciudadanos exigen que el Estado no ahogue las iniciativas ciudadanas, no se convierta en un cáncer que invada la sociedad haciendo desaparecer a los individuos. En tal sentido, la profundización de la democracia que supone extender el poder del Estado y acercarlo lo más posible a los ciudadanos forma parte de nuestro ideario, y por ello consideramos el proceso autonómico, la transformación del Estado centralista español en un Estado de comunidades autónomas, como algo deseable y observamos con apasionamiento la experiencia histórica que debe llevarnos a una España mejor. Pero también creemos, como liberales, que el papel fundamental del Estado es garantizar el libre ejercicio de derechos y libertades dentro del principio de funcionalidad e igualdad ante la Ley. Para que pueda ejercer esta misión primaria no puede ser un Estado en ruinas.

Se ha acusado, con intención peyorativa, durante su gestación, a la postura definida finalmente por UCD y el Gobierno de «frenazo a las autonomías». Si hubiera sido así, la postura de Publius sería opuesta. Por el contrario, es necesario explicar hasta la saciedad cómo es la Constitución española, cómo prevé tres vías de acceso a la autonomía y cómo las diversas comunidades autónomas nacientes pueden alcanzar el mismo techo de competencias de gobierno, sea a través del artículo 143 o mediante el artículo 151.

Creemos firmemente que por la vía del articulo 143 puede alcanzarse el pleno desarrollo de todas las comunidades autónomas, cumpliendo los principios esenciales de la Constitución de igualdad y solidaridad. Por este procedimiento puede hacerse de forma más ordenada y conveniente que a través del artículo 151; es por ello por lo que aplaudimos y compartimos la decisión del Gobierno y de UCD.

Llega para los partidos de la oposición la hora de la responsabilidad. Durante demasiado tiempo se ha estado excitando emocionalmente a los diversos pueblos de España con el tema autonómico, sin sentido de la responsabilidad. Se han planteado sistemáticamente falsas ecuaciones.

Especialmente grave ha sido, en medio de nuestra crisis económica, confundir los términos y presentar un proceso político que, ordenadamente, puede llevar a un Estado más equilibrado, que puede representar el avance político y cultural a una España potenciadora de la rica pluralidad de sus pueblos, como un ungüento amarillo de efectos instantáneos contra la crisis económica o los desequilibrios regionales. Los partidos de izquierda se han presentado como fieros autonomistas, lo que alcanza su máxima contradicción en un Partido Comunista con su dogma del «centralismo democrático» vigente, acusando a los demás de «centralistas»; pero la falta de rigor ha sido general, llevando a unos planteamientos de «centralista el último» que amenazaban con desbordar el proceso e impedir el enraizamiento de una nueva estructura del Estado que presenta enormes potencialidades para el futuro.

Es la hora de la responsabilidad particularmente para el PSOE, que debería actuar, de manera continuada, como alternativa real de poder. Sería muy necesario que el PSOE contribuyese a la transformación del Estado en la forma conveniente. A la espera de acontecimientos, consideremos como un buen presagio el artículo de ayer en un diario de la mañana del distinguido parlamentario socialista señor Peces-Barba, en el que defiende netamente la igualdad de posibilidades contenidas en los artículos 143 y 151 de la Constitución y la mayor funcionalidad del primero.

Esperemos, por último, que la decisión del Gobierno sea preludio de una actuación futura de perfiles más definidos. Dejaría de tener fundamento el comentario hecho por un miembro del Comité ejecutivo de UCD, irónico y feliz ante la decisión adoptada: «Es una determinación tan buena que no parece nuestra.»—PUBLIUS.

 

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