Por la unidad española     
 
 ABC.    23/02/1980.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

POR LA UNIDAD ESPAÑOLA

Con enorme preocupación y profunda pena, más honda desde luego que ´la manifestada por un líder político vasco estos días, seguimos los discursos, declaraciones, comunidades y actitudes, a que da lugar la campaña electoral en el País Vasco.

Salvo excepciones, que tienen poco peso y menor importancia, predomina un tono Claramente adverso a lo español y e España. Con acentos tan agudos, en ocasiones, que más parece tratarse de unas elecciones para la independencia que de votar para elegir el Parlamento de una autonomía. Y esto es, naturalmente, condenable. Y debería ser inadmisible...

La manifestación más extremista, más provocadora, que vulnera más cívicamente la Constitución, ha sido —¡cómo no!— la de Herri Batasuna al demandar la intervención de las Naciones Unidas en el conflicto vasco. Hecho cuya gravedad no puede minimizarse relegándolo a simple maniobra o anécdota electoral y que reclama sin duda, si se mantiene la vigencia de los artículos constitucionales, una adecuada reacción en defensa del Estado de Derecho y de la democracia.

«La Constitución se fundamenta en la Indisoluble unidad de la nación española, Patria común e indivisible de todos los españoles», afirma literalmente el artículo 2. Palabras tan claras y rotundas no pueden quedar desvirtuadas ni convertirse en texto dudoso, porque a continuación de ellas se reconozca y garantice «el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas».

Pese a la inadecuada y peligrosa admisión del término «nacionalidades» —concesión de! «consenso» que habrá suscitado ya no pocos Inútiles arrepentimientos— es indiscutible la primacía del imperativo de unidad nacional sobre la permisividad de las autonomías. Constitucionalmente sólo hay una nación española.

Pues bien, aunque parezca grotesca le apelación, de Herri Batasuna a ONU no debería dejarse pasar como una broma ni despreciarse como un esperpento. ¿Por qué no va a merecer el respeto debido al artículo 2 la misma celosa defensa que se dedica a otros artículos constitucionales?

tos partidos políticos no tienen recorocida una patente de corso para incumplir la Constitución o burlarse de ella. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres —dice el artículo 6— «dentro del respeto a la Constitución y a la ley». ¿Por qué tolerar, con inexplicable silencio, el ataqué de Herri Batasuna a la nación y a la Constitución?

Al Gobierno corresponde :—artículo 97— dirigir «la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del Estado». Pero quizá, en atención a la singularidad del caso, podrían también las Cortes actuar por la vía del artículo 76: «El Congreso y el Senado, y en su caso ambas Cámaras conjuntamente, podrían nombrar Comisiones de investigación sobre cualquier asunto de interés publico». ¿No encierra suficiente interés público y nacional este deplorable asunto? ¿No se han nombrado Comisiones parlamentarias para asuntos menos graves y de menor anticonstitucionalidad?

La única alegación que cabría hacer para fundamentar el silencio ante el acto secesionista de Herri Batasuna es, paradójicamente, la menos admisible, la más recusable. Porque si se teme introducir un factor de radicalización de las posturas vascas por condenar a Herri Batasuna, ¿qué queda, entonces, de respeto a España y de voluntad de unidad nacional en el País Vasco? ¿Qué nos espera al fin de las elecciones?

Para este periódico —desde el primer número que lanzó a la calle— España es una unidad nacional intocable. Hemos aceptado, no sin recelos expresados públicamente, las autonomías. Pero no podemos aceptar jamás, ni aunque las actitudes parezcan triviales o ineficaces, que se ataque a la unidad, española. Y mucho menos todavía que un ataque semejante se intente realizar por un grupo político español recurriendo a la intervención de un organismo internacional.

ABC. SÁBADO, 23 BE FEBRERO DE 1980. PAG.

 

< Volver