García Enterría, en el Foro-Edica. 
 Homogenización final de las autonomías     
 
 Ya.    22/05/1980.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

22-V - 1980

debate político.

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García Enterría, en el Foro-Edíca

Homogeneización final de las autonomías

El 27 de marzo pasado publicaba YA un resumen del Foro-Edica sobre autonomías, celebrado en nuestra casa. En ese foro, el catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid, Eduardo García Enterría, habló acerca del Estado autonómico. Las tesis del profesor fueron expuestas por el presidente del Gobierno en el debate político que se desarrolla estos días en el Congreso. Decía en el foro de Edica el profesor

Garcia Enterria

«El sistema de la Constitución de 1978 ha estado determinado por la Constitución de 1931, cuya novedad fue el Estado regional («integral» lo llamaron sus redactores), que no se configuró como un sistema generalizado desde el principio a toda ja organización del Estado, pero sí generalizable paulatinamente y a muy largo plazo, tal como ha sucedido en la Constitución italiana de 1947, inspirada en él.»

«La Constitución española vigente lo ha recogido en su título VIII (el más imperfecto de un texto que, en general, es correcto), sobre la base de concebir la autonomía como un régimen facultativo, cuyo contenido se fija en cada caso. Sin embargo, la práctica ha desbordado ese sistema mediante la generalización de los regímenes preautonómicos, la adopción de contenidos análogos en los dos estatutos hasta ahora aprobados —el catalán y el vasco— y el caso andaluz, que ha demostrado la enorme dificultad de establecer diferencias entre estatutos y estatutos. La idea de la Constitución (autonomías de contenidos diferentes) se revela así como políticamente inaplicable y, en su lugar, se dibuja firmemente la de homogeneización final.»

«Ahora bien, mientras se llega a

ese objetivo queda abierta una actitud constituyente (sobre la amplitud y extensión de las autonomías), lo cual es absolutamente negativo y grave, impidiendo un funcionamiento regular de la Administración del Estado y contribuyendo a una desestabilización de la situación política no deseable. Ello hace que sea planteable como una alternativa la fórmula decididamente federal, que concentraría la regulación de las competencias en una sola operación, que las concretaría de una vez por todas en la propia Constitución, normalmente en términos de igualdad y homogeneidad, y que, además, se beneficiaría de la estabilidad superior del texto constitucional, en tanto que con el sistema actual de las comunidades que adopten el artículo 143 tendrá una o varias fases ulteriores para pasar a la etapa final, lo que mantiene indefinidamente inestable tema tan importante.»

«Se formulan al respecto dos tipos de objeciones a la adopción pura y simple del modelo federal. La primera es que una Constitución federal es fruto de un pacto entre Estados antes disociados, los cuales pueden separarse a voluntad. Pero esta idea (que procede probablemente de las fuentes convencionales del federalismo de nuestra primera República) no está en las dos Constituciones federales más importantes actualmente, la norteamericana y la de Alemania Federal.»

«El segundo inconveniente afectaría a la limitación de poderes del Estado central, entendiéndose que es consustancial a la fórmula federal que la cláusula residual de competencias opere en favor de los Estados miembros. En Canadá, sin embargo, sucede al revés. La interpretación constitucional de los Estados Unidos ha permitido siempre la atribución a los poderes centrales de las necesarias competencias mediante simples leyes ordinarias. En Alemania, el incremento de los poderes del Estado federal se ha realizado paulatinamente a través de enmiendas constitucionales.»

«El federalismo actual en todo el mundo, el federalismo realmente vivo, está muy relativizado. No se entiende como separación rígida de competencias entre el Estado federal y los Estados miembros, sino como participación de los dos niveles en un cuerpo de competencias

García Enterría

sustancialmente común. El federalismo que funciona en el mundo tiene escaso parecido con el soñado por nuestros federalistas históricos en 1873.»

 

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