Autor: Lázaro Carreter, Fernando. 
   Toponimia a brochazos     
 
 ABC.    06/06/1981.  Página: 33. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Número 33

6-junio-1981

Toponimia a brochazos

Va usted a Jaca, pongo por ejemplo, en automóvil, y en Huesca se topa con una bifurcación de la carretera; un gran letrero lo remite por la izquierda a Chaca; otro, hacia la derecha, lo tienta con Sabiñánigo. Sé de un amigo, gran dialectólogo por cierto, que optó por esta última dirección, argumentándose que Jaca, aun pronunciado a la pirenaica, no puede transcribirse Chaca, con esa “ch “ dé chócala y chivo. No ignoraba que Sabiñánigo cae cerca de su punto de destino, mientras que Chaca, Dios sabe; así que allá se fue. Yo también estuve a punto de errar, pero me salvó un detalle técnico: el letrero tenía imperfecciones y la j inicial dejaba ver su pálido bulto bajo el retoque. Además, me sé el camino de memoria.

Miles de automovilistas habrán vivido parecidas experiencias durante sus ascéticas vacaciones de Semana Santa, si han elegido rodarlas por la periferia peninsular. Yo he recorrido Galicia una vez más —la máxima hermosura de España—, adivinándola por el parabrisas entre un denso tejido de agua. Y he podido .ver que no ha quedado indemne un solo letrero con nombre de pueblo o ciudad en castellano. Gruesas y rotundas pinceladas han desvanecido los artículos, las jotas, las yes, los monoptongos, y han repuesto la —e final donde el castellano la perdió. Esclavitud se llama, naturalmente, Escravitude, y La Toja es A Toxa; el arribadero de «La Pinta» se escribe Baiona, y Sanxenxo ocupa el puesto de Sanjenjo. Aunque me expreso mal: Sanxenxo ha recuperado su lugar, al igual que Cúrense, A Guardia, O Rosal, Escravitude y A Toxa.

Idiomáticamente, muchas

Por Fernando LÁZARO CARRETER

De la Real Academia Española cosas están recuperando su lugar en toda España. (Otras, en cambio, ocupan el que nunca tuvieron, y se desvanecerán por eso; importan poco, aunque de momento perturben.) Y tal restitución sólo puede ser beneficiosa para el país. No lo piensan así algunos, como aquellos tres matrimonios excursionistas que, en un restaurante de Santiago, comentaban a voz herida, entre pulpo y centolla, la injuria pictórica de los letreros, y acusaban de lenidad al. Gobierno. Protestaban, como casi siempre, con razón y sin ella; y el Gobierno, de haberlos oído, tendría que haberse puesto a meditar un poco.

Porque muchos millones de españoles, los gobernantes entre ellos, reposaban muy tranquilos en su castellano dominante, sordos por completo al rumor cada vez más colérico de las otras lenguas españolas. Desconocían que ese rumor era testimonio de lo más grave que le estaba pasando a la nación. ya que la identidad primaria, la irreducible e indeleble, es la lengua en que se nace. Si esa lengua, por una u otra razón, no cabe con holgura plena en los límites que la patria admite, si se barrunta la más leve sombra de intolerancia sobre ella, no pensemos que será sacrificada a otro ideal por sublime que parezca. Por el contrario. será la noción de patria la que irá achicándose, hasta reducirse en caso preciso a la frontera justa del idioma discriminado.

Un buen día, la cobertera saltó y aquellos millones de españoles descubrieron de pronto que otros millones de españoles ponían como condición para serlo la igualdad de derechos idioma-ticos. Y la Constitución se los dio con toda justicia, y, con ella, se sentaron las bases precisas para que el rumor descontento se fuera extinguiendo. •

 

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