"Reconducir" las autonomías     
 
 ABC.    04/04/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

«Reconducir» las autonomías

Tenemos que felicitarnos del acuerdo logrado entre el Gobierno y los más altos dirigentes del PSOE para crear la Comisión que habrá de emprender la tarea de «reconducir el proceso autonómico y delimitar claramente las competencias del poder central y las comunidades autónomas».

Pocas necesidades más urgentes que ésta tenía nuestro país, porque es evidente que el «modo» y el «ritmo» en que se estaban realizando —con las tremendas desigualdades que comportaba— ponía en grave riesgo el mismo futuro de nuestra democracia. Las autonomías deben sostenerla y potenciarla. Y amenazaban con devorarla.

Y creemos que, efectivamente, la meta no puede ser ni el frenazo ni el simple dejar hacer. Caer ahora en la tentación del simple frenazo, asustarnos en la aparición de las primeras dificultades, no serían posturas de inteligentes. Pero es claro que la improvisación de estos años, el tira y afloja que dependía de las mayores o menores presiones —y, a veces, parecía depender del mismo chantaje de los violentos— sólo podía conducir al desorden., & la falta de claridad con que, en no pocos aspectos, se encuentra hoy el problema. Bueno es, pues, que suceda la racionalización a la buena voluntad improvisadora; bueno que el estudio sistemático y armonizador aporte claridad donde no la había.

Y positiva noticia es que al frente de esa Comisión esté un hombre del calibre científico que cuenta el profesor García de Entérela.

Es también claro que esta tarea no era exclusiva del Gobierno o del partido del Gobierno. En las autonomías nos jugamos buena parte del futuro de la democracia y de la misma vida del país: justo es, pues, que todas las fuerzas políticas se responsabilicen de tareas que a todos afectan. Incluso hay que señalar que buena parte del deaorden con que este tema se ha llevado se ha debido a la soledad en que la realizó hasta ahora el Gobierno. E incluso a las luchas con las que los partidos usaron o aprovecharon los temas autonómicos —ahí está el dramático caso de la autonomía andaluza— para dar sus batallas electorales, con perjuicio final de todos los partidos y de la misma tarea autonómica que se realizaba.

El Gobierno ha preferido iniciar esta colaboración en un diálogo bilateral con el segundo gran partido del país: el PSOE. No parece mala la fórmula, siempre que no se considere que todo acaba ahí.

La lógica conducirá a una ampliación de este diálogo o con una comisión multilateral o con varios diálogos bilaterales. Marginar a los demás partidos de implantación nacional y a los más significados partidos de las minorías nacionalistas podría llevar no sólo a justificadas protestas, sino también a soluciones parciales o incompletas.

De todos modos, bueno es que lo que ha de hacerse se empiece a hacer. Y no cabe duda de que el primer paso pasaba forzosamente por el acuerdo entre las dos fuerzas fundamentales de la nación. La dialéctica Poder-oposición, que tan útil es en la vida parlamentaria ordinaria, no es el mejor camino en temas que tanto afectan a los intereses comunes.

Lógicamente, este primer paso ha de llevar a temáticas más amplias y radicales, sin excluir entre ellas la de la reforma electoral que nos lleve a un Parlamento más racional. Porque si es lógico que en el órgano legislativo estén representadas «todas» las voces de España, no lo es tanto que la atomización de grupuscúlos hiciera, por un lado, ingobernable el país, y empujara, por otro, a los representantes de intereses parciales a condicionar las grandes decisiones legislativas a pequeños intereses locales o regionales.

Y habrá de seguir también por la comisión de concertación en problemas socioeconómicos. España está en horas que no permiten los juegos ni las aventuras. O caminamos juntos o nos estancamos. O los partidos renuncian a estrechas visiones electoras o la nación se volverá ingobernable.

Por todo ello nos alegramos de este acuerdo. Porque es cierto que «se hace camino al andar», pero también lo es que el camino se hace mejor habiendo pensado juntos antes.

 

< Volver