Autor: Casado, Demetrio. 
   Castilla no cabe en las Constitución/1     
 
 El País.    22/07/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

EL PAÍS, martes 22 de julio de 1980

TRIBUNA LIBRE

Castilla no cabe en la Constitución /1

La Constitución española de 1978 configura el Estado de las Autonomías, cuya estructuración se ha topado, entre otros problemas, con el de la integración/desintegración de Castilla. En efecto, Castilla, presuntamente la entidad regional histórica más importante de España —al menos según el punto de vista convencional—, no comparece como tal a la cita autonómica, sino mediante representantes parciales (Cantabria, la Rioja), representaciones mixtas (Castilla y León, Castilla-La Mancha) y representaciones que excusan su asistencia o la demoran (Segovia, Madrid). Hay que preguntarse, pues, por qué la vieja tierra de los castillos se ha tornado hoy en la presente amalgama de las Castillas.

Castilla ha sido, y.es, objeto de varias conciencias y lecturas, lo que parece indicar un fenómeno de superposición de identidades, que tal vez no sea ajeno a esa señalada incomparecencia de Castilla como entidad única y neta.

En el libro de Carretero Jiménez sobre La personalidad de Castilla, recientemente reeditado, puede

DEMETRIO CASADO

verse un mapa de ésta que incluye las siguientes «tierras» tradicionales: La Montaña, Tierras de Burgos, la Rioja, Tierras de Soria, Tierras de Segovia, las Alcarrias, Tierras de Avila, Tierras de Cuenca. Salvo algún arreglo de conveniencia (como la exclusión del solar de Madrid capital), éste es el perímetro de las tierras repobladas y colonizadas en el proceso de la Reconquista bajo formas institucionales específicamente castellanas: derecho propio distinto del rechazado Fuero Juzgo, organizaciones locales de tipo comunero, fueros.

Esta es, para el autor citado, la auténtica y aun única Castilla y, por consiguiente, la que debe ser recuperada de cara a la estructuración descentralizada —ayer federal y hoy autonómica— del Estado. Discusiones históricas aparte, la propuesta en cuestión presenta dos graves problemas:

1. El mapa de Carretero Jiménez choca, en numerosos puntos, tanto con la geograña de la conciencia castellanista (exclusión de Valladolid y Toledo, por citar sólo dos casos), como con la división administrativa provincial, lo que supone su práctica inviabilidad material y formal como proyecto autonómico (recuérdense los artículos 141.1 y 143.1 de la Constitución.

2. No es ajeno a estas circunstancias, probablemente, el hecho de que, a pesar de haber sido formulada la doctrina en cuestión hace bastantes años, y aun habiendo recibido apoyo y difusión en los recientes (por parte, principalmente, de los líderes y sectores más influyentes de la asociación regionalista Comunidad Castellana), las adhesiones logradas son muy escasas.

Una segunda idea de Castilla es la que se forma a partir de la antes citada definitiva asociación castellano leonesa, que se vería ampliada posteriormente por la incorporación de otros reinos y dominios, viniendo a constituir un poderoso holding político para el que se adoptó como «denominación de marca» el nombre de Castilla. Aparte de este fenómeno de nomenclatura, es de significar que el citado proceso de articulación política de reinos comporta una creciente y secular interacción económica, social y cultural entre ellos. El hecho registrable hoy es una conciencia de castellanía presente no sólo en la Castilla de Carretero Jiménez, sino también en tierras de León, la Mancha y en amplios sectores de la metrópoli madrileña, de modo que vale todavía decir: «¡Ancha es Castilla!».

El Ministerio de las Regiones publicó, en diciembre de 1978, un desplegable en el que se compara el anterior mapa regional de España con el que se configuró en el primer periodo preautonómico, y que, en lo que atañe a nuestro asunto, podría resumirse así:

— Antes de crearse el Ministerio de las Regiones: León, Castilla la Vieja y Castilla la Nueva.

— Después de actuar el Ministerio de las Regiones: León, sin León (provincia), aparece unido a Castilla la Vieja, sin la más vieja de sus tierras (Santander) y sin Logroño; Castilla la Nueva aparece privada de Madrid, pero ha incorporado Albacete.

Semejante montón de escombros al que se redujo la convencional geografía histórica de León y Castilla no pudo ser obra exclusiva de un solo ministerio durante un período tan breve; pero no consta, por otra parte, que el departamento de las regiones interviniera con ideas claras y medios adecuados para evitar el resultado que refleja su desplegable. En todo caso resulta patente que la hipotética posibilidad de construir tres comunidades autónomas sobre los moldes de las regiones históricas convencionales: León y las dos Castillas —tercera lectura o concepción de Castilla-, quedó desbordada a las primeras de (el) cambio.

Ni región ni nacionalidad

Si definimos la región, a los efectos que aquí nos interesan, como una unidad geográfica y social, cuya población se identifica por referencia a ella en sus aspectos geográficos e históricos, y que mantiene una relación funcional interna, parece claro que Castilla, según lo que hemos visto hasta ahora, no es una región.

Por de pronto, Castilla no tiene fronteras. La Universidad de Salamanca fue creada por un rey leonés

para que sus vasallos no tuvieran que salir a estudiar fuera del reino; pero el Ayuntamiento de Salamanca fue el primero que reivindicó y adoptó el pendón castellano en el período reciente. En el Quilate, la Mancha aparece con entidad propia, pero no incompatible con Castilla. Hoy, la fórmula Castilla-La Mancha, ¿indica exclusión o inclusión? En segundo lugar, los castellanos no se identifican mediante Castilla. Los ceutíes de origen cristiano se autodenominan castellanos para diferenciarse de los musulmanes, judíos e hindúes, pero los castellanos de la Península se identifican generalmente como montañeses, riojanos, segovianos, alcarreños. Finalmente, las tierras y las gentes de Castilla no están hoy vinculados a comunicados entre sí ni en lo cultural ni materialmente: en las ciudades castellanas existen casas regionales correspondientes a otras provincias castellanas; las tierras castellanas se comunican a través de Madrid, como las diferentes regiones entre sí.

Castilla es hoy, de hecho, un agregado poco integrado de pequeñas comarcas subprovinciales (La Bureba, Cameros), comarcas medias y tierras de ámbito provincial o casi provincial (la Montaña, Segovia, la Alcarria), comarcas interprovinciales (Tierna de Campos, la Mancha) y centros históricos, económicos y políticos (Burgos, Valladolid, Madrid, Salamanca, Toledo). Castilla no es una región, porque históricamente no ha sido una región, sino una estructura mucho más compleja de behetrías, merindades, comunidades de villa y tierra y, después, reinos. Castilla, pues, no cabe en la Constitución como región administrativizable en una comunidad autónoma.

Sí entendemos que una nacionalidad viene a ser una región con etnia y lengua diferenciadas de las de su entorno, así como con una cultura específica que incluye la actitud y la voluntad de conservación y proyección en un marco institucional privativo, Castilla tampoco es una nacionalidad.

La etnia castellana no es pura, sino plural y mestiza, ya que se configura por la mezcla continuada de cántabros, vascos, astures, celtíberos, francos, germanos, musulmanes, judíos, etcétera. La lengua castellana también es mestiza, incluso en su propio origen: latín euskerizado, en calificación sintética. Etnia y lengua castellanas se derraman por la Península primero y por el ancho mundo después, y están presentes en numerosos pueblos exteriores al núcleo castellano. La cultura castellana, que nace como opción castiza al rechazar el Fuero Juzgo y las instituciones leonesas, desarrolla un fondo impresionante de formas y prácticas en parte tradicionales, en parte adaptativas a las condiciones de la Reconquista, en parte recibidas de otros pueblos.

Castilla, pues, ha derramado y ha asimilado valores e instituciones, y hoy no parece muy interesada en clasificar su patrimonio específico, inscribirlo en el registro de la propiedad histórica e invocar títulos de nacionalidad histórica. . Castilla es algo más abierto que una nacionalidad, y es inútil pretender su integración total en el Estado de las autonomías al modo de Cataluña o el País Vasco.

Castilla entera no cabe en la Constitución.

Demetrio Casado es miembro fundador de la asociación cultural castellanista Comunidad Castellana.

 

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