Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   El mapa autonómico     
 
 ABC.    04/08/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Planetario

El mapa autonómico

Produce algo así como tranquilidad el mapa autonómico aparecido en los periódicos como consecuencia del acuerdo a que han llegado el Gobierno y el Partido Socialista. Dicho de otra manera, las dos miñonas, UCD y PSOE, que reúnen el inmenso mayor número de millones de votantes en las últimas elecciones legislativas. Ellos, hoy por hoy, son la mayoría de la nación y e! mapa autonómico no es cosa, aunque alboroten, ni de Heribert Barrera, ni de Xavier Arzallus, ni del pobre Rojas Marcos. El mapa de España es cosa de todos los españoles.

El mapa autonómico se parece bastante a lo que de chicos, uno por su parte mucho antes de la guerra civil, aprendimos en las escuelas. Apenas si unos cambios, mínimos de nombres: la Rioja, por ejemplo. ¡Bah! Lo que es importante es que Felipe González se haya salido suficientemente con la suya en lo de las Diputaciones. Que los diputados provinciales sean dirigidos por sufragio universal no solo es realmente democrático.

Es que, además, al unificar el sistema en todas las zonas autonómicas, unifica la representación popular, el engarce entre el pueblo y esos señores como don Jordi Pujol (antes Jorge) y el señor Garaikotxchea, poco más o menos (antes Garaicoechea), que lo que quieren es considerarse presidentes de Estados al mismo nivel que el Jefe del Estado- español, cuando el Estado español, o sea, España, aunque algunos periódicos de Bilbao tengan prohibido ese nombre, es decir, nuestra Historia, es el todo, y el País Vasco, Cataluña, Galicia, Andalucía, etcétera, son y tienen que seguir siendo las partes.

Hay una cosa que está clara. Los socialistas aspiran, por medio del sufragio universal simultáneo en las autonomías, a copar las mayorías de las Diputaciones provinciales. Si lo consiguieran eso equivaldría, en cierto modo, a aquella mayoría que la conjunción republicano-socialista logró, en abril de 1931 en los Ayuntamientos de las ciudades más grandes de España: papirotazo que derribó a la entonces débilísima Corona, apoyada en defecciones previstas y en traidores imprevistos. Ahora los socialistas saben que si firman pactos con el Gobierno es porque el Rey, cuando estaban tumbaditos como corderos bajo los «Ceímes» de un teniente coronel indisciplinado, los puso de pie y los envió a su casa a cambiarse de ropa interior, que a más de una le hacía falta inaplazable. Por eso, aunque obtuvieran un día, y no será fácil, esa mayoría en el natural enlace entre los pueblos y los organismos autonómicos, se cuidarían mucho de dar golpes de Estado que supusieran un cambio brusco de tipo de sociedad.

Lo que esta menos claro para el centro y para los grupos minoritarios que se reservan, no habiendo firmado el pacto, el sacro derecho al pataleo y entorpecimiento del racional cambio de estructura administrativa de España, es que en esas futuras elecciones provinciales y locales no salgan escaldados a causa de sus personalismos y divisiones internas. De ahí que otro benéfico afecto del acuerdo autonómico sea imponer a los grupos pequeños la reagrupación y la clarificación de su identidad. En esa necesidad está seriamente incursa la olla de grillos llamada todavía UCD.

Hay cuestiones de detalle, discutibles. El Gobierno y el PSOE tienen ahora la responsabilidad de resolverlas.—Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

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