Autor: Martín Descalzo, José Luis. 
   La fábula de las riquezas vaticanas     
 
 Ya.    14/04/1973.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

La fábula de las riquezas vaticanas

J. L. Martín Descalzo dice en "A B C":

"Pablo VI lo ha dicho varias veces sin rodeos. En abril de

1970, durante la visita a ( ri, el Papa aludió directa a las "fabulosas riqueza Vaticano". En el barr

Sant´Elia un grupo de muchachos enarbolaba una pancarta aludiendo a los tesoros de la Iglesia, y Pablo VI ge fue directo al tema: "El Papa—dijo— no es rico, como tantos dicen. Sería fácil demostrar que con frecuencia encuentra dificultad para sostener los gastos para loa servicios necesarios al gobierno central de la Iglesia."

Más tarde, en junio de 1971, dijo, en audiencia a los cardenales, que muchas veces se veía obligado a decir que no a la creación de convenientes organismos por "aprensión administrativa". Y días más tarde, al inaugurar la nueva aula de audiencias, confesó a los fieles que su construcción había "pesado gravemente en el curso de varios años sobre las ya difíciles condiciones económicas de la Santa Sede".

En sus palabras el Papa era claramente sincero. El clima que hoy se respira en todo cuanto depende de la Santa Sede no es precisamente de despilfarro. Cuando preguntas como es posible que el Papa no tenga un télex para conectar directamente con las diversas nunciaturas del mundo, la respuesta siempre es la misma: cuesta muy caro. Cuando investigas por qué el Papa no hace ya viajes, te responden que por problemas d« salud. Y añaden que la experiencia dice que esos viajes eran útiles apostólicamente, pero resultaban carísimos. Es sabido que el pasado año se rebajó en un 10 por 100 el presupuesto de todas las congregaciones romanas, sin excepción; que no pocos encuentros ecuménicos se han interrumpido por razones simplemente económicas; y que por la misma razón los miembros del Secretariado Justitia et Pax tienen que dejar de asistir a reuniones en las que la Santa Sede debería estar representada.

No es, por lo demás, la primera vez. Los tiempos de Benedicto XV vivieron mayores dificultades. Fue por entonces cuando se pidió un préstamo de un millón de dólares a Estadas Unidos, y allí no encontraron suficientemente "solvente" al Vaticano. Los Caballeros de Colón, con un donativo de 250.000 dólares, salvaron del apuro. Pero, años más tarde, el entierro de Benedicto XV y el cónclave que eligió a Pío XI se pagaron con dinero prestado al cardenal Gasparri. Alguien comentó entonces que la capilla Sixtina —donde el cónclave se celebraba—podía valorarse en una cantidad que hoy superaría los mil millones de dólares; pero que el cónclave celebrado en ella se hacía de prestado."

 

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