Autor: Arauz de Robles, Santiago. 
 La utopía del centro (yII). 
 El centro como opción que obliga al diálogo     
 
 Ya.     Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

La utopía del centro (y II)

El centro como opción que obliga al dialogo

Conduciría a izquierdas y derechas a la búsqueda de soluciones de sintesis y potenciación de lo que une Y a dar a su respectivo bagaje ideologico un sentido activo y operativo, en lugar de convertirlo en martillo pilón de la opción contraria

SI se hace una consideración desapasionada de la situación del país, uno llega a la conclusión de que en el mismo, las posiciones de extremo contarían aun con un centro organizado, con una gran mayoría, por supuesto, dividida entre izquierdas y derechas, con una ventaja Inicial que juzgo que sería importante a favor de estas últimas; ventaja que estaría propiciada, entre otros factores, por la inercia política (o entendida en sentido negativo, necesariamente, puesto que es un valor que cuenta en todas las sociedades) y por la sonoridad de los hombres que la representan. Un centro, apoyado por un programa sugerente de concordia nacional y de crítica´ constructiva, sobra la base del diálogo y la participación, no tendría por qué aspirar a contar en unas primeras elecciones — dado, por otra parte, la voz baja y casi susurrante de la moderación— con más allá de un 10 o un 15 por 100, en todo caso, de los votos. Pero estos votos, que procederían en parte de la izquierda y en parte de la derecha, producirían un efecto muy importante.

En primer lugar, puede que, numéricamente, lo que, sin duda, en este momento del país sería un óptimo, obligasen al juego de las coaliciones fuera de los dos bloques de extremo. Es una posibilidad remota, pero es una posibilidad que, por sí sola, justificaría la existencia del centro. Y de otra parte, y tal vez más importante que lo anterior, el centro privaría de justifica-

Santiago ARAUZ

DE ROBLES

(Continúa en pág. sigte.)

LA UTOPIA DEL CENTRO

(Viene de la pag. anterior)

cion a la dialéctica del extremismo. Las Izquierdas pueden autoafirmarse por la negociación de las derechas y viceversa. Pero ante el centro, que, en teoría, tiene Importantes puntos de solape con cada una de las dos posturas, tanto Izquierdas como derechas tienen que acostumbrarse al diálogo, a la búsqueda de soluciones de síntesis.

Y esta actitud de sintetizar, por búsqueda y potenciación de lo que une, constituiría una aportación importantísima al horizonte político español. Y ello aun cuando el centro como tal pudiese desaparecer en un plazo relativamente breve; en aquel momento en que la actitud de diálogo se hubiese entronizado en el poder. Este es un riesgo al que debe ser consciente el centro desde antes de sus principios. Sin duda, que la limpieza con que se concibe lo acerca a la utopía; pero hay momentos—y creo que éste es uno— en que la necesidad fuerza a realizar la utopia.

EL CENTRO, «TONTO ÚTIL"

PORQUE de lo que no cabe duda, y así lo confirma cualquier persona inquieta y con los ojos abiertos en cuanto entra en contacto con los dos grupos—mas que grupos con plena coherencia interna, mecanismos coordinadores o de gestión—, que son hoy día la Alianza Popular y la Coordinadora Democrática, es que unos y otros tienden con frecuencia y casi de su natural a una actitud maximalista y exclusivista. En España, a diferencia de los países europeos, con una democracia operativa (tal vez con la excepción de Italia), unos y otros persiguen la anulación del contrario, es decir, no admiten que puedan constituir aportación positiva al bien del país, aun cuando, sea como elemento de depuración critica de las propias opociones.

Las derechas y las izquierdas no se conceden beligerancia entre si; de manera que no cargan, o pretenderían cargar, el acento de su quehacer público en la convicción, Sino en la inmovilización desde la cuna de la otra alternativa. Lo cual yo creo que significa, consciente o inconscientemente, privar de una baraja de soluciones al pueblo y privarle también de la finura que supone la búsqueda de soluciones híbridas. En los países europeos a que antes aludimos se produce de ordinario el fenómeno de osmosis, de enriquecimiento reciproco y de aproximación real de los dos partidos que se turnan. Y ello, aun cuando dialécticamente afirmen su propia identidad, cara a su propio electorado, y marquen nítidamente sus contornos. La existencia de las dos opciones, consideradas como posibilidades reales de Gobierno, y ello en un clima de transparencia informativa y formativa, supone la obligación de estar atento a los hallazgos del partido contrario para, de alguna manera, buscar otras soluciones que respondan a la misma necesidad. Yo diría que, de alguna manera, utilizando un símil, existe en este campo una especie de espionaje Intelectual con afán de incorporación.

Los cristianodemócratas, en la mayor parte de los países europeos, tienen una sensibilidad social casi tan acusada como los socialdemócratas o socialistas puros, y los socialistas empiezan a descubrir que la libertad y la creatividad individual es un valor sin el cual no pueden vivir las sociedades occidentales. A pesar de lo cual, ambas posturas no prescinden del eje central de sus propias convicciones, que son, sin duda, dos formas de concebir la vida y de entender, en consecuencia, la cosa pública.

Desafortunadamente, en España no estamos aún en esa actitud. Como ya se dijo antes, los distintos grupos de promoción política que ya he denominado por sus propios nombres, están perfilando sus instrumentos para paralizar al contrario y para excluirlo del juego político. Bien es verdad que la ley de Reforma es un imperativo de convivencia, pero hace falta un apoyo cotidiano a esa ley en el terreno del juego de los partidos.

Como decía en el anterior artículo, una especie de cable a tierra de la tensión política. En esta coyuntura, el centro, como posible provocación de la coalición y, en todo caso, como opción que obliga al diálogo, prestarla un Importantísimo servicio a la colectividad en estos momentos.

Y la primera obligación que posiblemente se impondría ese centro sería la de llamar la atención sobre que es bueno para el país, y, por consiguiente, debe tenderse a ello, el que las voces plurales, el que la Coordinadora y la Alianza coincidan en los escaños de la Cámara. Una solución monocolor, de cualquier signo, pienso que serla un daño irreparable para la nación y, en consecuencia, para todos los que la integran. No soy experto en técnica política, por supuesto, y me escapan los matices de la ley electoral, en la que tanto énfasis lo cual -de por si ya es revelador—se puso ante la discusión en Cortes y el ulterior referéndum de la reforma política.

Lo que si creo que es obligado es que esa ley electoral, que, en definitiva, es un instrumento al servicio del bien nacional, se configure de acuerdo con aquella norma constitucional, de tal forma que permita esa coexistencia de las dos posiciones extremas y, a ser posible, de la posición de centro en la Cámara; que abra campo, también, por consiguiente, a esa obligación de contraste de pareceres, que, en ocasiones, puede degenerar en asperezas, pero que también es una posibilidad de una crítica recíprocamente depuradora.

IZQUIERDAS Y DERECHAS

NO SE CONCEDEN BELIGERANCIA ENTRE SI

POR eso digo que el ser de centro, que sin duda, es una posición que puede estar abocada a consumirse en un futuro más o menos breve y que, además, puede comportar el ser tildado de "tonto útil" de uno u otro signo, como casi siempre ha ocurrido en este país cuando una persona no ha estado en posición de la verdad dogmática y excluyente y ha intentado meditar en voz alta y con ayuda de los demás, puede ser algo importante en España en estos momentos.

Algo importante cara a uno mismo. Y algo importante porgue obligue a las dos posiciones, de izquierdas y de derechas, a extraer de sí mismas los muchos aspectos positivos que evidentemente encierran y a depurarlos en la comparación y en la critica. En definitiva, a dar a su bagaje ideológico un sentido activo y operativo, en lugar de convertirlo en martillo pilón de la opción contraria, que, En último extremo, es un patrimonio común y que conviene tener siempre presto por si algún día fuese necesario hacer uso de él. De aquí nuestra convicción, cada vez mayor, sobre la Importancia de hacer viable la inopia del centro.

Santiago ARAUZ DE ROBLES

 

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