Autor: Cavero, Rafael. 
   La región, redescubierta     
 
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LA REGIÓN, REDESCUBIERTA

ALGUIEN dijo, en los últimos tiempos, que este país tenía, junto con la tarea de llegar a la democracia formal y plena, otra cuestión pendiente de gran envergadura: la cuestión regional. Parece evidente, a poco que se repasen las colecciones de los periódicos, que las regiones, empiezan a estar muy presentes en la consideración general: cooficialidad de lenguas, comisiones de estudio de regímenes especiales, solicitudes de autonomía, viajes oficiales «a la periferia», utilización de banderas regionales, etc. Las regiones van a estar de moda, además, por otra cuestión, que ya se ponía de manifiesto en estas páginas, por obra de un detenido análisis de Javier Figuero, en el «Suplemento Dominical».

Resulta que la mayor parte de quienes integran lo que viene denominándose o engrosando la «clase política», y que «pupulan», o negocian, o maniobran, o establecen alianzas, o discuten estrategias, o cenan «políticamente» en Madrid, no son específicamente madrileños, y consiguientemente, y de acuerdo con la letra y el espíritu de la que en fecha no lejana será ley Electoral, deberán —¿o tan sólo podrán?— presentarse a candidatos a senadores o diputados por las respectivas provincias de nacimiento.

Entonces va a suceder —y está sucediendo ya— que los más afamados hombres de las ciencias, de las letras y de la política nacional que cada día trabajan en sus bufetes madrileños, están comenzando, curiosa y sorprendentemente, a descubrir sus propias regiones de origen, están regresando a sus orígenes biológicos-territoriales, investigando sus problemas, buscando soluciones a sus cuitas.

Por poner tan sólo dos ejemplos, que se me ocurren a bote pronto, Ricardo de la Cierva, distinguido miembro del Partido Popular, se sacrifica no pocos fines de semana para recordar a sus paisanos murcianos que él es nativo de la Huerta, y se esfuerza, muy concretamente, en trabajos de divulgación, y en destrozar toda una larga de mitos «anti» que pesan sobre Murcia y los murcianos.

La Historia, para Ricardo de la Cierva, tiene ahora mismo, y con visión electoral, un cometido, no diré que absolutamente nuevo, pero sí renovado. Lo propio sucede (y cito al segundo nombre que me viene a mientes) con José Ramón Lasuén, secretario general de la Federación Socialdemócrata. Después de hacer informes y planes económicos para la Presidencia del Gobierno o para los Gobiernos de Argelia o de Brasil, Lasuén se ha enfrascado de Heno en el tema aragonés, como nativo de Alcañiz, y aspirante a un escaño...

Y ha hallado, desde su óptica de economista con propósitos políticos, toda una serie de fallos y de soluciones a la problemática de la región. El último fin de semana en Teruel, y próximamente en Huesca, han oído u oirán a Lasuén, a sus datos —las cifras suelen ser argumentaciones irrebatibles, casi tanto o acaso mucho más que los propios hechos históricos, por hacer «vidas paralelas» las de los dos personajes que se citan— y también a sus soluciones.

Y mientras que Ricardo de la Cierva menciona, a modo de ejemplo y desbarata la insuficiencia histórica de quien ve en el murciano a «gente de malvivir», José Ramón Lasuén descubre que el ahorro aragonés es el tercero de España, y que Aragón, que con Castilla ha sido un baluarte incondicional de la unidad de la Patria, no ha recibido a cambio compensación de ningún género.

En suma, que por boca y virtud de los candidatos repasaremos historia, vida, milagros y cuitas del país, parte por parte, zona por zona, región por región.

José CAVERO

 

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