Autor: Soroeta Olano, Francisco. 
   Dos caminos para el estatuto de autonomía     
 
   21/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Dos caminos para el estatuto de autonomía

El borrador del proyecto de decreto-ley sobre un régimen transitorio para el País Vasco, elaborado por el Partido Socialista, de Euskadi (PSOE) con el propósito de cubrir la etapa previa a la consecución del definitivo Estatuto de Autonomía, ha provocado numerosas reacciones entre el resto de las fuerzas políticas vascas. Actualmente, este proyecto —susceptible de modificaciones, segun los propios socialistas— está siendo discutido por su» autores con los partidos políticos más importantes del País y ello nos, ha movido a consultar a dirigentes de las más variadas tendencias sobre su opinión en torno al borrador. Hemos solicitado artículos a Federico davala y Gerardo Bujanda (senador y diputado, respectivamente, del PNV), Francisco Idiaguez (del Partido Comunista de Euskadi), Germán Urbisu (de Acción

Nacionalista Vasca), "txillardegi" (de ESB) Patxi Soroeta (Democracia Cristiana Vasca), Juan Maria Bandrés ( senador de "Euskadiko Ezkerra" ) kadiko Ezkerra"), Miguel CAStells (de EIA), Gabriel Zubias» (de EKA), Juan Antonio Olazabal (de la Comunión Tradicional lista), Eduardo Manzano (Gu), Alvaro Navajas y Manuel Escudero Rueda (promotores de la coalición Demócratas Independientes Vascos en las pandas elecciones) y a Alberto Pérez Calvo (del Partido socialista Popular de Euskadi). El orden de publicación no supone ninguna preferencia particular, es únicamente producto del propio orden por el que hemos ido recitando estos articulos con lo que tenemos la modesta intención de "parlamentirizar" un tanto nuestro País Vasco en un tema tan importante y reivindicado como es el de la consecución del régimen autonómico.

(El trabajo que a continuación publicamos es de Francosco Soroeta:

* * *

En el transcurso del ultimo siglo y medio de centralismo absorbente y opresor, cada vez que en el horizonte político asoma un rayo de luz prometedor y de libertad, surge en el pueblo vasco, con impulso incontenible, la exigencia de autonomía. No es de extrañar, por consiguiente, que la autonomía haya sido el gran tema de las recientes elecciones legislativas en nuestro País Vasco.

La casi totalidad de los partidos políticos en liza hemos coincidido en esta preocupación y los dos más fuertes crearon un "frente autonómico "al que sus afiliados y simpatizantes respondieron con ejemplar disciplina, poniendo de relieve que para el pueblo la autonomía es una inquietud sentida en profundidad. A menos en las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya, ya que Álava y Navarra conservan un régimen toral en vigor y no sienten con tanta intensidad y urgencia el anhelo autonómico.

Lamentablemente, llegado´ el momento de llevarlo a la práctica, demasiado pronto han surgido discrepancias, cuando no serías disensiones, en el seno de La Asamblea de Parlamentarios Vascos, en torno a la oportunidad, la forma de actual y el contenido de las reivindicaciones planteadas.

Surgen fricciones y recelos entre las diferentes facciones. Unos son acusados de lentitud mientras se tacha a otros de precipitación. Y en este ambiente enrarecido a todos debemos pedir un esfuerzo por superar los intereses de partidos y servir mejor a las legítimas aspiraciones autonómicas.

No es fácil, evidentemente, determinar el mejor camino a seguir y menos aún fijar límites concretos a las competencias cuyo trasvase del Estado hay que reivindicar. Pero mucho más difícil es concretar el ámbito de aplicación de la autonomía a causa de las diferentes circunstancias políticas que existen en las cuatro provincias.

Este es el verdadera o nudo gordiano del problema.

¿Desea Navarra un Estatuto de Autonomía común a las cuatro provincias? Desgraciadamente, los resultados electorales y las manifestaciones públicas de la mayoría parlamentaria navarra no parecen indicarlo así, sin contar con el pronunciamiento navarro de 1932 en contra de tal posibilidad.

Ante situación tan conflictiva, parece que la restitución de un estatuto basado en el que fue masivamente refrendado por Álava, Guipúzcoa y Vizcaya el 5 de noviembre de 1933 y que sensiblemente recortado, aprobaron las Cortes Españolas en 1936. Y proceder, más tarde, a su actualización por los ayuntamientos que resulten de las próximas elecciones.

Navarra podría incorporarse libremente a dicho Estatuto si, como deseamos, así lo decidiese en un plebiscito.

Y que Conste que no propugnamos un tratamiento separado para Navarra. Pero mucho nos tememos que sea Navarra quien lo desea. Precisamente por eso, son dignos de encomio cuantos esfuerzos se realicen, si son sinceros, por evitar antagonismos y conseguir un proceso autonómico convergente entre los partidos.

La otra alternativa, cuya única desventaja estriba en el Factor tiempo, consistiría en repetir la andadura de los Ayuntamientos vascos durante la República, convocándolos, después de las elecciones municipales, a elaborar, discutir y aprobar un nuevo estatuto de autonomía.

Y, por favor, que nadie desencierre el fantasma del separatismo. Rechazamos rotundamente la acusación de que la autonomía es el mejor caldo de cultivo para la independencia.

La autonomía es un derecho elemental de toda comunidad política y el reconocimiento y respeto del mismo contribuirá decisivamente a eliminar recelos y estrechar vínculos entre todos los pueblos de España, cuya unión debe fundarse en los principios de asociación, colaboración y solidaridad.

Así lo debe hacer constar la futura Constitución española en el capítulo dedicado al régimen de autonomías, que confiamos no será cicatero en la enumeración de competencias cuyo ejercicio puedan solicitar los diferente» pueblos que forman el Estado español. No cometamos el error de plantear la autonomía como algo exclusivo de vascos y catalanes. No tardarían en surgir las acusaciones de privilegio por parte de los eternos centralistas. Es evidente que otras comunidades, semejantes a la nuestra, tienen también derecho a disfrutar1 de la más amplia autonomía.

Lo que sucede es que, al menos por el momento, los otros pueblos del Estado español no ansian con tanta vehemencia la autonomía y seguramente no están dispuestos a ejercitarla en el mismo grado.

Para terminar, es preciso hacer- hincapié en la extraordinaria trascendencia del tema de la autonomía financiera.. Por muy amplias que sean las facultades que contenga el estatuto, es evidente que el ejercicio de las mismas, quedará supeditado a las fuentes de recursos económicos. Por consiguiente, es indispensable que el País Vasco disponga de medios financieros propios, sin que esto suponga atentar contra la solidaridad decida a los otros pueblos del Estado español, con los cuales llevamos muchos siglos de convivencia.

San Sebastián, 17 de agosto de 1977.

Francisco SOROETA OLANO Democracia Cristiana Vasca

 

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