Autor: Azaola, José Miguel de. 
   Ceuta, Melilla y Gibraltar     
 
 Diario 16.    18/09/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

1 S-septiembre-81/Diario16

JOSÉ MIGUEL DE AZAOLA

Ceuta, Melilla y Gibraltar

Azaola explica los posibles efectos que la entrada de España en la Alianza Atlántica podría tener sobre

Ceuta y Melilla, así como sobre el contencioso de Gibraltar. Ambas cuestiones se encuentran imbricadas

en la política africana de los países pertenecientes a la OTAN.

El viaje del ministro Oliart a las plazas de Melilla y de Ceuta, y el carácter de actos de afirmación de la

españolidad de ambas ciudades que se ha querido dar marcadamente a todos los celebrados allí durante su

estancia, subrayados por las palabras del propio ministro atreviéndose a profetizar que Melilla y Ceuta

seguirán siendo españolas «por lo menos otros quinientos años» (sabiendo muy bien que nadie va a

pedirle cuentas del cumplimiento o incumplimiento de su profecía), estos son hechos reveladores de la

inquietud, por no decir angustia, que reina entre los españoles ceutíes y melillenses y que acaban de venir

a justificar las declaraciones del ministro marroquí de Asuntos Exteriores diciendo en Londres que, para

fines del siglo que ahora corre, o sea, antes de veinte años, las dos plazas se habrán incorporado a

Marruecos.

La OTAN

Es normal que el Gobierno, en estos momentos en que quiere lograr del Parlamento la aprobación de la

adhesión de España a la Alianza Atlántica, desee extinguir ese foco de inquietud que ha sido avivado

precisamente por el anuncio de que nuestros gobernantes, pasando de las palabras a los hechos, se

disponen ahora mismo a cumplir una de las promesas más claras e inequívocamente formuladas por el

presidente Calvo-Sotelo en el discurso que pronunció en el Congreso al solicitar su investidura como jefe

del Gobierno: la de que haría en breve lo necesario para que España pase a ser parte contratante del

Tratado del Atlántico Norte.

Pero, ¿en qué afecta este tratado a Ceuta y a Melilla?

Directamente, en nada. Lo cual hace incomprensible el siguiente comentario que acaba de salir de la

pluma de uno de los más autorizados cronistas políticos españoles: «Temen los habitantes de estas dos

ciudades españolas, situadas estratégicamente en la frontera africana, que pueda aumentar su inseguridad

si quedan de hecho fuera de la sombrilla protectora del Tratado de Washington» (como también se llama

al del Atlántico Norte).

La inseguridad de Ceuta y de Melilla, en la medida en que pueda existir, no aumentará por el hecho de

que ese tratado no garantice el mantenimiento de la soberanía española sobre los territorios respectivos,

por la sencilla razón de que, actualmente, ninguno de los miembros de la Alianza Atlántica (ni siquiera

los Estados Unidos, aliados de España en virtud de un pacto bilateral) garantiza dicho mantenimiento. De

modo que, por lo que al Pacto Atlántico se refiere, las cosas, si España lo suscribe, quedarán para Ceuta y

para Melilla exactamente igual que hasta ahora.

Nada cambia

El Tratado del Atlántico Norte estipula la mutua ayuda de todos los aliados cuando sea amenazada la

soberanía de uno de ellos en sus territorios europeos o en las islas, navios o aeronaves que estén en el

océano Atlántico al norte del Trópico de Cáncer. No garantizaría, pues, la soberanía española sobre Ceuta

y Melilla, las cuales no se encuentran «en la frontera africana», sino en África, en la frontera marroquí.

Y el Gobierno español sabe de sobra que los miembros del Pacto Atlántico, y especialmente Francia y los

Estados Unidos (para quienes es importantísimo el tener relaciones de amistad con el reino de

Marruecos), no están dispuestos a hacer extensivas a Ceuta y a Melilla las garantías que el tratado ofrece.

Con lo cual —repito— no se habrá perdido nada, pues nadie garantiza hoy desde el exterior la soberanía

española sobre esas plazas. De modo que invocar la precaria situación en que las dos quedarían, como

argumento para oponerse a que España ingrese en la Alianza Atlántica, es una falsa alarma basada en un

sofisma.

Lo que agravaría esa situación, desde el punto de vista español, sería otra cosa: sería el restablecimiento

de hecho (pues de derecho nunca desapareció) de la soberanía española sobre Gibraltar. Con lo que para

ser consecuentes, y si lo que nos interesa más es seguir manteniendo la soberanía sobre Ceuta y Melilla y

apaciguar la inquietud de melillenses y ceutíes, lo que hemos de hacer es renunciar a recobrar la soberanía

de hecho sobre Gibraltar, ya que las autoridades marroquíes se han hartado de anunciar que plantearán el

problema de las dos plazas norteafricanas el día en que España haya resuelto a su satisfacción el del

Peñón gibraltareño.

Y es por ahí por donde, indirectamente, podría incidir en la situación de Ceuta y de Melilla nuestro

proyectado ingreso en la Alianza Atlántica. Porque este ingreso, al convertirnos en aliados del Reino

Unido, debiera lógicamente favorecer la solución del asunto de Gibraltar.

Hibernación___

A menos que, por las razones que sean, se prefiera dejar este asunto en hibernación y esquivar el

obstáculo añadiendo al Pacto Atlántico una cláusula por la que España y Gran Bretaña se comprometan a

no hacer uso de la fuerza para resolver sus diferencias sobre el Peñón, y los demás aliados acepten de

antemano la solución que españoles y británicos den en su día, de común acuerdo, a su desacuerdo actual.

Y quizá esta hibernación sea, hoy por hoy, lo más deseable. Ya que si para apoyar su actitud atlantista el

Gobierno de España consigue del de su majestad británica una concesión que satisfaga nuestras

pretensiones sobre Gibraltar, se habrá apuntado un tanto muy importante; pero, automáticamente, habrá

desencadenado el conflicto en el norte de África. Este, con Pacto Atlántico o sin él, depende del status de

Gibraltar.

 

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