Autor: Trenas, Julio. 
 Teatro. 
 "Divinas palabras", de don Ramón Valle-Inclán     
 
 Arriba.    30/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

«Divinas Palabras», de don Ramón Valle-Inclán

Valoración: 8

Nobilísima empeño, logro excepcional a cuenta del bi-nomio- artístico Nuria Espert Víctor García, el

montaje de «Divinas palabras» que, en un clima ligeramente contro-vertido, beato» disfrutado en el

renovado escenario -del Monumental. Una vez mis tropezamos con los defensores de la autenticidad a

ultranza ante la concepción granulosa, barroca y surrealista a la vez del director argentino, soberbiamente

encauzado por el genio trágico de la actriz. «¡Esto no es Valle-ln-clan!», escuchamos decir a alguien con

el ademán de quien se rasga las vestiduras ante la comisión de un desafuero. Tal vez el gesto intransigente

se apoyase en una convicción honrada. No cabe duda, sin embargo, de que obedecía a un desfase óptico.

Al parecer, sólo puede entenderse y vivificarse a Valle en un clima de evocació» pueblerina, asfixiado de

trasgos y brujas, mezcla de realismo salvaje, empapado de fantasia» lindante con el satanismo o liberado

por una religiosidad que camina paralela a la superstición. Cualquier otro intento o propuesta será

recusable.

Para mí, tal actitud supone el enclaustramíento de Valle-Inclán en un tiempo. No precisamente en su

tiempo. Entiendo que si hay un autor cuya obra fue realizada pensando en La traduccion que habría de

darle la posteridad, ese autor es Valle. Y hablo concretamente de su teatro, superior por el aliento

expresionista costumbrista o trágico, a su novela y a su poesía, aunque contenga tanta inspiración y

vehiculo expresivo de ambos géneros. Por eso admito que Víctor García. al enfrertarse con «Divinas

palabras», en vez de darnos una tragicomedia aldeananos-- haya asombrado con la rotunda evidencia del

pan-espectáculo. Y lo consigue, justo es decirlo, sin despojar a Valle-Inclán de su más noble sustancia: el

verbo. El del Monumental —con-cedo— acaso no sea el Valle acostumbrado, pero no cabe acusársele de

la menor adulteración.El barroquismo barniniano con que Victor García lo visualiza no le hace perder un

soto adarme de su entrañable poesía, de su fiereza Implacable. Se nos aparece como lo vio Rubén Darío

en aquellos versos anunciadores:

Y donde las sombras antiguas van

Por cuevas de lobos y de ra.-[posas, Ha traído cosas muy misteriosas. Don Ramón María del Valle-Inclán.

Tampoco deja de ser, como luscamente se ha clasificado, esa gran tragedia galaica de Valle-lnclan». Y el

asomo a la europeidad de su genio. Aquí, más que nunca, la concomitancia —asaz misteriosa, pues no

hubo conocimiento mutuo entre ambos escritores— con Ghelderode. De la «trilogía bárbara» que integra

con «Romance de lobos» «El embrujado» —incluida esta última en el «Retablo de la. Avaricia, la

Lujuria y la Muerte»—, «Divinas palabras» es la mas convulsionadora, desgarrada y penetrante. En ella

cabe detectar ya la aparición decidida del esperpento en versión de aldea. Avaricia, Muerte y Lujuria se

mezclan a la miseria y el sarcasmo. Toda la acción discurre como un largo peregrinaje de la picardía

paralelo al de una religiosidad, capaz de hacer sitio a la piedad supersticiosa. Víctor García ha concebido

unos grandiosos Ingenios, a base de tubos y varales, despiezados y móviles, que asumen estructuras

diversas. Unas veces se pierden tras de las cortinas, de-jando un solo elemento como alusión

escenográfica; otras se adelantan unánimes en el amplio escenario, abarcan doro en la medida de su

embocadura, enriquecidas en sus entrebarras por las trompetas descomunales. Así puede sugerimos lo

mismo el interior o la fachada catedralicia que el mesón de «Ludo-viciar donde tr-ansrarre una juerga de

aguardiente en la que se hace participar en la Baldadiño», pequeño monstruo, industria pedigüeña de

«Mari-Gaila», hasta procurarle la muerte, mientras ella se refocila —a costa de la honra da su marido, el

Sacristán «Pedro Gailo— con el Com-padre Miau»,

Por la escena transita, en constancia terrible, el carricoche de la muerte. De tan negra v feroz, la pintura

nos deja inmunes a la conmoción. Todo es bárbara comedia externa. Mi un momento de dolor auténtico,

aunque los per. sonajes se precipiten, como expertos negociantes de las lágrimas, en la desesperación del

planta. La lujuria se desata sin refinamientos, en los-confines, de ta miseria, pura bestialismo que alcanza

las fronteras del Incesto, aunque no falle. Incluso sabré la voluntad de estas gentes, an leve «destello de

poesía a el brote de alegría. barbara más próxima al aquelarre que al sibaritismo de Dionysos. Nuria

Espert hizo una verdadera creación de «Mari´ Gaila». Le infundió trágica grandeza y feminidad no exenta

de feroz encanto. Se entregó plenamente al per-sonaje» datándolo de verdad. y vida. Et resto del reparto

es —creo que esa fue la Intención del director— un enorme y multitudinario coro. El ápice cora) adquiere

emoción litúrgica cuando el sacristán, «Pedro Gail». pronuncia las «divinas palabras» y culmina en el

puro desnudo de Nuria, elevada sobre el alto varal. Ha sintetizado Víctor García en este fabuloso logro

plástico la visión de «El carro de heno», del Bosco, presente sin duda en la acotación valleinclanes-ca :

Rítmica y antigua, adus-ta y resuelta, levanta su blanca desnudez ante el río cubierto de oros... Rodante y

fragante montaña de heno, el carro con sus bueyes dora dos, y al frente el rojo gigante que los conduce,

era, sobre la fronda del rio, como et carro de un triunfo de Eau nal las.»

En la Interpretación desta carón Antonio Canal, ,el «Compadre Miau»; José Jaime Espinosa, «El

Baldadiño»; Maite Brík Simoniña», y José Camacho, «Miguelín». No obstante, hubo bastante

desigualdad interpretativa apliacable, posiblemente, al hecho escénico —estrena de en escenario y

«puesta» de una atrevida versión de Va lle— que se producía esa noche. AI final hubo aplausos y

«bravos» mezclados con pruebas de disconformidad. Muría Espert, Víctor García y todos los intérpretes

saludaron. Al comienzo de la repre sentación, Nuria Espert, presente la compañía en el escenario, pidió al

público, al Igual que se hacía ese día en todos los teatros: «Un minuto de silencio por las víctimas de la

violencia de estos días y las del día de hoy.» Julio TRENAS (Foto Antonio.)

 

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