El sensacionalismo publicitario y la deontología médica     
 
 ABC.    21/08/1971.  Página: 65. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC. DOMINGO 18 DE ENERO DE 1959. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 65

£L SENSACIONALISMO PUBLICITARIO Y U DEONTOLOGIÁ MEDICA

un medico madrileño, que-nos ruega ocultemos su nombre, pero cuya fama nos sirve de garantía, ha visitado nuestro periódico con el propósito de reivindicar a la Medicina y a la Investigación clínica españolas con motivo del suelto que ayer nos envió la Agencia Cifra acerca de un producto del que se consideraba carente a España. Este doctor nos ha traído los frascos de esa "medicina" y nos dies que los servicies médicos universitarios y la Dirección General de Sanidad están al día y no ¡pueden impresionarse por informaciones que impriman en los lectores o enfermos una creencia en su desidia o ineptitud. Aun cuando las mas modernas medicinas no estuviesen como están, a disposición tíe los médicos bien informados, de los sanatorios y servicios importantes y d3 la Dirección General de Sanidad, que están al día y en contacto con todos los descubrimientos de antibióticos y de remedios extranjeros, Jba y, además, algo indudable: las Embajadas extranjeras tienen, a disposición de todos los centros médicos y de todos los destacados" médicos de España unos boletines particulares que sirven de información segura a las autoridades médicas que trabajan en nuestro país, donde es impertinente decir que no se disponen de tan aventajados medicamentos o métodos terapéuticos y quirúrgicos como puedan existir en el resto del mundo.

A continuación damos acogida al escrito que nos envía el ilustre doctor madrileño:

En algunos periódicos de anoche y de la mañana -del día de hoy se expone, can. los mismos caracteres de emoción y "sensacionalismo" con que vienen produciéndose laibqíiosas "salvaciones", una vea más la as una vida por virtud de un medicamento "inasequible en España" y cuyo nombre comercial aparece claramente inserto.

Me es muy grato hacerle a, usted constar que, desde liaee ya ocho o diez meses, el citado medicamento—en frascos de cien tabletas que muestro—obre, en poder de muchos médicos españoles para experimentación y empleo clínico; puesto que la Medicina española, en la vanguardia del progreso, y la Dirección de Sanidad española no pueden permitir el enorme desprestigio y acusación moral que suponen las citadas inserciones por hacer oreer que éste u otros medicamentos faltan en España.

Por otra parte, también hace días se ha comunicado la muerte de un enfermo que reclamó, a través de una radio privada, una medicina que le fue traída inmediatamente de Alemania, cuando con un nombre comercial diferente, existía en toda España. Su inutilidad en este caso fue evidente, ya que no evitó el deceso. En el caso que motiva esta comunicación, cualquier otro antibiótico o mezcla de antibióticos, en una persona joven y fuerte como la o;ue refiere la "gacetilla", aféqía de una infección corriente, hubiera también determinado la curación del -oroceso que no puede ser llamada "sensacional salvación", puesto que el medicamento citado es un antibiótico más y no el mejor.

Precisamente, en estos meses se está desarrollando una campaña deontológica contra las fórmulas de "sensacionalismo" en la propaganda médico - comercial de profesionales desaprensivos y de casas comerciales poco cuidadosas de la ética y deontología medicas.

El caso de las famosas gemelas de Elche ha suscitado también una serie de "fórmulas" para c-1 diario; los patronímicos cítateos, consuetudinariamente insertos, remitidos por las asencias habituales, envuelven significado fundamentalmente comercial. Los clínicos e instituciones que anteriormente habían atendido anónimamente a las citadas enfermas, han quedado a un nivel deontológico y científico incomparable al ser corroborados en sus diagnósticos y tratamientos de forma tan innecesaria como especuladora. Resulta, hoy más que nunca, un "mito" él "clínico omnipotente". Cada vez la labor médica es más bien de equipo, de perseverancia en el estudio y experimentación calladas y veraces.

En estos días, un relevante ejemplo lo proporciona Francia, cuyo periódico "France Soir", el 11 de enero actual, se ve en la imposibilidau de insertar la fotografía de cuatro médicos-jefes del Instituto y Fundación Curie—con motivo del reparto anual de premios en la Sorbona—que contribuyeron a la salvación de cinco sabios yugoslavos, afectados gravísimamente por irradiaciones atómicas, y que se han negado a "ver sus fotografías publicadas en diarios y revistas, porque toda publicidad personal es incompatible con los dictados de la Orden de los Médicos" (sic).

Italia, también en estos últimos meses, ha dado un brillante ejemplo del nivel de su deontología médica por mediación de la Asociación de Médicos de Italia, separando y proscribiendo definitivamente del ejercicio profesional en su territorio, al doctor Galeazzi Lissi.

En España nuestras autoridades tienen, el deber de sancionar toda propaganda médica de objetivo dudoso, para que no se den los casos tan repetidos como los de estos días y otros, como él que el nombre de un prelado, que por principio de modestia cristiana siente el deseo de evitar la divulgación de su personalidad, sea "utilizado" con cualquier motivo para explotación de la "credulidad" de los lectores del diario, poco avisados sobre el sistema. Si se piensa que en las clínicas españolas son operadas altísimas dignidades de las restantes provincias, de algunas vecinas repúblicas, incluso cardenales italianos, y que no todas las personalidades del mundo pueden ser atendidas por un solo colga, hayan de recuperárselo no, el fundamento de la profusión de noticias suscitadas en estos días con dicho motivo es evidente. Se comprende, pues, que en España existen clínicos muy respetables qua jamás .comulgan con debilidades, en pugna con un ejercer digno y austero y que sólo en virtud de una conciencia auténtica, y no por imperativo de una ley, mantienen el secreto profesional a toda costa, evidenciando, de este modo, una deontología ortodoxa, también contraria a las "fórmulas económicas" de la publicidad subrepticia.

En una república sudamericana, un clínico extranjero fue sancionado, hace poco, por sus declaraciones públicas sobre la salud de uno de sus dirigentes, contrarias a la verdad. Tamaño ardid e intriga ha motivado, asimismo, sanciones en la Embajada del país de origen del citado "mitómano". También otro prohombre, conciudadano del citado colega, ha sido amonestado sobre los excesos £ inexactitudes propaladas por una egolatría gratuita, en manifiesta pugna con la realidad, que no vacila, para su lucro, en afirmar hechos contrarios a la verdad.

Las Asociaciones de Médicos de España, sus Academias, etc., tienen un imperioso deber que cumplir. Mientras llega esa hora, los médicos debemos ilustrar al público profano para que no peque de incauto.

 

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