Autor: Lluch, Camilo. 
   La seguridad social, en la encrucijada     
 
 Ya.    17/11/1976.  Página: 41. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

17-XI-76

ECONOMÍA Y SOCIEDAD

Pag. 41

LA SEGURIDAD SOCIAL, EN LA ENCRUCIJADA

La Seguridad Social en España está inmerso en una profunda crisis que afecta a su financiación, a sus

gastos, a su gestión y a su control. La superación de sus deficiencias exige un completo replanteamiento

de sus fines, medios y organización. Es preciso implantar el control democrático del presupuesto de la

Seguridad Social, cuya cuantía alcanzará en breve plazo al de la totalidad del Estado Español

Tras ser considerada como uno de los mejores logros del Régimen en beneficio de las clases trabajadoras

del país, la Seguridad Social española está actualmente inmersa en una profunda crisis que afecta a su fi-

nanciación, a sus gastos, a su gestión y, en fin, a su control democrático. La propaganda oficial ha

presentado a la Seguridad Social como un instrumento de protección a los débiles, de promoción social y

de redistribución de la renta. Nada más lejos de la realidad. Efectivamente, los defectos de nuestro

sistema de seguros sociales pueden ser enumeradas así, sin ningún ánimo de exhaustividad:

1. Negativos efectos redistributivos de la renta, debido a que la financiación se realiza, con cargo á los

propios trabajadores, sea directamente mediante las cuotas que se les deducen de sus retribuciones, sea

indirectamente a través de la elevación de los precios de los bienes y servicios que consumen, al ser la

cuota empresarial un coste de producción más.

2. Fuerte impacto inflacionista como consecuencia de la escasa aportación estatal a su financiación y de la

gran regresividad del sistema tributario que le sirva de base, lo cual determina que la mejora de las

pensiones y de las prestaciones incida pesadamente sobre los precios de los productos.

3. Desviación de los recursos obtenidos por el sistema hacia finalidades que le son ajenas y que

generan una baja rentabilidad económica y social, como sucede con la adquisición de obligaciones de

empresas privadas del INI,

4. Baja calidad de la asistencia sanitaria a causa de la centralización de la gestión y de la prioridad

concedida a la política de construcciones frente a los gastos de personal e Investigación, que

determina una alta proporción de pacientes por médico y unos escasos medios terapéuticos.

5. Ausencia de una política racional de compra de medicamentos que tienda a reducir el número de

especialidades y de prestaciones con el fin de rebajar este capítulo ascendente de los gastos del sistema.

6. Insuficiente nivel de las pensiones, que no llegan en muchos casos a la altura del salario mínímo

legal y que colocan a sus perceptores en una crítica situación económica y social.

7. Escasa extensión de los seguros sociales en 1a agricultura, que contribuye a acelerar el trasvase de

mano de obra del campo a la ciudad y a deteriorar aún más las penosas condiciones de la vida rural.

8. Irracional estructura organizativa, fuertemente centralizada,

que es origen de duplicidades, retrasos y gastos inútiles, que son verdaderos despilfarres que nadie

controla, y mucho menos los propios beneficiarlos del sistema.

Es obvio, por tanto, que para este viaje no eran necesarias tales alforjas. Tenemos un sistema de seguros

sociales que ni tan si. quiera cumple con las condiciones mínimas exigidas al seguro privado. Es regresivo

porque canaliza el dinero de los trabajadores hacia la financiación de actividades que debieran ser

atendidas por el Estado, con cargo a un sistema fiscal progresivo. Es inflacionista porque Incide sobre los

costes de producción de un modo piramidal, y la escasa aportación estatal se basa en unos tributos

básicamente regresivos. Es ineficiente porque desvirtúa el verdadero orden de prioridades de los seguros

sociales y tiene una defectuosa estructura organizativa. A titulo anecdótico mencionaremos la oferta de

una gran empresa aseguradora alemana al Gobierno español, consistente en la prestación de los servicios

actuales con la mitad de las cuotas totales recaudadas. Por otro lado, nuestro sistema de seguros sociales

carece totalmente de originalidad, pues sus antecedentes se remontar an la experiencia de Bismarck, que

tiene un siglo de antigüedad.

Ahora bien, la superación de esas deficiencias exige un completo replanteamiento de los fines, los

medios, la organización y el control de la Seguridad Social. Su presupuesto rebasa ya los 700.000

millones de pesetas y su ritmo de crecimiento es superior al del Estado, por lo que, dentro de dos o tres

años, puede llegar a sobrepasarlo.

Se ha convertido, pues, en un estado dentro del Estado, con la agravante de una falta de transparencia

Informativa y de control democrático, que origina la mayor parte de los defectos reseñados. Muchas

pequeñas y medianas empresas no pueden soportar las crecientes cargas sociales. Esto incrementa el paro,

lo cual constituye un triste sarcasmo, pues un sistema que pretende combatir el Infortunio resulta que, en

resumidas cuentas, lo fomenta. Por consiguiente, es el mismo concepto de seguro social el que debe ser

redefinido. Un sistema no es social por adjudicarle dicho adjetivo, sino cuando satisface las necesidades

de la colectividad.

Como he demostrado en mi tesis doctoral, los países que realizan el menor esfuerzo fiscal para financiar a

su Seguridad Social son aquellos que registran un crecimiento de las transferencias sociales mayor que el

aumento de las cantidades recaudadas mediante las cuotas. ¥ tanto más bajo será ese esfuerzo cuanto más

alta sea la progresividad del sistema impositivo que sirve para financiar la creciente aportación estatal.

Por lo tanto, la reforma de la Seguridad Social, cada día más urgente, debería discurrir por los siguientes

cauces:

1.» Cambio radical en su financiación, aumentando la aportación estatal, por lo menos hasta la tercera

parte del total, basada en una simultánea reforma fiscal que potencie la imposición directa que grava la

renta y la riqueza personales.

2..« Reorientación del gasto en el sentido de aumentar fuertemente los capítulos del personal facultativo,

investigación, material terapéutico y, en especial, pensiones. La sustitución del sistema de capitalización

por el de reparto hace innecesaria, por otra parte, la adquisición de obligaciones por las mutualidades,

cuyos recursos deben revertir íntegramente a sus asociados.

3.´ Descentralizar la asistencia sanitaria y la Administración general, con el fin de mejorar la eficiencia del

sistema y de elevar la calidad de las prestaciones.

4.» Controlar democráticamente los Ingresos y los gastos del sistema a todos los niveles, para lo que se

precisa la intervención de una comisión parlamentarla, de los sindicatos libres, de las asociaciones

patronales y de los entes locales.

5. Extender progresivamente e1 sistema hacia todos los trabajadores y zonas del país como etapa previa

para la Instauración de un auténtico Seguro nacional, que cubra a todos los ciudadanos, con

independencia de su vinculación laboral presente o pasada.

6. Reglamentar al sector farmacéutico, que tiene su principal cliente en la Seguridad Social (setenta mil

millones), planificando su producción e investigación en función de las necesidades colectivas.

Si la reforma se orienta en este sentido habremos puesto el mejor fundamento de una España democrática,

que sólo puede basarse en la solidaridad de sus hombres, eficazmente organizada y dirigida. Todo lo

demás es pura demagogia y palabrería hueca.

Camilo LLUCH

Profesor de teoría económica,

 

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