Autor: Vasallo, Jesús. 
 Seguridad Social. 
 20,000 medicamentos     
 
 Arriba.    01/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Seguridad Social

20.000 MEDICAMENTOS

Increíble pero cierto. Somos el país que tiene el mayor número de especialidades farmacéuticas.

Veinte mil, en números redondos. Ello podría dar lugar a pensar que cualquier investigador da cada día

con una nueva fórmula en sus laboratorios. Nada más lejos de la realidad. Lo importamos casi todo. La

cifra que pagamos por los derechos no es abrumadora, sino sonrojante. Algún día habrá que analizar fría-

mente y a conciencia la penetración progresiva de las multinacionales de las pastillas y las pildoras.

Consumimos mucho, demasiado. Con exceso. El español suele creer que posee el derecho a intoxicarse,

por su cotización a la Seguridad Social. Su gran «hobby» es consumir medicinas. En cada casa existe una

botica escondida. Si los armarios hablasen, sería para divertirse. En algunos hogares hay auténticos

depósitos de fármacos, sin discriminación. Para todo y contra todo. Pildora al canto y adelante.

La medicación es como el gran deporte nacional, cual un inmenso vicio que ha calado hondo. Luego

hablan del juego y del alcoholismo. ¿Para qué? Lo lógico sería que por el consumo que se hace fuera el

nuestro un país de hombres fuertes y robustos. Pues más bien parece lo contrario. No está sano el hombre

que ha de atizar pastillas a] coleto en cualquier situación o circunstancia. A no ser que su actitud

constituya una manía. O que se sienta con derecho a abusar de aquello que pagamos entre todos.

El gasto farmacéutico a cargo del fondo común de empresarios y trabajadores, más un poco que pone el

Estado, es como para echarse a temblar; 83.000 millones de pesetas en el año pasado; 600.000 previstos,

si no se frena el ritmo, para el próximo quinquenio. Pero a nosotros ya no nos asustan los números. Antes

esas cifras nos mareaban. Ahora ni nos impresionan lo más mínimo. Sin embargo, tiempo es ya de

meditar seriamente sobre el tema.

Tenemos una responsabilidad común. Aquí no caben desentendimientos. Hay que ahorrar; pero la

comunidad entera, sin distinciones ni excepciones. Hace falta un auténtico sentido de la responsabilidad

nacional. La oferta y el consumo van a ser racionalizados, en virtud de un reciente decreto del Gobierno.

A uno le dan miedo estas disposiciones que engrasan hasta límites insospechados en otros puntos, la

«Gaceta de Madrid». También en esto de la letra impresa en el boletín batimos las marcas, si no

mundiales, por lo menos europeas. Todo se regula y nada se cumple. Falta vigilancia, sentido ciudadano.

Carecemos de reservas morales para hacerlo, ésta es la verdad. Pero vamos a ver qué pasa. En el decreto

se respeta la libre prescripción de los médicos y se prevé la actualización de las aportaciones de los

beneficiarios. Son dos factores clave.

Que el facultativo dispense lo que en rigor juzgue necesario, sin presiones del paciente, que quiere lo más

caro, porque piensa que es lo mejor. No siempre es así. Algunos puntos de la firma de recetas necesitarán

un cuidado especial por los organismos correspondientes. Que no haya exigencias de los clientes ni

alegría y ligereza en los galenos. Recetas, tamaños, envases, precios, deben estar bajo el control

imprescindible. Si se utilizan unas 3.500 especialidades, ¿por qué ha de haber 20.000 en el mercado?

Atención todos a un mal que cada día se lleva algo de nuestro patrimonio colectivo.

Jesús VASALLO

 

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