Autor: Mendizábal. 
 El escritorio de Mendizábal. 
 La Seguridad Social, alegre billonaria     
 
 Diario 16.    13/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

EL ESCRITORIO DE MENDIZABAL

La Seguridad Social, alegre millonaria

El próximo sábado, día 15, cumple el plazo fijado por la ley para que ingresen en las Cortes los

Presupuestos de las Administraciones Públicas (Estado, organismos autónomos, corporaciones locales y

Seguridad Social), que por primera vez se presentan de forma conjunta —e individual, si exceptuamos el

del Estado— a la aprobación de los parlamentarios.

Los parlamentarios se verán en la necesidad, si las primeras estimaciones son ciertas, de aprobar unos

Presupuestos que superarán los tres billones de pesetas, de los cuales 1,3 corresponderán a la Seguridad

Social. Mendizábal, ante el elevado aumento de este último, ha estimado conveniente realizar algunos

comentarios sobre la estructura y control de sus presupuestos, a la luz de la experiencia pasada.

Sistema regresivo

Loa presupuestos de la Seguridad Social fundamentalmente se financiaban por los empresarios, 76 por

100; asegurados, 17 por 100, y Estado, " por 100 (1975). A través de un análisis de los principales países

occidentales se infiere, como señala Rafael Alvarez Blanco en "Hacienda Publica Española", número 47,

que comparativamente las cotizaciones son muy altas en España, en especial la de los empresarios, y muy

baja la contribución del Estado.

La regresividad de las cotizaciones viene caracterizada porque, por un lado, la cotización es la misma

para todos los afiliados de una misma categoría (licenciados) , independientemente de cuál sea su

retribución, y, por el otro, porque el abanico máximo de cotización entre la escala superior (licenciados e

ingenieros) e inferior (peones) es sólo de 1,5. Lo cual contrasta con la amplitud actual del abanico

salarial, que supera a 10.

Fomenta el paro

Como consecuencia de la fuerte cotización empresarial se producen tanto mayores presiones sobre los

precios, al trasladar los empresarios sus cotizaciones sobre los precios de los productos que ellos venden,

como se desestimula la creación de nuevos puestos de trabajo, dada su elevada influencia sobre los costes

salariales, lo que viene a influir negativamente sobre el fuerte nivel de paro ya existente (6 por 100).

La única vía alternativa que se perfila en el horizonte para disminuir las cotizaciones empresariales sería

incrementar la participación del Estado desde su nivel actual (4 por 100) al de la media de los países de la

CEE (25 por 100). Camino que parece ser el adoptado recientemente por la Administración, al anunciar

que para 1978 se incrementara el doble de lo que le correspondería si se mantuviera la participación del 4

por 100 del último año.

Pero sólo en la medida que los impuestos sean recaudados en forma progresiva —no como actualmente,

regresivamente— ello mejorará y no empeorará la ya fuerte regresividad de la distribución de la carga

fiscal.

Sólo actuando en tres frentes de forma complementaria podría mejorarse la actual financiación: a)

incrementar la participación del Estado; b) mejorar la progresividad de las cotizaciones, y c) buscar

nuevas vías (como la posible afectación de impuestos sobre consumos específicos: alcohol, tabaco...).

Mala administración

Los gastos de la billonaria Seguridad Social podrían reducirse por un buen equipo gerencial, a través de

una buena reestructuración financiera, en un 15-20 por 100. A través de la eliminación de gastos atipicos:

becas Universidades, Laborales, PPO, seguridad e higiene en el trabajo; del control de las prestaciones

sanitarias (175.000 millones en 1975), y especialmente de las farmacéuticas (62.000 millones) y de una

estricta revisión de los gastos generales.

En cuanto a las prestaciones farmacéuticas, hay que empezar a tener constancia que un talonario de

recetas de la Seguridad Social es un talonario de verdaderos cheques en blanco girados a una cuenta

nutrida por los ingresos de los trabajadores.

La eliminación de algunas prácticas fraudulentas en las prestaciones farmacéuticas conseguiría, a través

de la desaparición de la corrupción, una mejor imagen e importantes ahorros.

La gestión de la tesorería de la Seguridad Social ha sido hasta ahora muy deficiente, por lo cual se debería

reestructurar su cartera de valores para que arroje mejores resultados, así como revisar los cuantiosos

depósitos de ahorro y corriente en la Banca (70.000 millones hasta 1975), que parecen afrecer, a pesar de

su elevado volumen escasos intereses.

Controlar el dinero

• Tanto por el elevado monto como por el tipo de funciones a desarrollar, es cada vez más urgente

controlar dichos Presupuestos. Control que debería ser establecido en tres vertientes: parlamentaria,

sindical y contable. La primera no sólo debía conformarse con la aprobación del Presupuesto (más

desglosado que el actual), sino asimismo exigir el control de las cuentas de resultados una vez vencido el

respectivo ejercicio. La sindical, ocupando los sindicatos aquellos puestos dejados por la fenecida

Organización Sindical, y aquellos otros que fueran considerados necesarios para un mejor control de su

gestión; y finalmente la última, pero no la menos importante, la de la Intervención General del Estado y

del Tribunal de Cuentas La cual no sólo no admite discusión posible, sino que deberia de ser, dentro de la

escasez de medios personales de la Intervención General, la más completa posible. Sólo treinta

interventores, estratégicamente colocados, podrían representar verdaderos corto circuitos en caso de

alguna irregularidad manifiesta.

Si no se realiza este triple control, los asalariados pueden pensar, ante el nivel de deficiencia de las

prestaciones, que los Presupuestos sólo deben ascender a cientos de millones, y no a billones de pesetas.

 

< Volver