Autor: Ibañez Navarro, Carlos. 
 Chequeo a la Seguridad Social (2). 
 El coste de la Seguridad Social recae sobre los sectores asalariados     
 
 Ya.    09/12/1977.  Página: 39. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

9-XII-77 MEDICINA Y SANIDAD Pag. 39 — YA

Chequeo a la Seguridad Social (2)

EL COSTE DE LA SEGURIDAD SOCIAL recae sobre los sectores asalariados

Tres preguntes básicas habría que plantearse en este tema. Primera: ¿Quién soporta el coste de la

Seguridad Social? Segunda: ¿Quién paga el impuesto sobre el trabajo? Tercera: ¿Precios más altos, o

salarlos más bajos?

• Primera.—Para dar una respuesta lógica a la pregunta de quién soporta el coste de la Seguridad

Social, necesariamente tendríamos que plantearnos en primer lugar quién realiza o cómo se lleva a

cabo la financiación de la propia Seguridad Social. En realidad, su financiación es básicamente a través

de las "cotizaciones". En este caso, éstas representan casi un 90 por 100 de los ingresos totales.

Por 100 sobre los Ingresos totales (España)

Cotizaciones.........87

Subvenciones del Estado………8

Rentas de inversión y otros ingresos varios……..6

En España, las cotizaciones se ingresan en las cajas del Instituto Nacional de Previsión, mutualismo

laboral y mutuas patronales, directamente por las empresas empleadoras. El reparto de la cuota es, según

las normas, de, aproximadamente, 1/6 a cargo del trabajador y 5/6 a cargo de la empresa ("cuota

patronal"). La parte de cuota a cargo del trabajador se descuenta generalmente de su salario por la propia

empresa.

• Segunda.—Según el autor del libro "Qué es la Seguridad Social", no tiene la misma evidencia la

repercusión económica real de la parte de cuota formalmente a cargo de la empresa» Con esta teoría nos

situamos frente a la pregunta ¿quién paga el impuesto sobre el trabajo?

Para la empresa tiene toda la consideración de un coste personal; un coste más de personal a sumar a los

salarios pagados directamente, las horas extra, las primas, etc., y la obligación de cotizar afecta a todas las

empresas emp1eadoras, aproximadamente en la misma medida dentro de cada sector. Por tanto, un

Incremento de costes que afecta a todas las empresas es trasladado integralmente a los precios de venta

por el simple juego de las reglas de mercado.

Se presupone que el "salario diferido" respecto a las cotizaciones son, en definitiva, como unos ingresos

que luego tendrá el trabajador en forma de prestación: al estar enfermo, al jubilarse, al recibir él y su

familia unos servicios sanitarios gratuitos, etc.

• Tercera.—En esta tercera pregunta, es decir, "precios más altos o salarios más bajos", nos encontramos

con que la repercusión en este sentido sobre los salarios se produce con un cierto retraso, ya que significa

normalmente un no aumento o un no menor aumento. En cualquier caso, los dos efectos se dan en la

realidad.

Vergés, en su libro, señala a este respecto que diversas circunstancias, como la fuerza de las

organizaciones de trabajadores, el grado de inflación que sufra la economía y otros factores coyunturales

harán que pese más uno y otro de los efectos.

En resumen, puede decirse que tas cotizaciones patronales las "pagan" o repercuten económicamente en

parte sobre los consumidores, debido al efecto inflacionario sobre los precios y en parte sobre los

trabajadores asalariados, al disminuir los salarios potencialmente pagables por las empresas,

La Seguridad Social dispone de unos efectos redistributívos en la medida en que los asalariados, o una

parte de ellos, reciban en forma de prestaciones más de lo que soportan como repercusión de las

cotizaciones. Y también como repercusión de una parte de los impuestos, si se tiene en cuenta las

subvenciones que el Estado asigna para completar la financiación de los seguros sociales.

En España, la preponderancia de las cotizaciones en la financiación hace pensar que los efectos, en el

sentido de una mejora en la distribución de la renta, no son muy importantes, ya que la mayor parte del

coste de la Seguridad Social recae sobre los sectores asalariados. Existe igualmente un efecto de

redistribución desde el momento en que una parte importante del coste repercute en los precios de

consumo, y no todos Tos consumidores son asalariados

SUPERÁVIT O AHORRO FORZOSO

El mero hecho de la aparición del término superávit obliga, casi necesariamente, a presuponer que nos

encontramos frente a un hecho puramente anormal. ¿Por qué? La práctica de los diferentes países y la

propia lógica de la institución coinciden en una gestión con presupuesto equilibrado "ingresos-gastos",

como situación normal. Pero, dado que en la Seguridad Social española las cuentas que se conocen

presentan Importantes superávits, da que pensar, y esto es poco discutible, que constituye en sí una

especie de "ahorro forzoso" canalizado hacia las entidades gestoras. Y ¿cómo se consigue ese "ahorro

forzoso"? El Estado tiene muchas formas de conseguir un ahorro forzoso, y con ello la posibilidad de

altos niveles de inversión en bienes de capital y, por tanto, de aceleración sobre el desarrollo económico.

Llegado a este punto, ustedes, los lectores, se pueden preguntar: ¿Quién paga el coste de este desarrollo?

En otras palabras: ¿A quién se obliga indirectamente a "ahorrar para el Estadio"? Lo que en la práctica

significa reducción de poder de compra, de consumo.

En el caso de la Seguridad Social, y nos remitimos a palabras del propio Vergés: "Los sufridos

ahorradores son los que de una manera u otra soportan el coste de la institución, y como se ha puesto de

manifiesto antes, éste recae en gran parte sobre los propios trabajadores asalariados."

LAS PRESTACIONES Y SU ALCANCE

El alcance de un programa de seguros sociales depende del tipo de prestaciones que establece, del nivel

de las mismas y de los beneficiarios para los cuales se establecen.

De cada 100 pesetas gastadas en prestaciones en 1972 sólo 31 correspondían al coste de la asistencia

sanitaria. Y esto después de un gran crecimiento de lo dedicado a las prestaciones en ese año y en los

anteriores, porque en 1963 el gasto fue sólo de 17 pesetas de cada 100 y de 15 pesetas en 1958.

La tendencia de los últimos diez años ha sido a gastar una mayor proporción en pensiones y asistencia

sanitaria y menos en protección familiar, que, paradójicamente, ha sido la prestación que ha absorbido

más recursos hasta 1969.

Carlos IBAÑEZ NAVARRO

 

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