Autor: Cercós, Ramiro (procurador en Cortes). 
   La hora de todos     
 
 Diario 16.    17/11/1976.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

La hora de todos

Ramiro Cercos, procurador en Cortes

El franquismo, como otras autocracias y en pura teoría política, debe ser analizado en esta hora en que el país se encamina hacia la democracia, en su doble vertiente de un contenido ideológico y de un entramado estructural.

lia falta de un auténtico soporte ideológico del franquismo no debe ofrecer dificultades en estos momentos históricos para ser superado dentro de wia formulación de la convivencia que parta del reconocimiento de la soberanía del pueblo.

Por el contrario, las mayores dificultades para hacer realidad la democracia habrán de derivar, en este proceso de cambio en el que nos encontramos, de la obstrucción planteada por aquellas minorías sociales que han sido durante esta época pasada de-tentadoras de los resortes últimos, económicos y sociales, que son los que realmente han dominado y condicionado la vida pública española.

Que esto es así nos lo va a poner de manifiesto el debate ayer Iniciado en las Cortes del proyecto de ley de reforma política en una sesión que ha sido el preludio de las que han de ser fiel expresión de una auténtica vida parlamentaria en un contexto socio-político democrático.

Y aunque pudiera parecer paradójico, el término más manejado ha sido el de pueblo. Y hasta extremos de parecer que se estaba asistiendo a una ceremonia de la confusión.

No de otra manera puede calificarse el hecho de la aparente coincidencia de criterios sobre la necesidad urgente de oír al pueblo y de poner en sus manos la decisión sobre nuestro futuro político ardientemente sostenida, tanto por los partidarios de la aceptación como del rechazo del proyecto de ley.

La incongruencia alcanzó hasta extremos de utilizar argumentos algunos de los enmendantes a la totalidad análogos «n apariencia a los reiteradamente sostenidos por amplios sectores de la oposición partidarios de la ruptura. Me refiero a la solicitud formulada de que el Gobierno que ha hecho la reforma no esté al frente del país durante el proceso electoral o a la afirmación de la improcedencia de la vía reformista, calificada de máscara estúpida que debería haber sido sustituida por ana consulta al pueblo para que éste decidiese ante la alternativa de un régimen sustentado en la «rganicidad o de otros que lo estén sobre la inorganicldad.

Que el procese constituyente en que nos encontramos inmersos hubiera podido obrar el milagro de hacer coincidir soluciones para el momento político ´gpBfe^Pffl>1iI.Ji8^~^^es d* nuestra sociedad totalmente antagónicos en el orden Ideológico es algo imposible de creer para aquellos, que respetando el pluralismo y la ideosincraeia de las gentes y pueblos del Estado español, rechazamos las Justificaciones dadas tradicionalmente a las atipicidades que en el orden político han caracterizado al régimen anterior.

Y que esta coincidencia no ha sido tal, quedó bien claro ayer taróte, porque es imposible hacer una consulta, realmente democrática al pueblo, desde la premisa de la no modificación de la ley de Principios del Movimiento Nacional.

Por el contrario, la consulta al pueblo y el propio reconocimiento de la soberanía popular no pueden ser efectivos dentro de un marco político que no asegure previamente las libertades públicas de todos los ciudadanos, ni reconozca la legalidad de los diferentes partidos políticos como la más genuina expresión del pluralismo, real e incuestionable, Que configura hoy el sentir del pueblo español.

Y esto debe ser así, salvo que se quiera repetir el planteamiento antidemocrático de las consultas al pueblo de épocas pasadas. En estos momentos críticos de la vida de nuestro país no puede haber engaño alguno y así debe ser expuesto, con claridad, al ciudadano español: no es él mejor camino para reconocer la mayoría de edad y el protagonismo de todos los españoles defender la inalterabilidad de unos principios que hicieron imposible ¡a participación de todos los ciudadanos en la vida pública y menos defender su carácter prioritario respecto al resto del ordenamiento constitucional, alegando que son expresión del alma y conciencia nacionales.

Porque si algo hay evidente «a esta hora es que el aíma y Ja conciencia nacionales y los principios últimos que recojan Ja razón de ser y convivir de nuestro pueblo, deben ser elaborados aquí y ahora con la participación, libre y auténtica de todos los españoles y ser ftel expresión de la infraestructura sociológica existenteen

los tiemipos en que vivimos y de la categoría de valores que hoy caracterizan a nuestra sociedad.

Por ello, pretender que para casi tres cuartos de españoles, que veinte años atrás por razones generacionales no intervmieorcai en su refrendo, un conjunto de principios políticos elaborados en el seno de una auto-orada se presenten hoy como in»"terables e inasequibles a la voluntad popular de cambio no pasa de ser una mera utopía.

Al pueblo español, a esa gran mayoría que desea sinceramente la convivencia por encima de todo y que urge el que estas horas de tránsito y de preocupación dejen pronto vía libre a una España nueva e Ilusionada capaz de enfrentarse al futuro recogiendo todo lo que de bueno y positivo ofrezca la realidad española, debe dársele la opción de decidir ese futuro con plenas garantías democráticas. Lo contrario, defraudarle una vez más e impedir que sea él quien auténticamente decida, podría llevar el país a un camino de Imprevisibles pero en todo caso lamentables consecuencias.

 

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