Incomprensible     
 
 ABC.    18/11/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

INCOMPRENSIBLE

Incomprensiblemente, el presidente de lia Cortes continúa manteniendo en rigurosísimo secreto el procedimiento a que ie someterá la Cámara. ¿Se votarán separadamente las enmiendas, como alteradamente han pedido los procuradores, o se les situará simplemente ante la disyuntiva de decir «.si» o «no» al proyecto? Algunos empiezan a temer esto último puesto que, hasta ahora, el Gobierno ni ha_ tenido en cuenta el informe del Consejo Nacional, ni ha aceptado más que una enmienda sustancial, acaso «por error», como irónicamente dijo en el Pleno el señor Díaz-Llanos.

Pero nuestra opinión es otra. No podemos creer que se vaya a proceder de este modo. Si el presidente de las Cortes se limitará a preguntar a la Cámara «lo toma o lo deja», ¿qué sentido tendrían el tiempo y las energías que las Cortes han dedicado a las enmiendas concretas? Todo habría quedado en ejercicio retórico, en prueba de paciencia, y en simulacro de discusión. La Cámara, en último término, habría quedado reducida a un cuerpo refrendario, con derecho a veto del proyecto; pero se le habría negado la posibilidad de participar efectivamente en su elaboración.

El clima se enrarece si se tiene en cuenta que el ponente, don Fernando Suárez, afirmó que «si alguien votara en contra de la ley votaría en contra de que el pueblo hable». Este argumento, que reiteró como si fuera el principal de su defensa, fue acogido por la Cámara con extensas y muy ruidosas protestas.

Efectivamente, la tesis del señor Suárez es insostenible desde el punto de vista lógico, y es moralmente inaceptable. El que vote en contra del proyecto no se opone a que el pueblo se pronuncie, sino que desea que el pueblo se pronuncie sobre otro proyecto. En este caso, los procuradores no hacen cosía distinta de la que han hecho eJ propio señor Suárez y la Ponencia, la cual no quiso que el pueblo votara ni el proyecto de reforma del Gobierno Arias ni los diversos proyectos sugeridos por los numerosísimos enmendantes, i Qué pensaría el señor Suá-rez si cualquiera de los procuradores que ha presentado una observación le dijera: «Si la Ponencia rechaza mi enmienda, es que le niega al pueblo el derecho a votarla» ?

Pero todavía hay más: si el argumento del señor Suárez fuese cierto, sobrarían las Cortes, bastaría con. que la Ponencia designada por el Gobierno sometiera el texto a referéndum nacional ¿Para qué, entonces, se ha convocado a la Cámara? Absurdo. La interpretación del señor Suárez está expresamente contradicha por las Leyes Fundamentales, la» cuales determinan que sólo puede ser sometido a referéndum el proyecto de reforma constitucional elaborado por las Cortes. La ley no sólo reconoce expresamente el derecho de los procuradores a pronunciarse en conciencia, sino que lo exige como condición imprescindible para que, posteriormente, el censo electoral pueda pronunciarse.

Pero la tesis del ponente, además de ser lógicamente inadmisible, no es moralmente aceptable, por lo que puede entrañar de demagógica coacción. No presentemos a los que digan «no» como enemigo de la soberanía del pueblo, porque seria gravemente injusto y peligroso. Presentémoslos como lo que verdaderamente son: como adversarios del texto de la Ponencia, y como partidarios de que se someta al pueblo otros textos que los enmendantes consideran más perfectos. Nadie, ni siquiera la Ponencia, puede pensar que es el intérprete de la voluntad nacional, Tal hipótesis sería radicalmente antidemocrática. En este punto hay que reconocer que los enmendantes no han caído en el error del señor Suárez, puesto que ninguno ha sostenido que negarse a aprobar su enmienda equivaliese a negar la palabra al pueblo español Si algún enmendante hubiera cometido tal dislate, la Ponencia hubiera tenido que rechazarlo casi con tanta razón como los procuradores rechazaron sonoramente el punto de vista del ponente.

Y es peligroso identificar cualquier «no» con el antidemocratismo porque equivaldría a aceptar el sofisticado argumento de los rupturistas: «o se hace lo que yo digo, que soy el representante de la base, o me niego a entrar en el juego». Una de las pocas posiciones absolutamente incompatibles con la democracia es la de pretender que está en la plena posesión de la verdad, y que el discrepante es, por d hecho de serlo, un totalitario. El comunismo consiste precisamente en condenar por fascistas a todos los que no dicen sí a la dictadura del proletariado.

Creemos, en suma, que la estrategia del «procedimiento tapado» y que el exceso dialéctico de la Ponencia no han contribuido a crear el clima de diálogo abierto y razonable que consideramos altamente deseable, y que estamos seguros de que también el Gobierno desea. Porque, en el ambiente creado, una aprobación del proyecto no podría enorgullecer a nadie. El Gobierno debe ofrecer al pueblo español un proyecto de reforma, elaborado del modo más transparente posible, desde la legalidad y desde la legitimidad, y

con el mayor número posible de adhesiones en la Cámara; pero adhesiones que la Ponenia logre por la persuasión; pero no por la coacción. Para la nueva etapa constitucional deseamos unas credenciales impecables. No queremos que nazca con la tacha de ningún pucherazo, ni siquiera dialéctico.

 

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