Autor: Aparicio, Juan. 
 Mis testimonios. 
 El destete demócrata cristiano     
 
 El Alcázar.    16/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

MIS TESTIMONIOS

EL DESTETE DEMÓCRATA CRISTIANO

Por Juan APARICIO

PARA infundirle rezagancia pectoral y trasera a los escuchimizados regímenes predemocráticos, se nos recomienda e impone la totalitarísima Democracia, como un sucedáneo actual de las anticuadas pildoras circasianas, de aquellas "pilules" orientales, cuyo anuncio publicitario hinchaba los pechos femeninos. Estas delanteras, tanto de las madres, cuanto de las amas de cria, adquirían mayor ornato con el embarazo previo a la lactancia, donde concurrieron los orondos pechos de las pasiegas con las glándulas mamarias de las otras mozas del Norte; ya que entonces privó la desvergonzada y pragmática costumbre de recurrir a un varón seleccionado de la aldea para la mudanza del semen en leche, sin necesidad de una boda canónica.

Aunque ya las pildoras y supositorios anticoncepcionistas, así como los nutritivos alimentos compuestos de la Pediatría están revisando la tradicional anatomía vistosa y fisiológica de la mujer, apartada de las cunas, y refugiadas las más desenvueltas en los escenarios, en las portadas y textos pornográficos, según antaño se exhibían en las pinacotecas museales. Los bustos, las caderas y las nalgas aparecían dentro de la iconografía histórica y picaresca, cual un reactivo fermente fantasmagórico y documental, pues existieron las Venus calip-gias, alabadas por sus rotundas y pulcras posaderas, junto a las ninfasdesnudas, las mutiladas amazonas con un único pezón, las náyadas y sílfides en cueros y el completo y despelotado mujerío pictórico de la Escuela veneciana y flamenca, junto a las thermidorianas francesas empitonando con descaro a la guillotina.

La Iglesia medieval y renacentista no se sintió mogigata ante tal despliegue de carnes "in púdibus" y sin pudor; porque las acogía en los capiteles de sus templos y en los asientos de coro de las Catedrales, donde las contemplaba, impávidamente, el vulgo y la clerecía.

Aparecían también esas descripciones de imaginería cultural y despampanante en los dísticos de los poemas eclesiásticos y libertinos. Algún Papa, algún Cardenal o prelado, algún canónigo o cura de miea y olla se solazaban con honestidad en la visión de estas encarnaciones opulentas de Eva y sus hijas, con el tetamen y la raladilla, al aire, antes de guarecerse bajo la hoja de parra y desaparecer las ingenuas desnudeces del Paraíso.

Pero la Religión oficial se hizo puritana y tridentina, sin imaginar sus correligionarios que después iba a transformarse en librepensadora y tolerante con el libertinaje de las ofertas carnales, expuestas con pompa desembarazada en el contorno de la Roma vaticana, democratacristiana, donde hay una exuberancia pública, cinematográfica y televisiva, impresa y teatral de los senos y de los glúteos, que no obtienen la bendición del Padre, pero sí el cómplice consentimiento de ia "mamma" Desde la Urbe del Tiber a! Mercado Común de Bruselas, cuyo regazo es más lácteo que fabril, aunque la C.E.E. acaba de disponer un recorte de un diez por ciento en el producto de las urbes vacunas, a causa de los sobrantes lácteos, yogures y mantequillas, y desde la Inglaterra desmadrada entre las dos Reinas Isabeles, la "Virgen" y la hípica, que se quedó sin gazmoñería y sin vergüenza al perder el Canal de Suez hace veinte años, y sacar sus intimidades carnales, mondas y lirondas a las candilejas y a la vía pública, a la Norteamericana judia y ca-liforniana, donde cualquier obscenidad es una mercancía de exportimport, se volvieron obligatorios los desfiles y sentadas de los traseros, con el visto bueno del más alto Tribunal Constitucional y demás excrecencias del cuerpo yanqui, con las que han de homologarse cuantos países y viejas naciones aspiren a la unción del carisma democrático.

La sicalipsis en las publicaciones hispanas se improvisó durante la Regencia austera de "Doña Virtudes" en su viudez .de la Monarquía restaurada. Con este antecedente no debería extrañarnos que la periódica Prensa española, política y de corazón, abandonara esta víspera simplona y metiera en sus páginas y pórticos policromos, al lado de los chismorrees, antojos é hipótesis de los jefes advenedizos y de sus jarkas, montones de celulitls, hormonas y par afina, presentando un generalizado destape integral, que resulta tan soso, como la insipidez de la estólida prosa de los comentarios y editoriales y la monotonía de los argumentos en favor de la Democracia y de la representación proporcional en las elecciones, cuyo coeficiente rectificador, o regla de Hage.mbach-Bischof y "pana" che" combinatorio, explicados plúmbeamente por un hijo del ex Ministro Arias Salgado, yerno del ex Ministro Ruiz Jiménez, se semejan a los taparrabos y a los sostenes, con el fin de moderar los excesos del pueblo, como desde Montesquinza 2 se entrometían superiormente en la altura y bajeza de las faldas revisteriles y en la veladura de los corpinos.

Pero un Director General de la casta vaticana, ocupante cuotidiano de un asiento de la fila cero de todos los teatros de variedades con las vicetiples más faldicortas y pechugonas, sin embargo, mostró con morigeración y pudibundez en Bilbao, a la Asamblea de la Federación de las Asociaciones de la Prensa unos tomazos de fotocopias y recortes de cuanto muslamen, pecheramen, trase-ramen y desnudos totales se acumulaban en los diarios y semanarios del mundo libre e impio, al que más tarde han seguido e imitado ia liviandad de nuestros nuevos ideólogos y la codicia empresarial de los empresarios de esas publicaciones salidas de madre.

Sim embargo, la separación del lector de los pechos, o sea el destete, de una manera tácita y modosa, ha principiado, con ios celofanes de las cubiertas y el temor a las anulaciones regístrales. La línea democratacristia€ na del Gobierno para emparejarse con el Equipo democrático del Estado Español, homologado en Europa, pero en una Europa arrepentida y saciada de sexología, parece que en aras de la solidaridad, más casta y doctrinaria con sus próximos colegas, ha renunciado al con-frontamiento impuro y multicolor de tanto seno libre, tembloroso o erecto. O sea, que se inició el destete con medidas tanteantes y precautorias. Y ya se sabe que sucedía en esta operación cuando se retiraba la leche materna, o cuando por cualquier motivo se quitaba la teta al mamón. Y los españoles democráticos y liberados, según el criterio imperante, somos unos niños incautos, necesitamos de estampitas, procesos judiciales y azotes.

 

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