Comienza la discusión sobre la Reforma política     
 
 Ya.    17/11/1976.  Página: 11-14. Páginas: 4. Párrafos: 74. 

COMIENZA la DISCUSIÓN SOBRE la REF ORMA POLITICA

Los señores Pinar López y Fernández de la Vega solicitaron la devolución del proyecto al Gobierno • El ponente señor Suárez González pidió a la Cámara la aprobación del proyecto

En un ambiente de gran expectación—con las tribunas públicas abarrotadas—comenzaron ayer tarde la» Cortes Españolas a deliberar, por el procedimiento de urgencia, sobre el proyecto de ley de reforma política. La sesión, que comenzó a las cinco y siete minutos, se suspendió a las nueve menos cuarto de la noche, para reanudarla a las diez de la mañana de hoy. En la sesión de ayer, con cierta tensión entre los procuradores, se defendieron las enmiendas a la totalidad. De los tres enmendantes, sólo lo hicieron dos, los señores Finar liópez y Fernández de la Vega; rehusó a defender la suya el señor Escudero Rueda, Contestó a los enmendantes, en defensa del proyecto de ley, el ponente don Fernando Suárez González. Otro ponente, don Miguei Primo de Rivera y Úrquljo, explicó al Pleno el informe elaborado por la ponencia, en una ampliación oral al informe escrito.

Comenzó la sesión, con asistencia del Gobierno en pleno y la casi totalidad de jos procuradores en Cortes, a las cinco y siete minutos. Leída y aprobada el acta de la sesión anterior, el presidente de jas Cortes, señor Fernández-Mlranda, pronunció unas palabras en recuerdo de los tres procuradores fallecidos desde la última sesión plenaria, el 14 de julio pasado: don Miguel Ángel García-Lomas y Mata, don Juan María de Araluce y Villar y don Alejandro Rodríguez de Valéárcel y Nebreda. Tengo, dijo, un hondo convencimiento del destino ulterior de quienes pasan el umbral d« la muerte. Siento un profundo respeto ante la muerte. La muerte de un semejante me estremece hondamente y sólo sé cobijar mis sentimientos en ei silencio. En estes ocasiones creo que es lo único capaz de traducir la soledad sonora en que el recuerdo d-e log muertos debe cobijarse. La brevedad de las palabras son, en este caso, eco de la hondura y de la veracidad de los sentimientos.

Todos conocemos a nuestros «ompafieros y quizá noa bastaría repetir sua nombres para hacer vivos sus recuerdos, Miguel Ángel Gaicía-Lomas se definió a sí mismo, con acierto difícil de superar en aquellas palabras finales de su entregado mi corazón al servicio da Madrid, y aquí os lo dejo maltrecho, pero enamorado." Juan María de Araluce quedó maltrecho todo él, cuando el atentado salvaje cortó su vida. De él se ha escrito certeramente que en el trato personal era un caballero, en la discusión un jurista y en la polí,tica un conciliador. Su virtud mas acusada era el sosiego siempre. Eira, sí, al sosiego, porque era la cordialidad misma. Era uno de esos hombres que cuanto más se le conoce, más crece la estima y amistad hacia ellos. Al condenar las Cortes el salvaje atentado, aún nos estremece su vida verdadera, rota por el odio. El ofreció siempre su amplio corazón, su hombría de bien, a] servicio del País Vasco y de España.

Todos conocemos muy de cerca a nuestro inolvidable presidente, Alejandro Rodríguez de Valcárcel, presidente de las Cortes, presidente del Consejo del Reino, presidente del Consejo d« Regencia en días decisivos de la historia de España, siempre tendrá en nosotros el recuerdo vivo y tendrá siempre en la historia el puesto que conquistó en la memoria de la Patria, que eso y no otra cosa es la historia en la memoria de la Patria. Al rendirle hoy el homenaje y el recuerdo que tiene en-todos nosotros, ¿para qué más palabras? Quizá todas las que pudieran pronunciarse podrían sintetizarse en los versos de Antonio Machado: "Era, más que un hombre al uso... Era, en el buen sentido de la palabra, bueno." _

A continuación juraron sus car-goa los ocho nuevos procuradores en Cortes—entre ellos el vicepresidente -primero del Gobierno, teniente general Gutiérrez Mellado—, cuya relación dimos en nuestro número de ayer.

Seguidamente, el señor Fernán-dez-Miranda explicó a los procuradores lo que ya había explicado a los periodistas y publicamos -en nuestro número del sábado último sobre, las votaciones, que serán al final de las deliberaciones y podrán ser: votación global del proyecto de ley, votación de puntos concretos uno por i—io, votación de algunos artículos y pase de los otros a la comisión p~ra ser discutidos, volviendo después el proyecto al pleno para su aprobación total.

Don Miguel Primo de Rivera

JEn nombre de la ponencia, don Miguel Primo de Rivera y tTrquijo expuso el .informe al proyecto "e IttjT para la reforma política. No quimera dejar de decir, manifestó—Sin el mínimo sentido de jugar a héroes, pues no hemos hecho más que orgullosarnente cumplir con´ nuestra misión de procuradores—, la dificultad de este encargo por la hispersensible situación en que se encuentra España, debido a los obstáculos de orden político surgidos.

La obstinación de algunos miembros de la clase política al no querer comprender que lo que se pretende es hacer una nueva Constitución, basada en la legalidad de la Constitución v i g e n t e—hecho desconocido, que se produce por primera vez en la historia de España—, los cuales, ante cualquier solución que se proponga la tachan de ruptura y de traición al pasado. Y otros, en contra de esa postura, intentan negar la legalidad vigente y exigen una ruptura y empezar a hablar.

Pero gracias a Dios, entre estas dos posturas está la mayoría razonable de los políticos y el adivina-ble espíritu del pueblo español, que, conscientes de que la situación antes de morir el Caudillo y la de hoy son distintas y, congruente con ello, de que sus tratamientos han de ser totalmente duerentes, exigen entra las tres posturas posibles, de inmovilismo, evolución ó ruptura, la postura intermedia.

¿Por qué? Por una simple razón. Porque saben que la irrepetible autoridad política de Francisco Franco—al que desde aquí proclamo mi lealtad y sin renunciar a mi devoción personal a él, a cuya sombra crecí y viví en paz, lo mismo que tampoco renuncio a mi condición joseantoniana—, es indiscutible que hay que sustituirla por otra autoridad política. Y no precisamente por la que cada uno. egoistamente, quiera ahora esgrimir. Sea la que sea, venga de donde venga, la ponga en duda. Quero que e:l pueblo español me lo diga. Es hora de la consulta. Y para ello hago firme promesa de respetar todas las opiniones que pudieran serme máa o menos extrañas, pero también de-eeo que sean respetadas las mías.

Y, paralelamente,´ quiero ´dejar muy claro que, si en atención a, estas nuevas instancias que se produzcan, tuviera que renegar de aquella memoria o de los hombres que tan generosamente le sirvieron, admitiré lo que el pueblo diga; pero que no cuenten conmigOi pue» por ellas no dejaré de Ser joseantoniano, ni abdicaré de mi devoción a Franco, ni abjuraré de mi lealtad a mi Rey don Juan Carlos. Esta es mi opción. Por lo que de ningún modo permitiré que con habilidades dialécticas o juicios temerarios me insinúen ser perjuro o traidor.

La presencia de los cinco ponentes aquí, en estos momentos, sólo se puede entender como un ilimitado amor a España, y como una lealtad sin condicionamientos a nuestro Rey. La ponencia, los que no hicimos la guerra, partimos da que negamos a todos aquellos qu« digan que en estos cuarenta años todo se ha hecho mal; que estos cuarenta años de régimen han sido

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AMBIENTE DE GRAN EXPECTACIÓN ANTE EL

No perfecciona el ordenamiento constitucional vigente, sino que se halla en contradicción con los principios doctrinales básicos (señor P¡ñor López) • Es trasnochado, antisocial, reaccionario, disolvente, antihistórico y antinacional (señor Fernández de la Vega) • Tenemos que pasar de un régimen personal a un régimen de participación sin rupturas ni violencias (señor Primo de Rivera)

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un paréntesis para empezar de nuevo, en vez de una parte real « Importante de nuestra historia; que los españoles nos hemos tragado todo, y que somos unos perfectos idiotas. No, no lo admitimos. Se ha hecho bien, muy bien, y nosotros no somos unos idiotas. Sin embargo, somos conscientes de que tenemos, que pasar de un régimen persona] a un régimen de participación, sin rupturas y «¡n violencias; pero con esa nueva y clara legitimidad política que el soberano ´ pueblo español proclame con su libre expresión; y en este proyecto de ley que os presentamos creemos que, en su aprobación o en su negación, está la respuesta a los que postulan un´a u otra actitud.

ANÁLISIS DEL PROYECTO

Hizo después un análisis del contenido del proyecto de ley, explii´ando las modificaciones realizadas por la ponencia, aceptando enmienda, y exponiendo las razones de por qué fueron rechazadas otras enmiendas.

Entendemos, refiriéndose a temas muy afectados por numerosas enmiendas, que es el Gobierno el que debe regular las próximas elecciones, y debe hacerlo con los criterios que aquí se aprueben, pero nunca proponer elevar a las Cortes actuales una ley electoral, pues significaría una demora que va en contra de esta urgencia, a la Que, á nuestro juicio, restaríamos a las próximas una de sus más urgentes y principales misiones, que ea elaborar la nueva ley electoral.

Uno de los temas más polémicos y, por tanto, más subjetivos es el ¿e los criterios alectorales. Yo sen

tiría mucho que la clase política española no estuviéramos a la altura que nuestro pueblo nos reclama y exige, al no ponernos de acuerdo y convertirnos en_ compartimentos estancos, en donde sólo viéramos nuestras situaciones personales o de grupo por encima de lo más importante, el bien de España.

Aceptamos criterios del sistema proporcional porque creemos que es el más idóneo para conocer la realidad política de España; eso si, con limitaciones, para impedir la atomización de los grupos políticos que un sistema proporcional: puro crearía, y así evitar los partidos pequeños, sin entidad populnr alguna, los ccuales muchas veces son los más extremados y los que rompen las situaciones de paz y de equilibrio de los pueblos. Las diferencias pueden corregirse, para llegar siempre al mismo fin: un sistema mayoritario, indiscutiblemente, haría un mal reflejo o un reflejo equívoco de la situación política de la nación; un régimen proporcional puro haría un flaco servicio a una Patria incipiente, en un planteamiento político pluralista.

Tras el análisis de otros aspectos del proyecto de ley, dijo: "Creo que debemqs entrar en el futuro con optimismo lúeidoj con confianza plena y sin renegar de nuestra lealtad al pasado; pero no olvidando que también tenemos una obligada lealtad al presente y al futuro, y por ello me permito, para terminar, hacer mío el sentir de las palabras que en día memorable dijo Alejandro Rodríguez de Valcárcel, cuya ausencia tanto a todos nos duele. Desde el emocionado recuerdo a Franco y por nuestra lealtad al Rey, os pido vuestro voto favorable."

Don Manuel Escudero Rueda

El primer enmendante a la totalidad del proyecto de ley, el procurador familiar por Gnizpúzcoa, don Manuel María Escudero Rueda, comenzó diciendo: "Voy a ser muy breve. Aunque el informe de la ponencia y algunas expresiones utilizadas por el ponente que acaba de hablar me podían arrastrar a una intervención más amplia, no quiero entorpecer un camino. Mis criterios contra la ley los he expuesto en la enmienda a la totalidad, que no rectifico. Quiero agarrarme al optimismo de dos frases de la ponencia: abrir un proceso de reforma que no se agota en sí mismo, y que interesa que el pueblo español hable cuanto antes, y por eso yo me callo."

No obstante, indicó al presidente de las Cortes que si en el curso de los debates la ponencia rebajase algunas cotas de su informe, que considera írrenunciables, solicitaría la pretensión de volver a hablar.

Don Blas Pinar López

Subió al podio de oradores a eontlnuación e) consejero nacional de designación directa, don Blas Pinar López. Para justificar mi enmienda a la totalidad utilizo tres argumentos: uno eminentemente político, otro moral y otro jurídico. Mi enmienda arranca, en síntesis, de estas proposiciones: nuestro ordenamiento constitucional descansa en unos principios doctrinales. A. partir de ellos puede modificarse o derogarse cualquiera de las leyes que integran ese ordenamiento constitucional. Es así qxie el proyecto de reforma política no perfecciona el ordenamiento constitucional vigente, sino que se halla en contradicción con los principios doctrinales básicos; luego procede su devolución al Gobierno.

A esta proposición de partida «e añade un argumento moral —valor del juramento prestado—y un argumento jurídico, el del contrafuero.

La reforma se halla en contradicción con la ley de Principios, toda vez que en el artículo primero de aquélla se proclama qué "la democracia—en la organización política del Estado español— se basa en la supremacía de la ley, expresión de la voluntad soberana del pueblo", añadiendo que la elección de diputados y senadores se hará "por sufragio universal, directo y secreto". La ley, por tanto, y conforme al proyecto, no goza de fuerza coercitiva y vinculante, porque se halle de acuerdo con el derecho natural y con la ¡ey divina, sino porque es la expresión de la voluntad soberana del pueblo, decantada por mayoría de votos a travsé del sufragio universal. La concepción voluntarista de la ley, el sistema del sufragio universal como cauce de representación y la jdemocracia inorgánica, no tienen nada en absoluto que ver con el ordenamiento constitucional que descansa en los Principios.

El proyecto de reforma se halla en conflicto con la filosofía política del Estado que surgió en la Cruzada. Si el proyecto prospera por muchos y hábiles que aean los mecanismos correctores, lo que no podrá conseguirse, como no sea rechazándolo, es que el acatamiento a la ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, la unidad entre los hombres y las tierras, la subordinación al interés nacional de los intereses individuales y colectivos, la Monarquía tradicional, la representación orgánica,´ la justicia social, la función social del- trabajo, la iniciativa privada; la concepción comunitaria—en intereses y propósitos—de la empresa serán respetados por las decisiones soberanas de una mayoría, cuya voluntad puede manipularse en el caldo de cultivo, que es, para los grupos de presión, la democracia inorgánica.

Lealtad a Franco

De la Patria, como fundación, y del Estado al servicio de la misma, pasaremos; si la reforma se aprueba, a la comunidad política´ como fruto de un pacto, social, y al Estado como espectador o como subdito, aunque parezca paradoja, del partido más fuerte o de los partidos coaligantes.

Por nuestra lealtad al jueamento y a la obra de Franco, por nuestra inserción en la realidad española de nuestra época y por un entendimiento sin confusión de cuanto eee orden amiento constitucional permite, no sólo admitimos, sino que deseamos y queremos la reforma. Pero no precisamente esta reforma, porque esta reforma, tal y como la quiere el Gobierno, y tal y como la defiende la ponencia, no es de verdad una reforma: es una ruptura, aunque la ruptura quiera perfilarse ein violencia y desde la legalidad.

En su oposición al texto del proyecto de ley, el señor Blas Pinar López argumentó con citas y textos .de José Antonio, Balmes y Franco ´que preveía ya las consecuencias alarmantes y terribles del abandono de los Principios un año después de su muerte.

¿Quién autoriza a la ponencia a incluir ta ley de Principios en ia enumeración del artículo 10 de la ley de Sucesión? £1 que las Leyes Fundamentales se puedan modificar y derogar, y no los Principios, responde a la distinta naturaleza de aquéllas y de éstos. IMS Principio* y 1» ley que los recoge son algo así como lo subyacente a la Constitución, la filosofía política de un sistema determinado, la expresión -viva de las valencias que definen e Identifican a. una comunidad _concreta, y en este caso a España.

Por eso Franco, previendo la argumentación de la ponencia (risas) de que desde el punto de vista legal todae las leyes fundamentales tienen el mismo rango jurídico aseguraba que la ley de Principios "posee su propia singularidad" y con ella "un valor relevante". Y "esto es así—añadía—no porque los principios contenidos en dicha ley se declaren por su propia naturaleza permanentes • 1 n * Itera, bles", "cilio ponqué en ello* *« per. fila y descansa la estructura d« nuestro sistema político".

Refiriéndose a loe argumento» morales, manifestó que cuando s« juraban loa Principios se entendía que se juraba un orden constitucional sólo modificable en función de aquéllos. Está claro—añadió— que la modificación o derogación de los Principios sólo pueden realizarla aquellos que no log juraron.

En cuanto a su argumentación jurídica, dijo que eran nula* las leyes que vulneren o menoscaben los Principios según el artículo 59 de la ley Orgánica del Estado. Recordó que antes de someter a referéndum un proyecto de ley, el Jefe del Estado podrá recabar del Consejo Nacional ai existe o no contrafuera. La tesis de que la reforma se hace desde la legalidad se vuelve conntra la ponencia, puesto que, como hemos demostrado, la reforma que «e nos propone por el Gobierno es una ruptura con la propia legalidad.

Dirigiéndose al presidente de las Cortes, invitó al señor Fernández-Miranda a bajar al podio y demostrar al Pleno que es terquedad el decir que la reforma ee una ruptura con la legalidad.

Don José María Fernández de la Vega

Don José María Fernández de ta Vega y Sedaño, familiar por Toledo, después de una larga exposición, en la que pretendió demostrar que el proyecto desmonta y liquida al régimen existente, lo calificó de trasnochado, antisocial y reaccionario, disolvente, antihistórico y antinacional.

Se quejó de que se confundiera la prisa con la urgencia y acusó al Gobierno de arbitrismo al Imponer un tipo de votación y un procedimiento parlamentario que conduce a acabar con el régimen. "Entendemos—d i j o—que es inadmisible desguazar, por pura decisión del Gobierno y sus asesores inorgánicos, la constitución Ideológica de cuarenta años de historia."

Dijo que defendía al régimen por su saldo final; que no estaba cogido por la faja ni vinculado a nada; incluso estamos, con la oposición tradicional, en la exigencia de responsabilidad por delitos económicos que deben ser juzgados en el banquillo de los acusados. "Que -los tribunales—puntualizó— comiencen la revisión de los escándalos, y se empiece por Matesa, por los aceites de Redondela, el gas natural o la Lockheed. Nos entristece el espectáculo de antiguos camaradas y viejos maestros que atolondrada y. precipitadamente están quitándose las caretas y dejando testimonio de su propia inconsecuencia.

Acusó a quienes sostienen publicaciones marxistas y, al mismo tiempo, han puesto a buen recaudo, fuera de las fronteras, la escalofriante cifra de un billón de pesetas. Acusamos, dijo, a los responsables del control nacional ai no saben poner fin a esta traición.

Tres posibilidades se abrían al desarrollo político de España: una evolución, basada en la autenticidad perfeccionadora del sistema; la reforma política, entendida como propósito de introducir en nuestra Constitución elementos "ex novo", reforzando la participación por la vía inorgánica; la ruptura como expresión de la repulsa al contenido ideológico del régimen.

Concluyó con estas palabras: "Recapaciten sus señorías en el gravísimo riesgo que comporta este proceso liquidatorio de las instituciones. ¿Qué garantías nos ofrecen de que la liquidación institucional no alcance al símbolo mismo del Estado? ¿Dónde termina un proceso constituyente que, al barrer al franquismo, deja a la Corona sin su más sólido soporte?"

Discurso de don Fernando Suárez en defensa del informe de la ponencia

Durante los días últimos he abrigado la esperanza de que este debate sobre enmiendas a la totalidad pudiera no llegar a plantearse. Imaginaba yo que los señores enmendantes, a la vista de que la inmensa mayoría de la Cámara aceptaba la conveniencia de una reforma—convicción a la que llegó

la ponencia tan pronto examinó todas las enmiendas presentadas—, y a la vista de las argumentaciones expuestas en nuestro dictamen, revisarían acaso su ponto de vista, como lo ha hecho el señor Escudero Rueda que, sin renunciar en absoluto a sus respetables pretensiones, comprende que no puede condicionar a ellas el objetivo entero de la reforma. Vaya por delante la afirmación de que el proyecto de ley para la reform política no concuenda, efectivamente, con algunos preceptos de nuestro actual ordenamiento constitucional, y tan no concuerda, que lo que pretende es, justamente, modificarlos para el futuro.

Consiguientemente, el primer problema que nos plantean los señores procuradores enmendantes es un problema jurídico-constitucional: ¿Se pueden o no se pueden modificar las Leyes Fundamentales españolas?

Si- se pueden modificar, no es lícito hablar de violación de las mismas, salvo que por violación se entienda cualquier modificación de leyes anteriores, o bien que la violación consista en la inobservancia de los procedimientos previstos para tal innovación.

Que e! primer supuesto está fuera de la lógica, no requiere la menor demostración. Y que el procedimiento previsto para ía modificación de nuestras Leyes Fundamentales está siendo exquisitamente ... observado, es algo de lo que vuestras señorías y España entera son testigos presenciales. LA LEY DE PRINCIPIOS DEL MOVIMIENTO NACIONAL

Los señores Pinar López y Fernández ile la Vega no han discutido la modificabilidad de las Leye» Fundamentales ni la irreprochabi-lidad del procedimiento que m «stá siguiendo para ello. Su tesis «e basa, como te bien notorio, «n la distinción—que ello* defienden como trascendental—entre 1» ley

DEBATE DE LA REFORMA

Lo normal es que el cambio histórico penetre en la Constitución tan sólo por el procedimiento especial de revisión previsto por ella misma. Y en eso precisamente estamos (señor Suárez González)

de Principios del Movimiento Na cional y las demás Leyes Funda mentales del Reino, de modo que aceptando que éstas pueden sei alteradas, consideran que tales al teracidnes tienen un límite insal vable, determinado por los Principios. De donde resultaría que nc sólo no pueden modificarse los Principios, declarados permanen "tes e inalterables, sino que tampoco cabe la modificación de los preceptos de las restantes Leyes Fundamentales que tengan su respaldo en los propios Principios.

La ponencia no ignora que uns tesis semejante ha sido defendida antes de ahora por muy ilustres comentaristas de nuestra Constitución, según los cuales las disposiciones intangibles son frecuentes en el Derecho Constitucional comparado, constituyendo límites explícitos a la revisión constitucional. Pero la ponencia sabe también —y está convencida de que no lo Ignoran los señores procuradores enmendantes—que ni esa "interpretación ha sido nunca compartida por la totalidad de la doctrina española ni faltan las críticas en otros países a los preceptos que pudiéramos considerar semejantes de las Constituciones extranjeras, Y hasta tal punto es esto así que incluso .el más caracterizado de los c o n s titucionalistas españoles, cuyo "testimonio pueden aducir loa señores enmendantes, no deja de reconocer que "cuando se promulgó la ley de Principios del Movimiento, suscitó cierta extrañeza y aun escándalo esta cláusula de irreformabilidad".

Desde Jefferson, para quien ninguna sociedad puede hacer constitución >J ley alguna perpetuas, porque la tierra pertenece siempre a la generación viviente, hasta •Pergolesi, para quien resultaría antihistórico pretender cristalizar en fórmulas jurídicas la vida política en continua evorución; desde Burke para quien «na Constitución sin posibilidades de transformarse es una Constitución sin po-eildilidades de existencia, hasta Biscaretti di Ruffia, para quien resulta inadmisible que un órgano con poder normativo niegue a sus sucesores, dotados del mismo poder normativo, el poder de modificar sus prescripciones, lo normal es que se piense en encontrar \in sistema que proteja por igual contra la extrema facilidad y contra la exagerada dificultad de modificación.

Sirva de síntesis el testimonio de Pérez Serrano, que, como bien sabe VV. SS., criticó la propensión española a no consignar en las constituciones un procedimiento específico para su reforma, pretendiendo así que no hubiera modificación posible. "En vez de Constitución rígida, que permite variación, aunque la dificulta—escribió Pérez Serrano—, habría una Constitución pétrea, de granito, Irreformable para siempre. Y sin embargo, como no se concibe una ley, ni siquiera la Constitución, que vincule a perpetuidad, el resultado era todo lo contrario de lo pretendido." "Un exceso de habilidad política puede convertirse en una gran torpeza."

EL PROCEDIMIENTO DE REVISIÓN

Lo normal es, pues, que el cambio histórico penetre en la Constitución tan sólo por el procedimiento especial de revisión previsto por ella misma. Y en eso precisamente estamos.

Aun a riesgo ´ de cansar a los Señores procuradores, tengo necesariamente que entrar en la pormenorizada demostración de que la ley de Principios del Movimiento Nacional tiene en nuestro ordenamiento el mismo ramo que las demás Leyes Fundamentales y puede, consiguientemente, ser modificada, e incluso derogada, por el mismo procedimiento que se establece para las demás.

En primer lugar, es la misma ley de Principios del Movimiento la que se autocalifica como fundamental, y si en la ley de Sucesión está expresamente admitido. que las Leyes Fundamentales—no sólo las que en aquel momento se declaran tales, sino también "cualquiera otra que en lo sucesivo se promulgue confiriéndola tal rango"—pueden ser derogadas o modificadas, es evidente que al calificar la ley de.Principios como Ley Fundamental se la está definiendo como ley modificable.

Piénsese, en segundo término, fltie ia pretensión de que la ley de PriBclptos del Movimiento sea de rango superior a las restantes, es decir, tenga una jerarquía tal que i» teponga incluso a las demás

Leyes Fundaméntale^, no está consignada en precepto alguno de nuestro ordenamiento, siendo, por el contrario, Teiteradisima la asimilación a ellas. Basta leer los artículos 6, 19, 23 y 59 de la ley Orgánica del Estado para comprobar que en todos ellos se alude a los Principios del Movimiento y demás Leyes Fundamentales del Reino, sin que entre ellas se establezca ninguna suerte de jerarqui-zación, como no sea la simple mención especial de la que está considerada como síntesis. Una prueba de la imposibilidad de establecer una distinción entre la ley de Principios y -el resto de las Leyes Fundamentales -y de que, por el contrario, todas ellas constituyen un bloque legal del mismo rango la constituye el decreto de 20 de abril de 1967, que, con las históricas firmas de Francisco Franco y de Luis Carrero Blanco, aprueba los textos refundidos de las Leyes Fundamentales del Reino. Entre ellas se incluye, en primer lugar,

la ley de Principios del Movimiento Nacional, sin que la parte dispositiva de la norma que aprueba la refundición establezca de manera alguna un distingo entre esa ley y las demás.

Pero es que, en tercer lugar, para consagrar debidamente el rango de super Ley Fundamental a favor de lar ley de Principios, hubiera sido preciso configurar el recurso de contrafuero no sólo frente a los actos legislativos o disposiciones generales del Gobierno que vulneren los Principios del Movimiento Nacional o las demás Leyes Fundamentales del Reino, sino incluso contra cualquier hipotética Ley Fundamental futura que no resultara concordante con dichos Principios. Y eso no cabe de ninguna manera en nuestro .ordenamiento, porque nuestro ordena-miento no es absurdo, y si admite que las Leyes Fundamentales se modifiquen, no puede a continuación convertirse en cpntrafueros las modificaciones de ios Fueros.

ptra manera, el -primer mensaje de la Corona muestra su afán de integrar a todos los españoles y a todos epnvoea para el servicio de España. ´;Que todos entiendan con géneros´dad y altura de miras —dice— que nuestro futuro se basará en un efectivo consenso de concordia nacional." "Que nadie espere una ventaja o un prinvile-gio. Juntos podremos hacerlo todo si a todos damos su justa oportunidad." "X,a Patria es una empresa colectiva que a todos compete; e u fortaleza y su grandeza deben de apoyarse por ello en la voluntad manifiesta de cuantos la integrarnos." "Una sociedad libre y moderna requiere la participación de todos en los foros de decisión...; hacer cada día más c´erta y eficaz esa participación debe ser una empresa- comunitaria y una tarea de Gobierno."

Son estas palabras del mensaje de la Corona, tan esperanzadoramente recibido por todos los españoles, las que promueven una reforma de nuestras instituciones. Y debe ser el pueblo—y nadie más que el pueblo—quien responda al nuevo Jefe del Estado, a nuestro Rey don Juan Carlos, si desea que la legalidad constitucional se mantenga tal y como la recibió, o si ^prefiere qite´feea modificada m Vi

sentido de este proyecto de ley El Gobierno ha instrumentado el procedimiento para convocar a pueblo a una .tarea de protagonis rno y solidaridad, y—como ha dicho el presidente Suárez—lo hac« del modo más racional y democrático: dando la palabra al pueblo español. Porque, para saber lo que pien?a de estos temas el pueblo español, no hay nada como preguntárselo.

Por eso la ponencia que dictaminó este proyecto no ha podido entender que los señores enmendantes traten de impedir el pronunciamiento de la nación. La ponencia entiende muy bien, por el contrario, que los señores Pinar López y Fernández de la Vega —como sin duda otros señores procuradores—prefieran la legalidad vigente a la legalidad que se propone, Ante tal preferencia los po* nentes se inclinan con respeto comprendiendo muy bien sus argumentos en favor de la democracia orgánica. Pero con esta ley no estamos prejuzgando ningún resultado, sino transfiriendo a los españoles la responsabilidad de decidir su futuro. Es sumamente justo y democrático que los¿ señore» Pinar López y -Fernández de la

(Continúa en pag.siguiente)

Una ley Fundamental no puede incurrir en contrafuero

Por eso precisamente el artículo 65 de la ley ^Orgánica—que exige al Consejo Nacional manifestar si aprecia motivo de contrafuero en Ion proyectos o proposiciones de ley elaborados por. las Cortes, antes de que el Jefe del Estado los someta-a referéndum—sólo puede tener aplicación en los supuestos de Leyes no Fundamentales, puesto que cualquier innovación importante de tas Fundamentales, aun siendo perfectametne legítima, vulneraria de algún modo las anteriores y constituiría siempre materia de contrafuero. De donde es perfectamente lícito concluir que por modificar mediante ley Fundamental cualquiera de las Leyes Fundamentales «qterioTesr—Ineliti-da la de Principios del Movimiento ^racional—no hay posibilidad´de que se ejerza el recurso de contrafuero.

Por todo este cúmulo de razones, los defensores de la intángibilidad de los Principios tienen que pasar a sostener que lo mmodificable no es, en rigor, la ley, sino los Principios que la ley contiene. Pero no dejará de admitirse que si la ley puede modificarse, la declaración de permanencia e inalterabilidad que en ella se consigna puede, naturalmente, ser el objeto de esa modificación. Salvo que se acepte, claro es que los Principios del Movimiento son p e r m a nenies e inalterables no tanto porque una .ley Fundamental lo haya declarado así, sino por su propia naturaleza.

Pues bien: me atrevo a asegurar que no hay metafísico en el mundo decidido a sostener que una ley humana pueda ser inalterable por su propia naturaleza.

LAS LEYES REGULAN LA CONVIVENCIA ENTRE LOS HOMBRES

Las leyes sirven para regular la convivencia entre los hombres. Y es justamente la propia naturaleza del hombre la que exige inexcusablemente la libertad y, consiguientemente, e! no sometimiento a leyes positivas inmutables. Porque el hombre, además de naturaleza, es historia.

Pueden estar tranquilos los señores procuradores enmendantes. Porque una de dos: o de verdad los Principios son inmutables por su naturaleza, en cuyo caso ninguna ley va a. conseguir que se alteren, o ai, efectivamente, el pueblo español decide introducir modificaciones en alguno, de ellos y lo consigue con su sola declaración de voluntad, deberán desaparecer los escrúpulos de los enmendantes, porque quedará paladinamente demostrado que su permanencia e inalterabilidad no procedía de su natularezá. ^

El señor Pinar López nos ha explicado que la ley de Principios entiende el Movimiento como comunión de los españoles en los ideales que dieron vida a la Cruzada. Es absolutamente cierto. Pero no es menos cierto que el artículo cuarto de la ley Orgánica del Estado asegura que el orden político está abierto a la totalidad de los españoles. Sería, pues, preciso demostrar que entre los ideales que dieron vida a la.

Cruzada figuraba como dogma el de la representación orgánica y demostrar a continuación que, colocado ese dogma como premisa de cualquier participación, el orden político puede estar abierto a todos los españoles. Creo que es demasiado trascendental el espíritu de la Cruzada como para que haya de incluirse necesariamente en él la defensa de la representación familiar, municipal y sindical. Y, en todo caso, creo firmemente que si cuando la Patria convoca a todos los ciudadanos a servirla bajo las armas lo hace con independencia de que sean o no partidarios de la democracia orgánica, cuando el Rey quiere ser—como tiene que ser—defensor de las libertades de todos los españoles, mal puede condicionar esas libertades a que acepten previamente un determinado sistema, cuando menos discutible, de representación pública,

La voluntad de la nación no puede ser suplantada iii^n IICILVJ iiri.in_u vil; aiiipuiiyi algo que no creyera ampliamente compartido y respecto de lo cual no intuyera que iba a provocar el consenso mayoritario de los españoles. Ahí está para demostrarlo el preámbulo de la ley de Referéndum Nacional, instituido para gafantizar que en los asuntos de mayor trascendencia la voluntad de la nación no pueda ser suplantada por el juicio subjetivo de sus mandatarios. Ahí está el articulo 65 de la ley Orgánica del Estado, en el que la voluntad de la nación se erige en instancia máxima de la soberanía, al afirmar que la aprobación >íe una ley mediante referéndum impide toda posibilidad de contrafuero. Y ahí están sus propias palabras cu´suiilo se dirigió a su pueblo—pronto hará diez años—para pedirle que rarificara la Ley Orgánica: "Me bas-taba-i-dijo-~el derecho del que salva a una sociedad y la potestad que me conceden las leyes para la promulgación de la ley que tantos beneficios ha de proporcionar a´la nación, pero, en bieii del futuro, creo necesario que os responsabilicéis con su refrendo, recogiendo y reteniendo en vuestra» manos la seguridad de vuestro futuro, y que para modificarla o alterarla en el porvenir haya que acudir nuevamente a vuestro refrendo. Yo no puedo ir más allá de lo que Dios me conceda de vida útil; las leyes, sin embargo, contemplan y aseguran e! más allá, entregando a los españoles la garantía de su porvenir."

Franco sabía, señores, procuradores, que lo único inmutable es la Verdad, con mayúscula, y no pudo pensar en dar Una ley "clavada en los altos cielos de lo eterno", para que desde su propia rigidez presidiera ia conducta moral y política de los españoles hasta la consumación de los siglos.

Por lo demás, el -señor Pinar López está en su derecho de mantener su peculiar entendimiento de los juramentos y las fidelidades. La nuestra es plena y absoluta como "lo h´a sido siempre, a las Leyes Fundamentales, e incluye, naturalmente, el respeto al procedí m i e n t o para su modificación.

UNA NUEVA ETAPA DE LA HISTORIA.DE ESPAÑA

instaurada la Monarquía en la persona de Su Majestad el Rey don- Juan´ Carlos I, se abre una nueva etapa de la historia de España. Y, como «o podía ser d»

LA REFORMA POLÍTICA

(Viene de te página anterior)

Vega traten de convencer a sus compatriotas de que voten negativamente y traten de convertir los votos negativos del próximo referéndum en un plebiscito a favor de la democracia .orgánica. Pero no me parece coherente intentar ponvencer a los españoles de que ffe que no se les pregunte. Porque fcl votar aquí en contra de esta ley no se está decidiendo en contra ¿e la democracia inorgánica. Se está, decidiendo que no se consulte al pueblo la democracia que prefiere. Y una cosa es no estar de acuerdo con esta ley y otra muy diversa no permitir que tea el pueblo el que se pronuncie.

UNA REFLEXIÓN Y UN RUEGO

Por eso quiero terminar mi intervención en este debate de totalidad proponiendo a vuestras mtt-fíorias un punto de reflexión y haciéndoos « la vez un ruego encarecido:

La reflexión ea la siguiente: no >4e trata de que votéis a favor o en «o n t r a de la democracia orgánica o de la representación mediante el sufragio universal. El momento de adoptar tal decisión íerá precisamente el referéndum. Mediten vuestras señorías en la diferencia qu« existe entre votat no * la reforma y rotar no a que se´ consulte a la nación. Ahora ce os pide «ólo un voto favorable, justamente para pasar al referéndum y para que «ea el pueblo español eí que diga la última palabra. Quien tenga confianza en que tus deseos coinciden con los del pueblo ´no debe poner reparos a que aquél «e manifieste. Y quien (líense que los deseos del pueblo no van a coincidir con los suyos, dudo que pueda invocar otras instancias desde las que argumentar •u decisión.

Si el pueblo desea el tránsito pacífico de la presente situación a una situación nueva, ésta será la primera vez—como se ha recordado agudamente en estos días— que una Constitución española «e reforma por los procedimientos previstos en la misma y "sin romper un plato" ¡ como se ha dicho, también, con buen humor. Este he-«IK^lS^-*i*r;*Wíay ha de. quedar sonslgnado entre las páginas decisivas de la vida española, será—por mucho que se intente falsearlo— uno de los mayores méritos de la. etapa histórica que estamos culminando. Y´ sería empequeñecer 6se mérito resistirse a que el régimen p´ase a la historia como el primero que logra situar a loa españoles en el nivel social; cultural, económico y político que hace posible la consolidación de una plena democracia.

Y finalmente un ruego que «urge de lo más profundo 4e mi corazón: que si algunos o muchos procuradores votan globalmente en contra de esta ley, tengan la elemental coherencia histórica de no atribuir su voto a un determinado entendimiento de la lealtad a Franco. Porque eso equivaldría a intentar el monopolio de una figura que, por ser de la historia de España, es de todos nosotros. Eso equivaldría a desfigurar la grandeza de un magistrado egregio que sistemáticamente proclamó su fe en la capacidad política de los españoles y su absoluta confianza en el pueblo, al que acudió precisamente para adoptar las grandes decisiones, atribuyendo con insistente reiteración muchos de nuestros males al secuestro de la voluntad nacional por la de sus clases dirigentes.´ Negar al pueblo la posibilidad de decidir en este asunto se podrá hacer desde las propias Instancias personales, pero no debiera hacerse invocando el nombre insigne de Francisco Franco.

Réplicas a la ponencia

Después de concluir el te fi o r Buárez Go´nzález (don Fernando), el presidente concedió un pequeño descanso. Reanudada la sesión, hizo uso .de réplica el señor Pinar Ijópez, quien manteniendo sus tesis rebatió la acusación del ponente fle que quien vota contra la ley •e opone al arbitraje del pueblo. No pretendemos escamotear el pronunciamiento del pueblo. Hubiéramos querido que en un plebiscito se le preguntara al pueblo si desea la democracia orgánica o la inorgánica, y desearíamos que pronto hubiera unas Cortes Constituyentes, que acabaran, de una vez por todas, con esta farsa estúpida de la reforma democrática. El señor Fernández de la Vegaa pidió al Gobierno que dimitiera y no presidiera el proceso electoral. Se reafirmó también en sus anteriores argumentos.

Respuesta de la ponencia

El ponente señor Suárez González dijo- que no ponía en duda Ja libertad de los procuradores, y que sólo se había referido a la actitud de loa enmendantes que piden la devolución del proyecto, que se limita a proponer tina consulta al país, «in prejuzgar la voluntad constituyente que surja de las nuevas Cortes.

Precisamente, porque nuestra Constitución no permite un plebiccito, «1 Gobierno ha tenido que limitarse a ofrecer en un texto legal loa procedimientos básicos para iniciar la anda•itaca. Insistió en que si ios Principios del Movimiento fueron los de FET . y de las JONS, desde 1937 a 1958, en este último año el propio Franco los modificó, y ahora esta ley pretende modificar los Principios del Movimiento, pero sólo ea cuanto al sistema de representación política, pues todo lo demás, queda vigente. Pido que se vote no a las enmiendas a la totalidad.

A. las nueve menos cuarto de la noche se levantó la sesión, para continuarla hoy a las diez de. la mañana, con la intervención de los enmendantes ai articulado.

 

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