Autor: Delgado, Alberto. 
   ¡Bien, majo!     
 
 Arriba.    17/11/1976.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

¡BIEN, MAJO!

El nombre de Adolfo Muñoz Alonso se escuchó ayer ante un hemiciclo abarrotado de Procuradores. Fue Fernando Suárez, en su difícil papel de ponente, encargado de responder a los enmendantes a la tota, lidad, el que recordó la figura de este ilustre parlamentario. Si Adolfo, desde los´cielos, asistió a este debate que y» entraba en la historia del Parlamento español, y que puede ser un hito en el futuro constitucional del país, habría aplaudido con sonrisa indulgente a Fernando Suárez, diciendo con su frase habitual: «¡Bien, majo!»

Parque la verdad es que Fernando Suárez tuvo ayer un papel muy difícil. Ya había abierto el fuego por la Ponencia Miguel Primo de Rivera en su primera actuación ante el Pleno, ,eon un discurso ponderado y abierto. Heno de responsabilidad y mosíránd ?e más maduro que en otras ocasiones, cuando actuaba en las Comisiones Legislativas. Lo que Miguel Pruno de Rivera vino a hacer ante una Cámara expectante es llamar a la cordura de los Procuradores, a su realismo, pidiendo que sin olvidar el pasado se mirara hacia el futuro, pidiendo que en esta "hora de la consulta" fuera el pueblo español el que decidiera la opción posible entre la» varias que se presentan rara decidir la forma cons, titucional del futuro. Entre las tres posturas, inmovilismo, evolución o ruptura, Miguel Primo de Rivera, en nombre de ¡a Ponencia, escogió la intermedia, insistió en que sin renegar de la lealtad al pa. sado, había que entrar en el futuro, con optimismo lúcido y con la obligada lealtad al presente y al futuro.

En las enmiendas a la totalidad, don Blas Pinar mostró una vez más, sus indudables cualidades de orador y parlamentario. No sabemos si. don Blas Pinar habla como lee o lee como habla, pero el caso es que tiene la virtud de provocar la atención y el ´ silencio entre quienes le escuchan. Su tests fue un desarrollo de la expresado por escrito a la hora de presentar la enmienda a la totalidad. Su tesis era de pura oposición a este proyecto de ley y a la reforma. Y ello por una serie de argumentos, pero, principalmente, porqué, a juicio de don Blas Pinar, ios Principios Fundamentales del Movimiento son inalterables y el proyecto de reforma que se debate se halla en contradicción con la ley de Principios y en conflicto con la filosofía política del actual Estado español. Con una oratoria en que las palabras parecían látigos, fustigó la tesis .de la Ponencia e insistió en que la reforma que ahora se propone es iiiviable porque vulnera los Principios. A estos argumentos, don Blas Pinar añadió el valor y alcance del juramento de los Procuradores. Y hasta hizo una especie de invitación-desafío al Presidente de las Cortes, en base a unas declaraciones recientes del señor Fernández-Miranda de elogio al cambio y a la forma ´en que se realiza, dicíéndole que bajara de su escaño para litigar sobre la legalidad o ilegalidad de la reforma. No hubo respuesta, porque en todo momento el Presidente de las Cortes estuvo prudente, moderado j en su papel.

Sí tuvo respuesta en Fernando Suárez, que, con argumentos filosóficos, constitucionales y de todo tipo, se empeñó en demostrar que las Leyes Fundamentales pueden modificarse, siempre que se haga con arreglo a las propias normas que las leyes establecen. "Me atrevo a asegurar que no hay metafíslco en el mundo decidido a sostener que una ley humana pueda ser inalterable por su propia naturaleza", dijo en respuesta a don Blas Pinar. E insistió en que los Principios del Movimiento son prácticamente inalterables mientras no se sometan al refrendo nacional con resultado negativo, recordando en este punto a Adolfo Muñoz Alonso. Pero, además, Fernanda Suárez Insistió en que jamás trat>* Franco de imponer algo que no creyera ampliamente compartido y, respecto a lo cual, no intuyera que iba a provocar el consenso mayoritarío de los españoles.

"Franco sabía que lo único inmutable es la Verdad con mayúscula, y no pudo pensar en dejar una ley clavada en los altos cielos de lo eterno." Por ser fieles ai mensaje det Caudillo tenemos que prestar al Rey idéntico apoyo y colaboración, y no podemos ser obstáculo para que el Rey consulte a todo su pueblo el modo mejor y más seguro de perseverar en la unidad y en la paz. Y la tesis de Fernando Suárez se sintetiza en la siguiente frase: "Es a los españoles, y sólo a los españoles, a quienes corresponde la decisión de cualquier modificación a tales Principios." Es decir, que debe ser el pueblo el que exprese su libre voluntad.

El señor Fernández de la Vega tuvo una actuación decididamente contraria al proyecto, manejando adjetivos a veces muy duros en contra de la reforma, del proyecto y del informe de la Ponencia. El señor Fernández de la Vega calificó al proyecto, entre otras lindezas de trasnochado, antisocial y reaccionario, disolvente, antihistórico y antinacional. Nada más y nada menos que eso.

En el turno de réplicas puede decirse que ¡as posiciones se mantuvieron inalterables. Con arreglo a la nueva normativa de tramitación las espadas quedan en alto para pasarse a otro capitulo, e] de las enmiendas al articulado, a partir de las diez de esta mañana. Por lo pronto, ha habido un debate de altura sobre los temas generales de un proyecto de ley del que todavía ha de hablarse largo y tendido en los próximos días.

Alberto DELGADO

Miércoles 17 noviembre 1976

Arriba 11

 

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