Autor: Greciet, Esteban. 
 Debate. 
 Don Torcuato, la calle y el tiempo     
 
 Arriba.    16/11/1976.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

DON TORCUATO, LA CALLE Y EL TIEMPO

Por Esteban GRECIET

~1 L vé-gimen político inglés, paradigma prime^ ro y principal en punto a sistemas parla

mentarios~de Gobierno, fue del absolutismo la monarquía constitucional a través de la

lutocracia sin especiales traumas. Pero lo hizo tirante siglos, en un proceso a «cámara lenta»

-nunca mejor dicho— que comenzó en el 1215 on !a Carta Magna de Juan Sin Tierra. Para

.esotros, qvie tenemos una historia constitucio al tan ajetreada, los días cuentan.

Las Cortes se enfrentan ahora con el proyecto le ley de Reforma Política, para el que regirá o el Pleno en procedimiento de urgencia, atemado por disposiciones del Presidente. Y uno ;stima que si el proyecto sale de esta prueba de üego sin modificaciones sustanciales se habrá jasado el Rtibicón del proceso democratizados

Nuestro caso no admite apurar el paralelismo ;on c! ingiás. E! tránsito de un régimen de au"oridad personal, nacido en especiales circunstancias, hacia una democracia de corte occidental se lleva por el Gobierno según un delicado mecanismo de precisión que, pese a todos los oleajes, ha funcionado hasta ahora. Las Cortes no son aún un Parlamento en sentido estricto. &} Gobierno actual tampoco es, por otra parte, smanación de la Cámara. Al no existir, pues, un mutuo control e interdependencia, la relatión Cortes-Gobierno está de algún modo des(pmpensada.

Con instituciones arbitradas para un régimen (te corte diferente, el tiempo en contra y la hostilidad de los extremismos, da la impresión. an embargo, que la actitud del ejecutivo ha ganado -la adhesión del hombre medio. Lo dicen ´as encuestas. La calle espera que las Cortes iprueben el proyecto, Y esto es lo que nos hace pensar que, pese a todas las dificultades, el Gobierno no está verdaderamente atrapado como pretende el sensacionalismo político tan en boga.

El normal Juan Español es pragmático, posi-bilista y sabe que es arriesgada conformarse con el todo o nada. Es él mismo, el pueblo español, el que está en el filo de la navaja, no nos engañemos. Mas, como todas las situaciones de equilibrio, hay que resolverlas con entrenamiento —del que carecemos— o con rapidez. Los ingleses cuentan siempre con su experiencia; nosotros, con la intuición de que no hay parada posible si, como los ciclistas, queremos no caer a un lado u otro.

El defecto esencial de todos los Parlamentos, ya lo dice Duverger; no es la precipitación, sino la lentitud. Pero el procedimiento de urgencia, inventado por el Gobierno anterior, acaso era un arma de dos filos y consolidaba una cierta prepotencia gubernamental con sus limitaciones por las que la intervención de los Procuradores en el Pleno se sometía a un estrecho mareaje.

E] entronque, pues, de una institución necesariamente rígida con un Gobierno de iniciativa ha de fiexibilizarse para hacer factible e) juego político dé reparar un tren en marcha. Y aquí entra !a figura clave de nuestro «speaker» par. ticular, don Torcuato, el hábil, erudito y aún mágico profesor, quien va a tener la llave maestra del procedimiento con su discrecionalidad. ¿Triunfará la Reforma gracias a él?

La urgencia no es en esto solamente una palabra o una norma funcional, sino algo que apunta a la necesidad de clarificación que siente el país real antes de que haya que repetir con verdad aquella expresión, tan acertada como melancólica, de que nos ha devorado, el tiempo.

 

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