Autor: Santín, Enrique. 
   La hora de la democracia     
 
 Pueblo.    16/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

La hora de la democracia

HOY las Cortes Españolas t i e-nen una importante cita con la his-toria y con el pueblo español. En el reloj de nuestra vida poli-tica parece haber sor nado ya con especial resonancia la hora de la democracia.

Se trata de dar satisfacción a una aspiración y anhelo mayo ritarios de nuestra sociedad. En efecto, la sociedad española, una vez superado el subdesa-rroUsL económií¡o» social y cultural, i-ei-vindica en la hora presente, con entera justicia, el pleno reconocimiento de su mayoría de edad política, exenta de tutelas innecesarias y de oráculos que hablen en nombre del pueblo sin que éste se ´haya pronunciado libre y democráticamente.

La alternativa consiste en que el pueblo español recupere o no la voz y el protagonismo politi eos que le pertenecen y corres p o n d e n. Negarle al pueblo el derecho inalienable a regir su destino, equivale a secuestrar su voluntad, adueñarse de su futuro y perpetuar su situación de minoridad.

Dar la palabra al pueblo exige la creación de unas Cortes elegidas ñor sufragio universal, directo y secreto. De ahi que todo procedimi e n t o que conduzca a ese resultado reviste un indiscutible carácter democrático.

Y ahí radica la médula del proyecto de ley de Reforma Política remitido por el Gobierno a las Cortes, En él no se contiene ni propone ninguna Reforma Política en concreto. Se instrumenta el cauce jurídico formal para que sean las nuevas Cortes, nacidas del sufragio universal y dotadas de una representatividad no presunta, sino legitimada por el voto, las que con facultades constituyentes configuren la nueva realidad política" ´de la vida española.

En la letra y, sobre todo, en el espíritu de ese proyecto de ley, late el ideal que anima a la Corona y que queda perfectamente reflejado en las´palabras "dé Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I el pasado 2 de junio anje uno de los foros de mayor reso n a n c i a mundial. En aquella excepcional ocas i ó n nuestro Soberano afirmó: «La Monarquía hará que bajo los principios de la democracia, se mantengan en España la paz social y la estabilidad política, a la vez que se asegure el acceso ordenado al Poder de las distintas alternativas de Gobierno, según los deseos del pueblo .15-brem ente expresados.»

Estamos, pues, como diio el presidente del Gobierno, en la recta final del proceso democratizador de nuestra sociedad. No caben ya las posturas reticentes que se empecinen en negarle a nuestro pueblo su capacidad para organizar una convivencia civilizada y pacífica. Ello no quiere decir que la democracia ahuyente, sin más, todo peligro, riesgo o conflicto. Fundamentalmente postula el rechazo de la violencia como método para resolver las discrepancias políticas, instaura 1 a soberanía popular como principio legitimador de toda decisión que afecte a la comunidad´, y ofrece alternativas y opciones de poder a la libre elección de los ciudadanos.

Finalmente, puede afirmarse que la regla de oro de toda convivencia d e m o-crática reside más que en la afirmación de la libertad propia, en el respeto debido a la libertad de los demás. Obse r v a d o escruoulosamente este principio, la sociedad alcanza, sin duda, su grado óptimo de perfeccionamiento y desarrollo.

Ante el nuevo horizonte democrático que se abre para nuestro pueblo, éste se constituye en la suprema instancia y la decisión xíítima de su futuro político.

Enrique SANTIN

 

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